Ecuaciones del poder territorial
La decisión de Magda Ayala de dejar la diputación provincial ganada en las elecciones de mayo del año pasado y volver a la intendencia de Barranqueras habla de la evolución una parte de la interna del peronismo, pero también expone un factor clave en cualquier elección: la territorialidad.
Capital inicial
La política es una construcción de poder. De poder individual y de poder colectivo. Es difícil que uno exista sin el otro, aunque haya excepciones. Una figura política, casi invariablemente, comienza su trayectoria con la acreditación de algún dominio territorial. La adquisición de la condición de referente de un distrito o, siquiera, de una porción de un barrio populoso, puede ser el punto de partida de una carrera.

Se trata de algo que, a la vez, alimenta una contradicción esencial. Ese poder territorial de base puede ser el motor de ascenso de un dirigente pero ese camino hacia las alturas, al mismo tiempo, tenderá a alejarlo de su fuente de origen. Si el crecimiento político persiste, el protagonista de la historia irá debilitando progresivamente esa conexión con sus inicios, con el territorio que lo vio comenzar, con la gente que lo sostuvo en los primeros pasos.
Ese proceso marca, en cierto modo, una irreversibilidad. El referente crece, incrementa su cuota de poder, a la par que se va esfumando el camino de retorno a su espacio original. La historia muestra que, generalmente, esa circunstancia torna imposible el regreso. Para quien llega a lo más alto, eso puede no importar demasiado. Para quien se cae antes de llegar a la cima, puede implicar no tener adónde volver. Por eso, a veces la única opción es ir siempre hacia adelante, en la medida que se pueda. O regresar a tiempo, para no quedar con las manos vacías.
Norma y excepciones
Como toda norma, el asunto tienes sus excepciones. Hay casos en que el poder se construye sin territorio, o con una participación ínfima de ese componente en el resultado final. Un ejemplo claro es Javier Milei. No hay en él una historia de militancia, ni una curva de construcción de poder que incluya la variable territorial. Quizás porque fue el caso de un hombre que encontró el discurso justo para un momento del país en el que una mayoría de la sociedad estaba harta de la dirigencia conocida y de los partidos instalados en el escenario público. Eso más carambolas del destino, algunas hasta insólitas, como el hecho de que uno de los que más promovió la llegada de la imagen y el mensaje de Milei al electorado fue Sergio Massa, interesado en que creciera una alternativa de derecha que le restara votos a Juntos por el Cambio. Al entonces ministro de Economía de Alberto y Cristina se le fue la mano, y su experimento de laboratorio acabó derrotándolo a él mismo en el balotaje de 2023.
Pero son personajes que se salen de lo común. En general, el poder germina en un espacio y con un grupo de personas. Es el capital inicial. De la habilidad, tenacidad, inteligencia, intuición o suerte del interesado dependerá que eso cobre volumen y el mapa de influencia se amplíe. De su sabiduría dependerá que, por mucho que suba, nunca se corte el vínculo con su kilómetro cero. Como los sabios no abundan en ninguna actividad, esto último no ocurre demasiado seguido.
El recorrido de Magda
En función de esas ecuaciones, Magda Ayala decidió regresar a la intendencia de Barranqueras, a la que llegó en 2019, cortando dieciséis años de permanencia del radicalismo en el poder comunal. En 2023 logró su reelección con más del 56% de los votos.
Su jugada más audaz se dio en 2025, cuando no aceptó el esquema de "unidad" planteado en el PJ por Jorge Capitanich y fundó, junto a otros dirigentes, "Primero Chaco", que presentó candidatos propios para las elecciones provinciales de mayo del año pasado. Asumió el riesgo de mostrar debilidad y obtener muy pocos votos. La apuesta le salió redonda: fue la sorpresa de los comicios y su lista metió dos diputados en la Legislatura. Una de esas bancas, para ella misma. Políticamente, le significó dejar de ser una figura de reparto y convertirse en protagonista. Y comenzó a hablarse de ella como una pieza de renovación de liderazgos en un peronismo que seguía sin procesar ni revisar la derrota del ’23.
