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El "talón de Aquiles" que comparten el dengue, el zika y la fiebre amarilla

El hallazgo argentino que puede revolucionar la lucha contra los arbovirus

Científicos del CONICET descubren una pieza maestra en la replicación de estos virus, abriendo la puerta a un antiviral único que podría combatirlos a todos. ¿Y el chikungunya? No, no está en este club, pero la confusión tiene una explicación.

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Andrea Gamarnik, directora de la investigación, junto a una de las científicas de su equipo.

   En la carrera contra las enfermedades transmitidas por mosquitos, el sueño dorado de la ciencia es encontrar una llave maestra: un único fármaco capaz de desactivar varios virus a la vez. En las últimas semanas, una noticia recorrió el mundo científico y los medios de comunicación: un equipo de investigadores del CONICET en Argentina había dado con una "pieza fundamental" que podría ser ese talón de Aquiles. Sin embargo, como suele ocurrir en los avances de vanguardia, una precisión científica se volvió necesaria. El descubrimiento, revolucionario por donde se lo mire, no aplica al chikungunya, sino a tres de sus primos virales más peligrosos: el dengue, el zika y la fiebre amarilla.

   Para entender la magnitud de este hallazgo, primero debemos viajar al interior de la célula. Cuando un virus del género Orthoflavivirus —donde se encuentran nuestros tres protagonistas— infecta a una persona, su misión es secuestrar la maquinaria celular para multiplicarse. Durante décadas, los científicos sabían que estos virus compartían similitudes, pero no habían logrado dar con el "botón de encendido" común que inicia su replicación. Ese botón, como acaba de revelar el equipo liderado por la viróloga Andrea Gamarnik en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA), es una pequeña estructura de ARN llamada Stem-Loop A, o simplemente SLA.

   Imaginemos el genoma del virus como un largo rollo de instrucciones encriptadas. Al principio de ese rollo, hay una especie de "lazo" o "horquilla" plegada sobre sí misma: esa es la SLA. Lo que el equipo argentino demostró es que esta estructura actúa como un promotor universal. Es como si todos los virus de este grupo hubieran firmado un pacto de usar el mismo tipo de cerradura para abrir la puerta de la replicación. La llave de esa cerradura es una enzima viral llamada polimerasa NS5. Cuando la NS5 reconoce y se acopla a la estructura SLA, se enciende la maquinaria de copia y el virus comienza a hacer miles de réplicas de sí mismo.

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   La genialidad del descubrimiento reside en que esta pieza no es solo similar, sino que es funcionalmente intercambiable. En experimentos de laboratorio, los investigadores tomaron la SLA del virus del dengue y la colocaron en el genoma del zika, y viceversa. El resultado fue asombroso: los virus híbridos, con la "cerradura" cambiada, seguían replicándose con total normalidad. Esto confirmó que están ante un mecanismo tan esencial y tan conservado que la evolución no lo ha modificado a lo largo del tiempo en estos patógenos. Es, en esencia, el talón de Aquiles que todos comparten.

   Pero, ¿por qué entonces escuchamos hablar del chikungunya en la misma conversación? Aquí es donde la precisión se vuelve crucial. La confusión es comprensible y, en cierto modo, casi inevitable. El dengue, el zika, la fiebre amarilla y el chikungunya son los cuatro jinetes del apocalipsis tropical en América Latina. Todos son arbovirus, es decir, virus transmitidos por artrópodos, y su principal y más odiado mensajero es el mismo: el mosquito Aedes aegypti. Este insecto es el vector común que los pone en el mismo plano en las campañas sanitarias y en las noticias de los veranos epidémicos.

   Sin embargo, biológicamente, el chikungunya es un invasor de otra familia. Pertenece al género de los alfavirus, mientras que el dengue, el zika y la fiebre amarilla son orthoflavivirus. Son primos lejanos en el árbol genealógico viral, pero no hermanos. Por lo tanto, la estructura SLA que descubrió el CONICET está ausente en el chikungunya. Este virus usa otras estrategias moleculares para replicarse, otro tipo de "cerraduras" que los científicos también intentan descifrar.

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   Entonces, ¿qué significa esto en la práctica? Que el hallazgo de Gamarnik no es una cura para el chikungunya, pero es una noticia formidable para el control del dengue, el zika y la fiebre amarilla. De hecho, el equipo de investigación ya ha dado un segundo paso de gigante. Han identificado compuestos químicos, concretamente las moléculas denominadas DMA-176 y DMA-177, que actúan como falsas llaves. Estas moléculas tienen la capacidad de unirse a la estructura SLA y bloquearla, impidiendo que la polimerasa NS5 se acople y active la replicación. En modelos de laboratorio, estos compuestos han demostrado ser eficaces para inhibir la multiplicación viral.

   El objetivo final de esta línea de investigación es ambicioso: desarrollar un antiviral de amplio espectro. La idea es crear un único medicamento, una "llave maestra", que pueda administrarse a un paciente sin necesidad de saber con exactitud cuál de los tres virus lo infectó, o que incluso sirva para enfrentar futuras amenazas de virus similares. Esto cambiaría radicalmente el paradigma del tratamiento. Hoy, ante un brote de dengue, solo podemos ofrecer cuidados paliativos: hidratación y analgésicos. No hay un antiviral específico. Tener una pastilla que ataque el corazón de la replicación viral sería un hito comparable al desarrollo de los primeros antirretrovirales para el VIH.

   Por supuesto, el camino desde el laboratorio hasta la farmacia es largo y requiere años de ensayos clínicos en humanos, pero la base molecular ya está sentada y es sólida como una roca. La investigación argentina, publicada en revistas de alto impacto, coloca al país en la vanguardia de la virología molecular mundial.

   Y para el chikungunya, la investigación no se detiene. Aunque este mecanismo específico no le corresponde, los equipos del CONICET y de otros centros están enfocados en estudiar al vector, la inmunología de la infección y el desarrollo de repelentes y estrategias de control del mosquito. Lo que se aprende sobre un arbovirus suele iluminar el camino para estudiar a los demás. Como bien señalan los investigadores, conocer esta "pieza fundamental" en los orthoflavivirus podría inspirar estrategias de amplio espectro o aplicarse en el estudio de otros virus transmitidos por mosquitos, incluso de otras familias.

   En resumen, cuando leas sobre el descubrimiento argentino de la "pieza fundamental", recuerda que estamos hablando de una herramienta de precisión molecular para combatir al dengue, al zika y a la fiebre amarilla. El chikungunya, aunque comparte el mosquito y las páginas de los periódicos, sigue su propio camino evolutivo y requiere sus propias soluciones. Pero si esta investigación prospera, los veranos futuros podrían ser muy distintos, con un arma farmacológica en el consultorio médico para desactivar a estos tres enemigos históricos de la salud pública. La ciencia avanza, y a veces, un pequeño lazo de ARN puede ser la llave para abrir la puerta de un futuro con menos enfermedades.

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