Una mamá y dos hermanos que se eligieron para construir una familia
La abogada, legisladora provincial y exministra, María Pía Chiacchio Cavana abrió las puertas de su experiencia como madre adoptiva de dos hermanos de 6 y 8 años.

Hay títulos que se obtienen después de años de estudio y otros que comienzan a construirse sin fecha de finalización. María Pía Chiacchio Cavana es abogada, legisladora provincial y exministra de Desarrollo Social, pero ahora lleva uno nuevo que, según reconoció, cambió profundamente su vida: es mamá. "Creo que es uno de esos títulos que uno desarrolla durante toda su vida y nunca termina", expresó al hablar por primera vez de su experiencia como madre adoptiva de dos hermanos de 6 y 8 años.
Pía eligió compartir el recorrido personal, pero trazó desde el comienzo un límite claro: la historia anterior de sus hijos, sus orígenes y todo lo vivido antes de conformar esta nueva familia les pertenecen exclusivamente a ellos. "Hay una parte de esa historia que les corresponde a mis hijos. Sus vivencias y sus orígenes pertenecen a su intimidad y, como mamá, tengo que cuidarlos y resguardarlos", remarcó en emotivo diálogo con NORTE.
Su intención al hacer pública la experiencia no pasa por exponer a los niños, sino por acercar información a quienes desean adoptar y todavía no se animaron a iniciar el camino. También busca visibilizar la realidad de los chicos mayores, adolescentes y grupos de hermanos que esperan una familia.
Un deseo que debió esperar
La maternidad adoptiva formaba parte de su proyecto personal desde mucho antes de asumir responsabilidades públicas. Pía contó que había comenzado a pensar y reflexionar sobre esa posibilidad antes de convertirse en ministra de Desarrollo Social.

Incluso llegó a presentarse en el Registro de Adoptantes de Resistencia. Sin embargo, cuando asumió al frente del Ministerio decidió suspender el proyecto porque los hogares convivenciales dependían del área que conducía. "Me parecía que no era el momento ni la forma. Quizás podía ser un proceso que a muchos les resultara poco transparente. Sentía que existía cierta incompatibilidad moral con el trabajo que tenía en ese momento", explicó.
La decisión quedó en pausa durante aquellos años, pero el deseo de maternar nunca desapareció. Al encontrarse en otra etapa de su vida personal, profesional y política, entendió que ya no quería seguir postergándolo. "Siempre tuve el deseo de ser mamá y siempre quise ser mamá adoptiva. Era una decisión de vida muy clara, deseada y planificada", señaló.
Del Registro al encuentro
El 3 de febrero se presentó nuevamente en el Registro de Adoptantes y entregó la documentación requerida. Después comenzó un período de entrevistas y evaluaciones con profesionales del equipo de adopción del Poder Judicial. El proceso concluyó en abril y, a partir de mayo, comenzaron a comunicarse con ella para presentarle distintas historias de niños y grupos de hermanos que esperaban una familia.
Su disponibilidad adoptiva era amplia: estaba dispuesta a recibir niños o niñas de hasta 8 años y también había manifestado su voluntad de adoptar hermanos. Esa apertura la ubicó dentro de un grupo minoritario entre quienes se inscriben. Finalmente llegó la posibilidad de conocer a dos hermanos de 6 y 8 años. Pía aceptó iniciar el acercamiento, pero asegura que el desenlace terminó invirtiendo el sentido de aquella primera decisión. "Tomé la decisión de conocerlos a ellos dos, pero finalmente terminaron siendo ellos los que me eligieron a mí como mamá. Y me siguen eligiendo, porque continuamos transitando este proceso", expresó.
Una familia de tres y una gran red
Pía define a la suya como una familia monoparental: una mamá y dos hijos. Sin embargo, evita decir que adoptó "sola", porque detrás de la vida cotidiana existe una amplia red afectiva que acompaña, ayuda y sostiene. "Somos los tres una familia donde hay una sola mamá, pero no me gusta decir que estoy sola porque hay una enorme red que acompaña", explicó.
