Hiperconectividad y rendimiento escolar
La hiperconectividad es, sin dudas, una característica central de la vida cotidiana de niños y adolescentes. El celular, las redes sociales, las plataformas de entretenimiento y las aplicaciones de mensajería forman parte de sus actividades diarias y ofrecen múltiples posibilidades de comunicación y acceso a la información. Sin embargo, al mismo tiempo, el uso excesivo de dispositivos digitales plantea nuevos desafíos para la educación. Algunos expertos advierten que el acceso cada vez más temprano al celular, la exposición permanente a estímulos y la dificultad para mantener la atención pueden afectar los procesos de aprendizaje y contribuir a explicar, junto con otros factores, el deterioro del rendimiento escolar observado en distintos países.
En primer lugar, la hiperconectividad modifica la manera en que los estudiantes se relacionan con la información. Las pantallas ofrecen contenidos breves, inmediatos y cambiantes que pueden favorecer una búsqueda rápida de respuestas. Por el contrario, muchas actividades escolares requieren concentración sostenida, paciencia y esfuerzo durante períodos prolongados. Leer un texto complejo, resolver un problema matemático o analizar una fuente histórica exige mantener la atención y relacionar diferentes ideas. Por ello, cuando el uso recreativo de los dispositivos ocupa una parte importante del tiempo cotidiano, puede resultar más difícil desarrollar hábitos vinculados con la concentración profunda y el aprendizaje sostenido.
Por otro lado, el celular puede convertirse en una fuente permanente de distracciones dentro y fuera del aula. Las notificaciones, los mensajes y las redes sociales interrumpen constantemente la actividad que se está realizando. Aunque una interrupción pueda parecer breve, recuperar el nivel de concentración anterior requiere tiempo y, por lo tanto, disminuye el tiempo efectivo dedicado al aprendizaje. Esta situación adquiere mayor relevancia durante la adolescencia, etapa en la que todavía se encuentran en desarrollo habilidades relacionadas con la autorregulación, la planificación y el control de la atención.
Otro aspecto preocupante es la posible disminución de la lectura por placer. La lectura prolongada permite ampliar el vocabulario, comprender estructuras complejas y desarrollar capacidades para interpretar, comparar y evaluar información. En cambio, el consumo rápido de contenidos digitales puede fomentar una relación más fragmentada con los textos. Esto no significa que las tecnologías sean necesariamente perjudiciales. De hecho, pueden ampliar el acceso al conocimiento y convertirse en herramientas educativas valiosas. El problema aparece cuando el entretenimiento digital desplaza actividades que requieren mayor esfuerzo cognitivo o cuando la tecnología se utiliza sin límites ni objetivos pedagógicos claros.
Esta problemática adquiere especial importancia al observar los resultados de las pruebas PISA. En su edición más reciente, la evaluación analizó las competencias de aproximadamente 760.000 estudiantes de 15 años en 91 países y economías. Los resultados mostraron un deterioro general del rendimiento y, particularmente, una caída preocupante en Lectura. Según la OCDE, durante la última década los resultados en esta área retrocedieron 28 puntos en los países miembros de la organización y 16 puntos en el resto de los sistemas participantes. La propia OCDE señaló entre los factores asociados a esta tendencia el creciente uso de pantallas, la pérdida de interés por la lectura y los cambios en la relación de los estudiantes con la escuela después de la pandemia.
El informe de la OCDE también analizó el uso de inteligencia artificial y encontró que su utilización intensiva puede asociarse con resultados más bajos en Ciencias. Sin embargo, algunos de los sistemas educativos con mejores desempeños utilizan estas herramientas con frecuencia. Por lo tanto, la diferencia parece estar relacionada también con la forma en que se emplea la tecnología.
En Argentina, en las pruebas PISA 2025, el 76 por ciento de los estudiantes de 15 años no alcanzó el nivel mínimo de desempeño en Matemática. En Lectura y Ciencias, la proporción fue del 59 por ciento. Además, el país registró retrocesos respecto de 2022, con una caída del 2,9 por ciento en Matemática, del 3 por ciento en Lectura y del 3,2 por ciento en Ciencias.
Estos resultados no permiten afirmar que los celulares o las pantallas sean la única causa del bajo rendimiento. Existen otros factores fundamentales, como las desigualdades sociales, las condiciones escolares, las trayectorias educativas, las prácticas docentes y las dificultades acumuladas después de la pandemia. Sin embargo, la hiperconectividad constituye un desafío que no puede ser ignorado. Por esta razón, resulta necesario enseñar a los estudiantes a utilizar la tecnología de manera responsable y, al mismo tiempo, recuperar espacios destinados a la lectura, la escritura, la resolución de problemas y la concentración prolongada.














