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Memorias de Resistencia

Un recuerdo de los parques de diversiones de Resistencia

Los Lugares habituales en que se instalaban eran en donde hoy es el Colegio Simón de Iriondo y su vecino el Laboratorio Central, en diagonal a Sameep, donde hoy es el Colegio Nacional. En La Lógica (Carrefour) o donde se encuentran los nuevos juzgados (Güemes y av. Laprida. Se instalaban los más grandes Parques de diversiones y los más grandes circos que visitaban nuestra zona: Los Parque más famosos eran el Hagemberg o el Hollywood Park. Entre sus juegos más comunes resaltaban el ovalo (una especie de vuelta al Mundo), el martillo (realmente una tortura), los autos chocadores y la pista de Indianápolis (donde nos sentíamos Fangio o el Cabezón Froilan Gonzalez), la muralla de la muerte (donde nos maravillaban las motos de Tony y Williams) y el tren fantasma (nuestro desafío era pegarle a los monstruos, ya que una vez descubrimos, que uno de ellos era un empleado avivado, que te pegaba un garrotazo de verdad, ese juego me costó una mano enyesada).

Hagemberg

La otra diversión eran los puestos de las kermeses: el tiro al blanco, bajar el muñeco con una pelota de futbol, La maza (Tenias que pegar con una maza en la base y hacer subir un pistón que tocaba una campana), únicamente Bonga (una especie de Charles Atlas de Resistencia, comía vidrios, tragaba sable, se hacía pasar un auto por encima o tiraba un camión con unas sogas) creo que lo logro, bajar las latas con pelotas de medias. Un juego que nunca pude ganar, consistía en tapar un círculo con 5 chapas redondas, para mi imposible. Al que sí le pude ganar era el Cuasi Cuasi (acertar la argolla en una botella o premio) dificilísimo, por que acertar no era nada, la argolla tenía que entrar en la base de madera, que servía de apoyo de los premios, ahí estaba lo difícil. Un día con mis amigos ganamos una botella de coñac Tres Plumas, gracias a mi altura y practica de básquet, seguramente fue una de las primeras borracheras de mi vida, inolvidable, nunca más un Tres Plumas.

Los premios que ganabas en el parque, eran unos vasos de vidrio ordinarios de color verde, un centro de mesa o una ensaladera del mismo vidrio, como una cantidad de baratijas que creíamos importantes y llevábamos como trofeo a nuestras casas. Lo que nunca vi, fue ganar los premios difíciles, los del último estante, casi un imposible.

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