Mientras se discuten las PASO, la gente está preocupada por llegar a fin de mes
Buena parte de la política concentra su discusión en las PASO, mientras la sociedad enfrenta problemas económicos cotidianos.
Hay momentos en los que la política necesita mirarse al espejo y preguntarse si está hablando de los mismos problemas que preocupan a la sociedad. Creo que estamos atravesando uno de ellos.
Hoy, quienes estamos en distintos espacios políticos hablamos de las PASO, de su suspensión, de las reglas electorales, de las candidaturas y de cómo se van a conformar los espacios. Pero mientras nosotros hablamos de eso, quienes no viven pendientes de la política hablan de otra cosa: de sus salarios, del precio de los alimentos, de las cuentas que tienen que pagar, de conseguir o conservar un trabajo, de mantener abierto un comercio y de cómo llegar a fin de mes.
A unos pocos les interesan las PASO. A la inmensa mayoría le interesan sus problemas diarios.Y cuando la dirigencia política pierde de vista esa diferencia, corre el riesgo de alejarse cada vez más de la realidad que pretende representar.
No digo que las reglas electorales no sean importantes. Claro que lo son. Lo que planteo es que debemos tener una correcta dimensión de las prioridades. No podemos transformar una discusión que fundamentalmente interesa a la dirigencia en el principal tema de agenda mientras miles de chaqueños esperan respuestas para problemas mucho más urgentes.
LAS CONTRADICCIONES DE MILEI
Algo parecido ocurre cuando analizamos la cadena nacional del presidente Javier Milei dedicada a la causa Malvinas. El mandatario anunció sanciones más severas contra las empresas que exploten recursos naturales en las Islas sin autorización argentina y mayores recursos para avanzar con una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego, con la intención declarada de fortalecer la presencia argentina en el Atlántico Sur y su proyección hacia la Antártida.
Que un presidente argentino coloque la soberanía sobre las Islas Malvinas en la agenda nacional debería ser una buena noticia. Malvinas no pertenece a un partido político ni a un gobierno. Es una causa nacional que atraviesa nuestra historia y sobre la cual tenemos un mandato constitucional. Pero también tenemos derecho a señalar las contradicciones.
Resulta difícil olvidar que el mismo Javier Milei expresó públicamente su admiración por Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la Guerra de Malvinas. Ahora coloca la causa Malvinas entre sus prioridades y convoca a construir una posición nacional alrededor de la soberanía. La contradicción entre aquellos elogios y el discurso actual también fue señalada tras la cadena nacional.

No cuestionamos que alguien pueda rectificar una posición. Si el presidente comprende la dimensión histórica de la causa Malvinas, bienvenido sea. Lo que corresponde preguntarnos es si estamos frente a una verdadera política de Estado o ante otro cambio de discurso determinado por las circunstancias. Por eso resulta llamativo que ahora el mismo presidente pretenda transformarse en protagonista de una política de reivindicación de la soberanía argentina sobre Malvinas. Puede haber cambiado de opinión. Pero si así fue, debería explicarlo.
Hace semanas habilitaron la venta de un predio vinculado con la Armada en Ushuaia. Y existe un hecho reciente que profundiza esas preguntas. El 21 de agosto, apenas dos semanas antes de esta cadena nacional, el Gobierno publicó el Decreto 764/2026, mediante el cual Milei autorizó a la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) a disponer y enajenar una serie de inmuebles estatales. El propio decreto sostiene la necesidad de impulsar la venta de propiedades consideradas innecesarias para la gestión estatal.
Entre los antecedentes aparece un inmueble de Ushuaia que estaba bajo jurisdicción del Ministerio de Defensa y del Estado Mayor General de la Armada. El 26 de junio, mediante la Resolución 101/2026, la AABE había desafectado un sector de aproximadamente 2.939 metros cuadrados, ubicado entre las calles Yaganes, 44 Héroes ARA San Juan y Horeb. Entonces la pregunta es inevitable: ¿cuál es la política estratégica que tiene el Gobierno para Tierra del Fuego?
Hace apenas unas semanas se habilitaba la enajenación de inmuebles estatales y se había desafectado de la jurisdicción de Defensa y la Armada un terreno en Ushuaia. Ahora el presidente aparece por cadena nacional anunciando más recursos para una Base Naval Integrada y presentando a Tierra del Fuego como pieza fundamental de la estrategia argentina en el Atlántico Sur. Como mínimo, existe una contradicción que merece una explicación. Desde mi punto de vista, estos cambios permanentes de agenda se parecen más a ensayos de humo que a una política de Estado sostenida en el tiempo.
¿POLÍTICA SOBERANA O ALINEAMIENTO INTERNACIONAL?
También debemos observar qué ocurre en el escenario internacional. La política exterior argentina ha experimentado, bajo el gobierno de Milei, un alineamiento muy marcado con EEUU y particularmente con Donald Trump. Al mismo tiempo, Washington viene presionando para que sus aliados incrementen significativamente sus presupuestos militares.
Por eso creo que debemos mirar con mucha atención hacia dónde está llevando el Gobierno nuestra política exterior. Existe el riesgo de que Argentina termine funcionando como una suerte de caballo de Troya de los intereses de EEUU en la región, en lugar de construir una estrategia autónoma que responda exclusivamente a los intereses argentinos.
Es una interpretación política y, precisamente por eso, debemos discutirla. Malvinas no puede convertirse en una pieza dentro del tablero geopolítico de otra potencia.
La política de Estado sobre Malvinas requiere coherencia, continuidad y una estrategia que trascienda gobiernos. No puede depender de las necesidades comunicacionales de cada semana ni de la relación personal que el presidente mantenga con el mandatario de una potencia extranjera.
MENOS HUMO Y MÁS POLÍTICAS DE ESTADO
La política argentina necesita recuperar coherencia. No podemos hablar permanentemente de reducir el Estado y después presentar grandes proyectos estratégicos sin explicar de qué manera serán financiados. No podemos desafectar bienes vinculados con Defensa y la Armada en Tierra del Fuego y semanas después presentar esa misma provincia como el corazón de una nueva estrategia militar y geopolítica.
Tampoco podemos reivindicar a Margaret Thatcher y después pretender encabezar, sin explicar semejante cambio, una convocatoria nacional alrededor de Malvinas. Mucho menos podemos utilizar una causa tan profunda para los argentinos como herramienta para modificar coyunturalmente la agenda. No quisiera que estemos frente a nuevos ensayos de humo, grandes anuncios destinados a ocupar la discusión pública mientras los problemas cotidianos siguen esperando respuestas.
Porque finalmente volvemos al punto de partida. Mientras la política habla de las PASO, la gente habla de cómo llegar a fin de mes. Mientras desde Buenos Aires se construyen grandes relatos, en nuestras provincias hay familias preocupadas por sus salarios, trabajadores que perdieron poder adquisitivo, comerciantes que venden menos, jubilados que hacen cuentas para comprar medicamentos y jóvenes que buscan oportunidades. La dirigencia tiene que volver a escuchar.
Defendamos Malvinas, por supuesto. Hagámoslo con toda la firmeza que corresponde. Pero defendámoslas como una verdadera política de Estado argentina: sin especulaciones electorales, sin subordinaciones externas, sin contradicciones y pensando exclusivamente en nuestros intereses nacionales. Y, fundamentalmente, no perdamos de vista aquello para lo cual la sociedad nos puso alguna vez en un lugar de responsabilidad: resolver los problemas de la gente.
(El autor es presidente del Nuevo Espacio de Participación -NEPAR-. Diputado provincial mandato cumplido)
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