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Días de calibrar y recalcular

La política, como casi todas las actividades humanas actualmente, afronta el desafío de adaptarse a los cambios sociales, que se aceleran de la mano de las nuevas formas de interacción que generan las tecnologías en permanente evolución y que, en su rodaje, modifican también los asuntos de fondo. No necesariamente para bien, pero los transforman, alteran, reconfiguran. Nuestros dirigentes, claramente, suelen no saber en qué punto está todo eso y en qué lugar del dial pueden sintonizar con la sociedad.

relojero

El triunfo de Milei en 2023 fue la prueba más palmaria de eso. Pero aunque fue muy sorprendente que el liderazgo del libertario emergiera casi sin que ninguno de sus competidores lo tomara en serio, lo es más todavía que dos años después una buena parte de las figuras políticas sigan sin haber sabido interpretar lo sucedido. ¿En qué se nota? En que continúan haciendo política como si ese terremoto no hubiera sucedido.

Otro tiempo

El caso es que, en esta nueva era inaugurada por la victoria de Milei (tan increíble que uno de los principales promotores de su figura cuando recién lanzaba su proyecto presidencial fue Sergio Massa, quien desde el gobierno le ponía combustible a la camioneta libertaria pensando que la rival por vencer era Patricia Bullrich y que el crecimiento de Milei la iba a debilitar dejándole allanado el camino hacia el sillón de Rivadavia), las vacas atadas están en vías de extinción. Hay un electorado mayoritariamente independiente al que hay que seducir todos los días. Los partidarios de un sector o de otro dispuestos a tragarse todos los sapos que haga falta y a defender todas las cosas indefendibles que sea necesario defender son cada vez menos.

Eso, que es así para todos, no deja de tener sus curiosidades, como el hecho de que quienes suelen olvidar ese estado gaseoso de la opinión pública son los propios muchachos de Milei, principales beneficiarios en 2023 de las nuevas condiciones del mercado. El caso Adorni es una demostración. El gobierno estuvo más de cien días chocándose contra una columna del patio. Quemó crédito, deterioró la relación con sus aliados, debilitó el vínculo con muchos gobernadores y le regaló al kirchnerismo la oportunidad de… condenar la corrupción. Algo así como escuchar a la vinchuca pidiendo medidas contra el mal de Chagas.

En este nuevo contexto de exigencias para obtener o retener el respaldo ciudadano, el Chaco desenrolla sus propias historias del presente. Todo está abierto para 2027, excepto la noción muy sólida de que aquí volveremos a tener una puja polarizada entre la alianza de radicales y libertarios versus la opción que finalmente construya el peronismo. Ambos, con muchas variables por definir en sus respectivos territorios, calibran cómo captar ese huidizo voto que es de nadie.

Dos recorridos

Son dos historias diferentes. No solo por lo obvio, sino porque cada sector vive presentes distintos. El oficialismo tiene resuelta una cuestión importante: ya sabe quién será su candidato. La meta lógica es la reelección de Leandro Zdero. Ese ladrillo está puesto y libera a radicales y libertarios de varias incógnitas que sí marcan el tiempo peronista. El PJ debe dirimir si postulará nuevamente a Jorge Capitanich o si -como el mismo dice promover- la oferta justicialista saldrá de la lista de siete precandidatos que el propio exgobernador redactó para convocarlos y pedirles que compitan sin lastimarse demasiado.

La duda es si Capitanich realmente quiere desprenderse de la postulación al cuarto mandato o solamente hizo subir al escenario a los siete alternativos para dejar de ser el blanco preferido en el polígono de tiro del oficialismo. En ese plan, dicen los dueños de esta teoría, JMC se ahorraría disparos sobre sí hasta que, a último momento, daría por fracasada la búsqueda de una renovación y se pondría la campaña al hombro para procurar revancha frente a Zdero. Otros hablan hasta de un plan C: abrirle camino, como "candidato de la unidad", a su hermano Daniel, exembajador en Nicaragua y exintendente de Campo Largo. Todo está en la frontera entre la información y el chisme.

