Una palizota ejemplar
La Justicia federal de CABA dictó la semana pasada la esperada sentencia en el juicio oral y público a los imputados que quedaban en la causa "Sueños Compartidos", un programa de construcción de viviendas "sociales" ideado en tiempos del kirchnerismo y que acabó convirtiéndose -quién iba a imaginarlo- en un negocio multimillonario y redondo para aliados y amigos.
El Chaco fue parte de aquella historia, que llegó a un veredicto quince años después de iniciadas las acciones penales. El final es casi una broma de mal gusto: desvíos de fondos públicos por unos 60 millones de dólares acabaron siendo castigados con penas inferiores a los 3 años de prisión, es decir condenas "en suspenso" que no implicarán cárcel para ninguno de los responsables de semejante perjuicio al Estado.
El origen
"Sueños…" nació en la presidencia de Néstor Kirchner. El gobierno le entregó a la Fundación Madres de Plaza de Mayo el manejo discrecional de un programa habitacional de fines supuestamente sociales que, en los hechos, fue la asignación casi incontrolada de fondos, los que, en teoría, se iban a volcar a la construcción de casas en distintas jurisdicciones. El Chaco, gobernado entonces por Jorge Capitanich, fue una de las elegidas.
Aquí el núcleo central del programa fue un fugaz idilio político de tres: Hebe de Bonafini, presidente de la FMPM; Sergio Schoklender como apoderado de la Fundación; y Emerenciano Sena en su rol de jefe de la organización piquetera que iba a tener a su cargo la ejecución local de las viviendas.
El 29 de mayo de 2008, el proyecto se presentó en sociedad con un acto que compartieron Bonafini, Schoklender, Sena y algunos funcionarios encabezados por Capitanich. Se anunció que la movida iba a permitir la construcción de 500 viviendas. Pero hacia finales de ese mismo año iba a estallar la relación del tridente, con acusaciones cruzadas de manejos irregulares de fondos, explotación laboral y amenazas. Hasta hubo un cruce de disparos de armas de fuego en el sur de Resistencia, entre matones supuestamente enviados por Schoklender y los equipos técnicos que habitualmente rodeaban a Sena.
Como se sabe, la parte chaqueña del proyecto continuó adelante con los replanteos propios que impuso semejante ruptura y empujado con apoyo provincial, dando origen a lo que sería el Barrio Emerenciano.
Sospechas
Entre 2008 y 2011, el Estado derramó unos 700 millones de pesos en "Sueños Compartidos". El dinero se transfería a la Fundación de Bonafini y lo gerenciaba Schoklender, secundado por su hermano Pablo. Ambos, como se sabe, cumplieron condena en su momento por haber asesinado a sus padres.
El programa fue levantando sospechas, y se abrió la causa penal que llegó a la audiencia final de la semana pasada. La instrucción estuvo a cargo de uno de los magistrados más sospechados de la historia reciente, el ya fallecido Norberto Oyarbide. En el trayecto del expediente varias imputaciones fueron cayendo, como por ejemplo a los gobernadores que (como Capitanich) habían firmado los convenios de ejecución en las provincias, más algunos intendentes. Se interpretó que solo habían presentado un aval oficial al programa, pero que todo el circuito financiero se definía entre Bonafini-Schoklender y los operadores locales.
De acuerdo con la acusación fiscal, de esos 700 millones se desviaron aproximadamente 206 millones. Hoy es una cifra que impresiona, pero en los años de los que hablamos eran una masa dineraria de mucho mayor peso. Al tipo de cambio promedio del período mencionado antes, fueron entre 50 y 60 millones de dólares. Quizás expliquen algunos de los lujos de Schoklender, como la posesión de dos aviones privados, autos de altísima gama (entre ellos una Ferrari de medio millón de dólares), un yate, varias propiedades inmobiliarias.
La Justicia dictaminó que los recursos públicos que se asignaban a la organización de Bonafini (aliada incondicional de Néstor y Cristina) tenían un manejo irregular, sin controles adecuados, que facilitaron que Schoklender los desviara a una empresa privada, Meldorek, que controlaba él.
Estimulante
El fallo leído (en su parte resolutiva, los fundamentos aún no se difundieron) el lunes pasado condenó finalmente a cuatro personas por los delitos cometidos en el programa de viviendas. Son el exsecretario de Obras Públicas José López (inmortalizado por el video que lo registró lanzando bolsos con millones de dólares a un convento en plena noche), el exsubsecretario de Obras Públicas Abel Fatala, Sergio Schoklender y su hermano Pablo. Julio De Vido, quien todavía estaba enganchado a la causa, fue sobreseído, al igual que otras cuatro personas imputadas.
Las penas fijadas para López, Fatala y los Schoklender oscilan entre los dos años y cuatro meses de cárcel, y los dos años y nueve meses. Al no superar la línea de los tres años, son condenas "en suspenso", es decir sin cumplimiento en prisión. Más que un fallo ejemplarizado es todo un estímulo al saqueo del Estado. Robarle fortunas al tesoro público sale prácticamente gratis.
En los 80’s, el cómico televisivo Juan Carlos Calabró protagonizaba un sketch semanal en el que interpretaba al padre de un niño muy travieso (Jaimito Cohen) con que el ingresaba a un negocio para alguna consulta, hasta que notaba que el chico cometía una falta o una torpeza, como decir algo indebido o tumbar un florero. Entonces Calabró iniciaba una reprimenda que iba escalando en volumen, hasta que terminaba de salirse de sus casillas e iniciaba una persecución detrás del nene, entre estanterías, muebles y elementos de decoración que acaban destruidos por el ajetreo. Finalmente, ante la mirada desolada del dueño del lugar, Calabró lograba atrapar al chico y le daba una leve palmada sobre la cabeza o la espalda. "¿Te gustó la palizota que te di?", era la frase que cerraba la secuencia cada semana. Los jueces del proceso por "Sueños" podrían haberles dicho lo mismo a quienes, enfrente, escucharon el veredicto.
Retrato fiel
La historia del escándalo retrata mucho de lo vivido en las últimas décadas, así como vuelve a exponer las deudas de la justicia y las de los legisladores, que endurecen las penas contra los menores que delinquen pero mantienen en las normas sobre los fraudes contra el Estado castigos blandos, blandísimos, equivalentes a aquellas tenues palmadas de Calabró. Bajan la edad de imputabilidad juvenil pero no suben la vara de los latrocinios que cometen señores y señoras contra el patrimonio de todos.
Y además, "Sueños Compartidos" vuelve a desnudar que detrás del discurso del "amor al pueblo" y la instrumentación de políticas "para los que menos tienen" siempre estuvieron las mismas intenciones que ya fueron apareciendo en otros programas oficiales que también desembocaron en los tribunales. Las nobles banderas tapaban el choreo liso y llano. Próceres de los derechos humanos mezclados con parricidas, voceros del "ni olvido ni perdón" convertidos, muchos años después, en ejecutores o apologistas del crimen y desaparición de Cecilia. Todos siempre bancados por el infaltable coro de defensores de lo indefendible. Esa gente maravillosa para la que robar solo está mal si lo hacen los de la vereda de enfrente.