La familia comenzó a construirse en los actos más sencillos: compartir el desayuno y el almuerzo, preparar la jornada escolar, salir a andar en bicicleta y aprender a conocerse. "La adopción no es solamente un acto de amor y tampoco significa que alguien viene a salvarle la vida a otra persona. Es una forma de construir una familia", sostuvo.
Para la legisladora, el vínculo no queda resuelto cuando termina un expediente judicial. Como cualquier maternidad, requiere paciencia, responsabilidad, acompañamiento y un compromiso cotidiano. "Una familia se construye en el día a día, en el desayuno, en el almuerzo, en ir a la escuela o salir a andar en bicicleta. Se trata, sobre todo, de aprender a acompañar al niño que existe, al niño real", reflexionó.
El niño real, no el imaginado

Uno de los principales mensajes de Pía está dirigido a quienes reducen la adopción a la búsqueda de un bebé o de un hijo ajustado a expectativas previamente construidas. "La adopción no está pensada para satisfacer la expectativa de un adulto. Tenemos que pensar y aceptar a ese niño o niña que quizás no es el hijo soñado. Ahí nos encontramos con el hijo real", planteó.
Ese niño real llega con una historia, una identidad, una cultura, una forma de hablar y, muchas veces, dolores, angustias, ausencias o abandonos. Para Pía, son los adultos quienes deben prepararse para acompañar esa trayectoria y ayudar a resignificarla. "No son niños que vienen a satisfacer las expectativas de los adultos. Somos nosotros quienes, con acompañamiento y esfuerzo, tenemos que asumir el compromiso de acompañar esa historia de vida y comenzar a escribir una historia diferente", afirmó.
Su experiencia, aseguró, fue maravillosa y más rápida de lo que imaginaba. Ahora espera que contarla sirva para que más personas se inscriban, pero principalmente para que revisen su disponibilidad y puedan contemplar la adopción de niños mayores, adolescentes o grupos de hermanos.
"Si mi experiencia puede servirle a alguien, quiero que sea no solamente para que más gente se inscriba, sino para que reflexionemos sobre qué niño estamos dispuestos a adoptar. Tenemos que animarnos a pensar en el niño que existe", concluyó.

Prejuicios y desinformación
La falta de información y los prejuicios suelen convertirse en barreras para muchas personas interesadas en adoptar. Entre las creencias más extendidas aparecen la supuesta obligación de tener una vivienda propia, contar con elevados ingresos económicos o estar casado.
Pía Chiacchio Cavana sostuvo que ninguna de esas condiciones resulta excluyente para presentarse en el Registro de Adoptantes. "No es necesario tener una casa propia ni contar con una determinada capacidad económica. Por supuesto que uno debe estar en condiciones de cubrir las necesidades de otra persona, pero hay mucha gente que alquila o que llega ajustada con sus ingresos y puede inscribirse", explicó.
Otro prejuicio habitual consiste en pensar que solamente pueden adoptar los matrimonios o las parejas convivientes. En su caso, Pía conformó una familia monoparental junto con sus dos hijos. Sin embargo, remarcó que el sistema también admite otras integraciones familiares. "Puede adoptar una mamá o un papá sin necesidad de estar casado o en pareja. También pueden inscribirse dos mamás o dos papás. Todo eso forma parte de la falta de información que existe alrededor de la adopción", señaló.
Cómo comienza el proceso
El primer paso es presentarse en el Registro de Adoptantes. La legisladora realizó el trámite el 3 de febrero en la oficina ubicada sobre calle Brown, en Resistencia, y entregó la documentación solicitada. Según relató, los requisitos iniciales fueron sencillos y el procedimiento administrativo resultó ágil. Después comenzó una instancia de evaluación a cargo del equipo de adopción del Poder Judicial.
