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La Porteña, la histórica heladería de Resistencia que cumplió 86 años

Fundada en 1940 por el búlgaro Basilio Penoff, atravesó generaciones de una misma familia y conserva recetas y productos que forman parte de la memoria de los resistencianos.

La historia de Resistencia también puede contarse a través de sus sabores. En ese recorrido, La Porteña, ubicada en Franklin 147, ocupa un lugar especial. Con 86 años de trayectoria, la tradicional heladería fue homenajeada por la Comisión Nomencladora junto al Concejo Municipal de Resistencia, que la reconocieron y declararon "Heladería Histórica" de la ciudad.

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El comercio fue creado en 1940 por el inmigrante búlgaro Basilio Penoff y, desde entonces, atravesó distintas épocas, cambios tecnológicos y transformaciones en los hábitos de consumo, siempre bajo el impulso de la misma familia.

"Esta heladería empezó a funcionar en el año 40, con cosas muy precarias porque en ese año no había tecnología en Resistencia", recordó en NORTE Susana Penoff, nieta de Basilio y actualmente está al frente del tradicional negocio.

Con el paso del tiempo, La Porteña fue incorporando nuevas máquinas y adaptándose a las exigencias de cada época, pero mantuvo algunos de sus productos más emblemáticos, entre ellos los tradicionales helados en palito y los churros.

Para la familia, el reconocimiento representa mucho más que una distinción. "Fue un orgullo. Siempre sentimos orgullo de todo lo que nos dejaron y tratamos de mantenerlo, de seguir, de ayudarnos y de estar en los tiempos modernos", expresó Susana.

La historia familiar está estrechamente ligada al local de Franklin. "Yo nací acá. Mi primera casa fue la casa de mis padres. Ellos vivieron acá cuando nací. Yo nací en este negocio", contó.

Su infancia transcurrió entre las máquinas, las ollas y el movimiento cotidiano de la heladería. También allí se reunía la familia para las celebraciones. "Todos los recuerdos de la infancia y de toda la familia eran la reunión acá en esta heladería. Acá se festejaba Navidad, acá se festejaba Año Nuevo con toda la familia", recordó.

"Mis abuelos fue un muy gran trabajador acá y nos dejaron esta herencia que hasta hoy seguimos trabajando", señaló. "Mi abuelo amó la heladería. Hasta los 95 años trabajó. Fue una persona activa y hasta lo último fue el dueño de la heladería", relató.

Ese vínculo con la historia del comercio también aparece en los clientes. Según Susana, todavía llegan personas que recuerdan cómo era el local décadas atrás y comparten anécdotas.

"Permanentemente viene gente que se acuerda de historias del negocio. Todos los días tenemos dos o tres clientes que vivieron historias en esta heladería", contó.

Entre esos recuerdos aparecen los antiguos vendedores que recorrían distintos puntos de la ciudad en bicicleta para ofrecer los productos de La Porteña, una imagen que quedó instalada en la memoria de varias generaciones de resistencianos.

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El sabor que permanece

Aunque el negocio debió adaptarse a los nuevos tiempos, algunos productos continúan siendo sus principales protagonistas. El helado en palito es uno de los emblemas de la casa, especialmente durante el verano, mientras que los churros mantienen una receta que se transmite desde los comienzos.

"El churro es lo que comenzaron a hacer ellos. El inicio de la actividad fue el churro y es lo que hasta hoy la gente compra en forma masiva", explicó Susana.

La receta original, además, permanece intacta. "Sí, es la misma. Va pasando de generación en generación", afirmó.

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En un contexto económico que presenta dificultades para el comercio, la familia sostiene el negocio y apuesta a las nuevas herramientas de difusión. Las redes sociales y el alcance de Instagram permitieron que productos tradicionales vuelvan a llegar a nuevos públicos.

Así, entre fotografías antiguas, máquinas que forman parte de su historia y recetas que sobrevivieron al paso del tiempo, La Porteña continúa siendo parte del paisaje comercial y afectivo de Resistencia. A 86 años de su creación, el reconocimiento como Heladería Histórica busca poner en valor no solo un comercio, sino también una parte de la memoria cotidiana de la ciudad.

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