Calor extremo en Europa: qué puede ocurrir en Argentina
En Europa, en el último mes, más de 380 millones de personas soportaron temperaturas superiores a los 30 grados y alrededor de 191 millones enfrentaron registros por encima de los 35 grados. Como consecuencia, se estima que al menos 1.300 personas murieron por causas relacionadas con el calor, mientras los hospitales trabajaron bajo una fuerte presión y numerosos servicios públicos debieron adaptarse a una situación sin precedentes. ¿Podría nuestra región sufrir un fenómeno parecido el próximo verano?
En el viejo continente, los efectos fueron especialmente graves en países como Francia, donde se registraron cerca de mil muertes atribuibles a las altas temperaturas, aunque las autoridades advirtieron que la cifra todavía podría aumentar. En varias regiones francesas los termómetros superaron los 43 grados y París alcanzó los 41 grados, lo que obligó a reforzar la atención sanitaria y provocó un incremento de los fallecimientos en personas mayores. Al mismo tiempo, Alemania, Austria, Reino Unido, Polonia, República Checa y otros países también rompieron récords históricos de temperatura, con impactos sobre el transporte, el suministro de energía y distintos servicios esenciales.
Frente a este escenario, el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, señaló que Europa es el continente que más rápido se está calentando y que lo hace a un ritmo que duplica el promedio mundial. Además, advirtió que el calor extremo suele convertirse en un enemigo silencioso porque muchas viviendas, escuelas y lugares de trabajo no fueron diseñados para soportar temperaturas tan elevadas. A su vez, recordó que las olas de calor, antes consideradas fenómenos excepcionales, ahora ocurren con mucha mayor frecuencia debido al calentamiento global.
Este panorama lleva inevitablemente a preguntarse si Argentina podría atravesar episodios similares en los próximos años. Los especialistas coinciden en que el riesgo de olas de calor aumenta como consecuencia del cambio climático y también puede verse reforzado durante los años en los que se presenta el fenómeno de El Niño. Sin embargo, aclaran que existen diferencias importantes entre ambos escenarios que hacen menos probable que el país alcance los niveles extremos observados recientemente en Europa.
Una de las principales razones se encuentra en la geografía. Mientras Europa forma parte de un hemisferio con una gran extensión continental, Argentina se ubica en el hemisferio sur, donde la presencia de vastos océanos cumple un papel regulador sobre la temperatura. El agua se calienta y se enfría con mayor lentitud que la tierra, por lo que ayuda a suavizar tanto los picos de calor como los descensos bruscos de temperatura. Gracias a este efecto natural, las condiciones extremas suelen ser menos intensas que las registradas en muchas regiones del hemisferio norte.
Eso no significa que Argentina esté libre del problema. Por el contrario, los expertos advierten que las olas de calor se han vuelto más frecuentes y prolongadas durante las últimas décadas. Se calcula que el país puede experimentar entre cuatro y diez episodios de este tipo en un mismo verano, una cifra superior a la observada años atrás. Además, cuando coinciden períodos de sequía, escasas lluvias y altas temperaturas, el calor puede intensificarse y generar consecuencias sobre la salud, la producción y el consumo de energía.
El fenómeno de El Niño también influye en este proceso. En general, favorece temperaturas superiores a los valores habituales y aumenta la probabilidad de que se desarrollen olas de calor durante el verano. No obstante, también suele traer un incremento de las lluvias y de la nubosidad. Esa mayor cobertura de nubes puede limitar el aumento de las temperaturas máximas, ya que reduce la cantidad de radiación solar que llega a la superficie durante las horas de mayor calor. Por ese motivo, aunque El Niño incrementa el riesgo de eventos cálidos, no necesariamente provoca episodios tan extremos como los observados en otras partes del mundo.
En Europa, además, las olas de calor recientes estuvieron asociadas a bloqueos atmosféricos que atraparon el aire caliente durante varios días y favorecieron el ingreso de masas de aire procedentes del norte de África. En Argentina los mecanismos que generan las olas de calor son diferentes, aunque el calentamiento global aumenta la probabilidad de que estos eventos sean cada vez más habituales.
Por todo ello, los especialistas consideran que se debe fortalecer los sistemas de alerta temprana, promover medidas de prevención y proteger especialmente a los grupos más vulnerables, ya que el calor extremo representa un desafío para la salud pública y para el funcionamiento de las ciudades.