Durante aproximadamente tres meses, una psicóloga y una trabajadora social realizaron entrevistas y analizaron su proyecto adoptivo, su contexto personal y su disponibilidad para recibir a un niño. Una vez concluida esa etapa, la persona obtiene un número de legajo e ingresa al registro. Desde ese momento puede ser convocada por un juez o una jueza para conocer la historia de un niño, una niña o un adolescente en condiciones de adoptabilidad. Pía completó la evaluación en abril y comenzó a recibir llamados en mayo. Su disponibilidad incluía niños de hasta 8 años y grupos de hermanos, una decisión que amplió sus posibilidades de vinculación.
La legisladora destacó el trato humano y la preparación de los trabajadores de las oficinas por las que transitó. Sin embargo, consideró necesario que los poderes Judicial y Ejecutivo profundicen las campañas informativas y acerquen el sistema a la comunidad. "Tenemos que salir a la calle a contar, brindar información y acercarla a las personas que están interesadas. Es necesario desmitificar todo lo que existe alrededor de la adopción", afirmó.
Los chicos que más esperan
La distancia entre las expectativas de los adultos y la realidad de los niños que esperan una familia constituye uno de los mayores desafíos del sistema de adopción. María Pía Chiacchio Cavana señaló que las estadísticas presentadas en junio de 2026 mostraban alrededor de 2.000 personas inscriptas en el Registro Nacional de Adoptantes. Sin embargo, solamente 1.000 continuaban activas y disponibles para ser convocadas por un juez.
Las otras 1.000 se habían dado de baja o mantenían suspendidos sus legajos por diferentes razones familiares y económicas, principalmente por dificultades vinculadas con los ingresos. Dentro del grupo que permanecía activo, cerca del 90% manifestaba disponibilidad únicamente para adoptar niños de hasta 5 años. A medida que aumenta la edad, disminuye de manera pronunciada el número de aspirantes. "Desde los 6 hasta los 18 años se presenta menos de un 20%. Muchas veces, cuando pensamos en adopción, pensamos solamente en bebés y eso hace que muchas familias pierdan la posibilidad de conformarse y que muchos chicos continúen esperando", explicó.
La situación se vuelve todavía más compleja cuando se trata de hermanos. Según los datos expuestos por la legisladora, entre el 75% y el 80% de las personas inscriptas no está dispuesta a recibir grupos fraternos. Pía se encontraba dentro del sector minoritario que había aceptado esa posibilidad, una circunstancia que permitió acelerar los tiempos de su proceso y facilitó el encuentro con los dos hermanos que hoy son sus hijos.
El riesgo de crecer en un Hogar
La legisladora advirtió que la escasez de postulantes para niños mayores, adolescentes, grupos de hermanos o personas con discapacidad prolonga la permanencia de muchos chicos en hogares o espacios convivenciales alternativos. En algunos casos, llegan a los 18 años sin haber podido integrarse a una familia y deben comenzar la vida adulta sin una red suficiente de contención. "Hay chicos y chicas que pasan su vida en un hogar y, cuando cumplen 18 años, pueden terminar en situación de calle o encontrar enormes dificultades para construir un rumbo", alertó.
En ese contexto, Chiacchio Cavana aseguró que actualmente se encuentra suspendido el programa de acompañamiento destinado a jóvenes que egresan del sistema de cuidados alternativos. La legisladora consideró indispensable desarrollar políticas específicas de acompañamiento tanto para los niños como para las familias que deciden ampliar su disponibilidad adoptiva. "No es fácil ni sencillo. Requiere políticas específicas, mucha información y un fuerte acompañamiento, especialmente cuando se trata de niños de mayor edad, adolescentes o chicos con discapacidad", sostuvo.
Para Pía, el desafío consiste en dejar de pensar la adopción como una herramienta destinada a cumplir el deseo de los adultos y comenzar a verla desde el derecho de cada niño a crecer dentro de una familia. "Hay muchos chicos reales esperando que alguien esté dispuesto a conocerlos y acompañar su historia", concluyó.