A partir de allí Ayala tomó dos decisiones que algunos anotan como desafortunadas. Una, asumir la banca obtenida y dejar la intendencia portuaria. Lo hizo bajo la figura de una licencia que le permitía (como lo hará ahora) regresar al cargo comunal en caso de que lo quisiera. Es el "error" más discutible, porque también la habrían criticado si no hubiese asumido la diputación, transformando a su candidatura en testimonial.
El segundo fallo que ven varios observadores, sobre todo en el propio justicialismo, fue no mantener su distancia de Capitanich y acordar con él la lista unificada de las elecciones nacionales de octubre del ’25, donde aceptó acompañar al exgobernador en la boleta para senadores. ¿Qué se le reprocha? Básicamente, haber desarmado un experimento de recambio que había sido exitoso, para terminar confundiéndose con el coquismo en la alianza interna y, con ello, licuar buena parte de lo que había logrado. Hay quienes creen que eso tuvo algo que ver en el hecho de que el PJ perdiera sonoramente en Barranqueras en octubre, más la posibilidad de que los vecinos de esa ciudad se hayan sentido molestos por ver que la persona a la que habían elegido para gestionar la intendencia se había postulado para diputada en las elecciones provinciales y para senadora cinco meses después.
Todo importa
Desde ese punto de vista, el retorno de Magda a su municipio podría ser un intento de no descuidar su base de sustentación. Una diputación, en general, no sirve para cuidar la territorialidad. La experiencia muestra que, en realidad, suele provocar lo contrario. El regreso, desde esta perspectiva, podría ser algo así como barajar y dar de nuevo. Volver a lo seguro, o a aquello que no se puede dar el lujo de perder. Por eso hay tantos intendentes que buscan -y a veces logran- ser reelegidos una y otra vez. Dejar el poder territorial, obligado por una derrota o por la mudanza voluntaria a un ministerio o una banca, puede significar quedarse sin nada en el futuro.
Otros dicen que lo de Ayala es en parte eso pero también un pedido expreso de Capitanich, apuntando a que ella y los demás intendentes del PJ empiecen a cuidar de cerca sus municipios, pensando en la gran batalla del ’27, cuando el peronismo buscará regresar a la Casa de Gobierno. Podría ser esto, aquello, o un poco de ambas cosas.
Pero más allá del trasfondo de la decisión, lo que recuerda la salida de Magda de la Legislatura es que cada elección para gobernador se juega, en una proporción importante, en las pulseadas locales. Todavía muchos piensan que la derrota de Capitanich, en el ’23, ante Leandro Zdero, se debió a sus propios errores y desgastes pero también a que muchos jefes comunales le retacearon apoyo en las influyentes logísticas de los pueblos.
El radicalismo mismo, con menos ruido pero igual determinación, viene trabajando en aceitar su red de intendentes para que nadie se duerma de aquí a la gran final del año que viene, a la que -más allá de lo que se diga ante cámaras y micrófonos- todos imaginan como un partido durísimo y parejo. Uno de esos donde cada voto vale.
Por eso, uno de los desvelos de Zdero es Resistencia. Si Roy Nikisch cumple con su anunciada decisión de no volver a ser candidato a intendente en el distrito más importante de la provincia, el oficialismo tendrá un problema importante a resolver. Hay figuras en danza, como Hugo Matkovich, Carolina Meiriño o Carlos Salom, para tomar la posta si hiciera falta, pero en la UCR se preferiría que Roy Abelardo busque la reelección.
En la capital, el peronismo tiene un serio problema, porque no asoma una figura que pueda mostrar chances de ganar el municipio o de siquiera hacerle una elección pareja a radicales y libertarios. Eso acentúa la convicción en la oposición de que la meta debe ser minimizar las brechas negativas en Resistencia y en Sáenz Peña y meter pulmón en las demás jurisdicciones para compensar. Una fórmula que le funcionó en más de una ocasión desde el ’83 hasta aquí.
Son, con todo, asuntos colaterales. La impresión es que la elección se dirimirá, centralmente, por la percepción que tenga el ciudadano común sobre su situación económica y qué tanto lo entusiasme un futuro sin cambios de guardia. Por ahora, las encuestas hablan de una carrera muy pareja entre contendientes que no tienen demasiado para sacarse metros de ventaja.










