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Malvinas, la carta que cuenta cómo empezó todo

El reciente hallazgo de una carta inédita de 1833 en el Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán permite recuperar un testimonio directo sobre uno de los episodios más importantes de la historia argentina. El documento, que fue encontrado hace pocos días durante tareas de conservación del patrimonio documental, es un escrito de cuatro hojas firmado por Juan Ramón Balcarce y Manuel Maza y dirigido al entonces gobernador de Tucumán, Alejandro Heredia. Su contenido reconstruye, a partir del informe del comandante José María Pinedo, las primeras horas de la ocupación ilegal británica de las Islas Malvinas.

La misiva fue redactada pocas semanas después del desembarco británico ocurrido el 3 de enero de 1833. Por lo tanto, constituye un registro cercano en el tiempo a los acontecimientos y permite conocer cómo fueron interpretados por las autoridades argentinas. En particular, Balcarce expresa el profundo disgusto del gobierno bonaerense ante lo ocurrido y describe la acción británica como un acto de violencia y abuso de la fuerza que afectaba la integridad territorial de la República Argentina.

Para comprender el contexto histórico, es necesario recordar que, en diciembre de 1831, la fragata estadounidense USS Lexington había atacado Puerto Soledad, lo que llevó a las autoridades de Buenos Aires a intentar reorganizar el establecimiento. En ese marco, Francisco Mestivier fue designado comandante civil y militar, mientras que la goleta de guerra Sarandí, al mando de José María Pinedo, partió hacia el archipiélago en septiembre de 1832.

Según el parte que sirvió de base para la carta, el 2 de enero de 1833 la corbeta británica HMS Clio se presentó frente a la isla Soledad. Ante su llegada, Pinedo envió a dos oficiales a bordo con ofrecimientos de atención y amistad. Sin embargo, horas después, aproximadamente a las tres de la tarde, el comandante británico John Onslow subió a la Sarandí acompañado por dos oficiales. Allí comunicó que había llegado para tomar posesión de las Islas Malvinas en nombre de Su Majestad Británica y exigió que el pabellón argentino fuera arriado dentro de las siguientes 24 horas.

Frente a esa exigencia, Pinedo presentó una protesta formal. El comandante argentino sostuvo que su deber no le permitía aceptar una medida que consideraba injusta sin recibir órdenes expresas de su gobierno. Asimismo, apeló a las relaciones de amistad existentes por entonces entre Buenos Aires y Londres. Más tarde, alrededor de las ocho de la noche, recibió por escrito la intimación británica. Aunque evaluó la posibilidad de resistir, consideró que las condiciones militares eran desfavorables. Por esa razón –según revela la carta encontrada en Tucumán- envió una comisión para reiterar su protesta y advertir que, si los británicos recurrían a la fuerza, se vería obligado a resistir.

La situación llegó a un punto decisivo durante la mañana del 3 de enero. A las seis, Pinedo se dirigió personalmente a la HMS Clio para formular una última protesta. Onslow, sin embargo, mantuvo su decisión y afirmó que disponía de fuerzas suficientes, además de esperar refuerzos. En consecuencia, Pinedo responsabilizó a Gran Bretaña por el agravio y la violación de los derechos de la República Argentina. Antes de retirarse, dejó constancia por escrito de que no sería él quien arriara la bandera argentina y encargó el establecimiento a Juan Simón, junto con otros pobladores.

Poco después, alrededor de las nueve de la mañana, las tropas británicas desembarcaron desde tres botes. Luego izaron el pabellón británico en una vivienda situada cerca de la comandancia y procedieron a arriar la bandera argentina. De este modo, la ocupación quedó consumada mientras la Sarandí permanecía en las islas sin capacidad militar suficiente para modificar el resultado. Finalmente, Pinedo abandonó el archipiélago el 5 de enero.

La carta adquiere especial relevancia porque no se limita a mencionar el desenlace, sino que reconstruye paso a paso las decisiones, las protestas y las acciones que precedieron a la ocupación. Además, refleja la posición oficial del gobierno de Buenos Aires, que anticipaba gestiones ante el gobierno británico para reclamar una reparación y sostener los derechos argentinos sobre las islas.

El descubrimiento realizado en Tucumán amplía el patrimonio documental relacionado con la historia de las Malvinas y permite acercarse a los acontecimientos de 1833 mediante un documento producido pocos días después de la ocupación y basado en el testimonio de uno de sus principales protagonistas, que refuerza los argumentos del reclamo argentino de soberanía.

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