Pero fuera de los nombres (que no son un dato menor, en absoluto), el peronismo sigue sin resolver las dificultades de su discurso y de su pasado. No renovó su propuesta, no dice algo diferente y no plantea una autocrítica verdadera, no ya sobre el costoso vínculo con los gerentes del piqueterismo (que al PJ le hizo más daño del que íntimamente cree), sino también sobre la defensa de una concepción monocromática de la política e insustentable de la economía. Es, seguramente, un tema más nacional que provincial, pero que también pega en el Chaco. La principal dificultad que tiene la dirigencia peronista para criticar la gestión de Zdero es que estuvo 16 años manejando la provincia y que fueron los resultados de esa etapa los que indujeron a la ciudadanía a echarlos del poder.

Es verdad que, aun así, si en 2027 el balance de la gestión radical-libertaria es pésimo, el deseo de castigarla puede llegar a omitir las percepciones previas a 2023. Por eso el camino hacia las definiciones es sobre un suelo arcilloso y húmedo.

Calibraciones

Zdero, en tanto, viene haciendo reparaciones y correcciones en su barco. Tras el enroque que permitió la llegada de Carim Peche al Ministerio de Gobierno, acaba de relevar a su primer ministro de Salud, Sergio Rodríguez, para traer a Ricardo Mayol de entre los reservistas de la UCR. Bastante antes había metido mano también en Desarrollo Social, cambiando el titular del área.

El sistema sanitario es un asunto importante para un sector cada vez más amplio de la población. El hospital público era medio siglo atrás un servicio casi exclusivamente reservado para las familias sin cobertura de una obra social, pero hoy una buena parte de la clase media recurre a él por resultarles impagables los aranceles en negro que les exigen clínicas, institutos y profesionales para casi todas las prestaciones, con escasísimas excepciones. Mayol tiene la medalla, muy meritoria, de haber sido el ministro que permitió poner en marcha el nuevo Hospital Perrando (el actual), que en 2004, con Roy Nikisch en la gobernación, dejó atrás las ignominiosas condiciones en que se atendía a internados y pacientes ambulatorios en la vieja estructura. El complejo nuevo estaba prácticamente terminado, pero con las puertas cerradas, antes de la llegada de Nikisch. La sospecha es que lo conservaban inactivo para mantener la "industria de las derivaciones" desde la red estatal hacia centros privados para estudios y prácticas que, con el hospital recién construido, ahora se iban a poder efectuar en el propio Perrando.

Pero más allá de eso, la llegada de Mayol también suma un dato más sobre la manera en que Zdero va consolidando un esquema de poder interno nuevo en la UCR, previsible luego de su triunfo en 2003, que lo vincula con su movimiento de origen, Convergencia Social, referenciado en Ángel Rozas. Fue el sector más crítico del acuerdo del gobernador con Milei para las elecciones del año pasado. Al punto de que, durante las campañas de 2025, Rozas se abstuvo de dar entrevistas porque no quería aparecer cuestionando el pacto político definido por Zdero con el presidente y la hermana de este. "El mejor favor que puedo hacer es no hablar", dijo Rozas cuando le pidieron que saliera a respaldar la alianza.

Hoy Zdero parece tener mejor atado el consenso interno, y eso no es menor. A la vez, parece haber encontrado un discurso que le queda más cómodo en el vínculo con Milei. Reivindica el rumbo económico y, de alguna manera, juega también la "batalla cultural" contra los conceptos básicos de la era kirchnerista. Pero se corre de los arranques de ira del presidente contra todo lo que se le cruza enfrente.

Lo que falta, y lo sabe, es que ese rumbo se note en la realidad doméstica. Pero viene poniendo por delante datos de reducción de la pobreza, disminución de las mortalidades infantil y materna, más algunas señales de mejora de la calidad educativa, como para tratar de mostrar que, paradójicamente, el "ajuste salvaje" del que habla la oposición resulta, aun con esa brutalidad, mejor en algunas cuestiones de fondo que la supuesta "defensa del pueblo" de las alquimias peronistas.

Pero la última palabra reside en la gente. Que no está tan desconectada de lo que pasa como a veces pensamos los periodistas y los dirigentes, pero tampoco tan metida como para dejar de tener una capacidad personal, muy personal, de evaluar lo que sucede alrededor y lo que le toca vivir.

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