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Elecciones presidenciales

¿Dante Gebel, candidato en 2027?                                       

Con la excusa de "no espantar" al electorado laico, se esconde una estrategia que usa la fe como escalera para alcanzar el poder. El peligro de usar la fe como plataforma política.

Pocas veces hemos sentido la urgencia que provoca el escenario político actual. Sin ingresar en la disputa partidaria, es imposible ignorar un fenómeno que ha cruzado una línea peligrosa en Argentina: el uso del liderazgo carismático de la fe como plataforma política.

En ese marco, todo indica que Dante Gebel, el influyente comunicador que congrega a multitudes en California, avanza firmemente en su carrera hacia las elecciones presidenciales de 2027 en Argentina. La mayoría —fuera y dentro del cristianismo— creen que es pastor; sin embargo, ante los medios laicos ensaya una estudiada pirueta semántica: "Yo no soy pastor, soy un divulgador de valores".

Al ver a miles de cristianos aplaudir este discurso, confesamos que nos estruja el corazón. Sentimos una profunda tristeza. Es un engaño liso y llano en la cara de la Iglesia y, lo que es peor, una preocupante pérdida de tiempo espiritual para el creyente y el que no lo es.

Una contradicción insalvable

Para quienes analizamos la realidad desde las Escrituras, la contradicción es insalvable. La Biblia enseña que los llamados de Dios son irrevocables. Nadie —sin importar sus millones de seguidores o cuán imponente sea su auditorio— puede cambiar su asignación divina a la mitad del río.

El llamado divino a hombres para el diseño formativo de la iglesia incluye a cinco roles: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros (detallado en el libro de Efesios) Este diseño divino establece ministerios específicos para edificar espiritualmente a las personas, no para construir plataformas de lanzamiento político personal.

Ante este panorama, cabe hacernos una pregunta incómoda pero necesaria: si un líder cristiano puede abandonar tan fácilmente su rol espiritual para correr detrás de un sillón presidencial, ¿será que en realidad nunca tuvo esa vocación o que está dispuesto a negociar su llamado por una cuota de poder terrenal?

dante gebel candidato

Dios no es divulgador de ideas

Él señala que no es pastor, solo es divulgador de ideas, pero no divulga meras ideas; ofrece un plan de salvación y capacitación espiritual. Si este líder se baja del altar ante la prensa para presentarse como un simple outsider político, la pregunta cae por su propio peso: ¿cómo sostiene entonces una megaiglesia y se nutre de sus beneficios?

Esta ambigüedad calculada genera un vacío peligroso. El ciudadano creyente, muchas veces ingenuo, es despojado de un verdadero pastoreo y queda reducido a un mero caudal electoral. Se produce así una transferencia inconsciente de confianza: la lealtad construida en el nombre de Dios, en los momentos más íntimos del dolor humano, ahora se intenta redirigir hacia un comité de campaña.

El altar es sagrado

La arena política es un espacio legítimo para los ciudadanos, pero el altar es sagrado. Y no podemos permanecer indiferentes ante el uso de la fe como un trampolín de ambiciones personales.

Cuando el apóstol Pablo fue a enseñar a la ciudad de Berea, la historia registra que los creyentes lo escucharon con atención, pero luego corrieron a corroborar en los textos sagrados si lo que el gran apóstol enseñaba era verdad. Si los hombres de Berea examinaron al mismísimo Pablo, ¿con qué derecho un líder moderno pretende estar por encima de ese escrutinio?

El discernimiento espiritual no es opcional; es un mandato de supervivencia. Como ciudadanos y como creyentes, nuestro deber debería ser encender las alarmas, dejar la ingenuidad de lado y volver a las fuentes. No nos dejemos encandilar por las luces del escenario ni por la elocuencia del discurso.

En tal sentido, Jesús recomienda una severa advertencia sobre las señales del fin de los tiempos: "…de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos". Es tiempo de volver a examinarlo todo minuciosamente como lo hicieron en Berea. El destino de nuestra sociedad, y de nuestra fe, depende de no dejarnos engañar. Conocer a fondo la verdad bíblica funciona como un escudo contra las falsificaciones.

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