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Libro recomendado

Pequeña Fuegia: Un puente entre dos mundos

Autora: Mara Laudonia Editorial: Petreles Junio 2026

La periodista y escritora Mara Laudonia presenta un nuevo libro infantil sobre la vida real de Yokcushlu, conocida en los registros históricos como Fuegia Basket, una niña de pueblos originarios de Tierra del Fuego que fue llevada a Inglaterra en el siglo XIX a bordo del HMS Beagle.

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"Pequeña Fuegia. Un puente entre dos mundos", es un libro infantil ilustrado que recupera una historia real de la Patagonia y la acerca a lectores jóvenes con sensibilidad, rigor histórico y lenguaje accesible.

En el extremo sur de América, en Tierra del Fuego, vivía una niña de los pueblos originarios yámana llamada Yokcushlu. Tenía nueve años cuando su vida cambió para siempre: fue llevada a bordo de un barco inglés, el HMS Beagle, y emprendió un viaje extraordinario para su época, cruzando el océano hacia un mundo completamente desconocido.

Así comenzó la singular historia de Fuegia Basket, una niña fueguina que, en pleno siglo XIX, se embarcó hacia Londres y participó de una de las grandes expediciones científicas de su tiempo, junto al capitán Robert Fitz Roy y el joven naturalista Charles Darwin. A lo largo de ese viaje conoció otras culturas, otros idiomas y otras formas de vivir, en una experiencia única para una niña de los pueblos originarios de América del Sur.

La historia de Fuegia Basquet es, por otro lado, parte de la historia de los cimientos de Tierra del Fuego y parte de la historia entre dos naciones y, por tanto, de un valor cultural único.

Pensado para lectores desde los 8 años hasta los 99 años, Pequeña Fuegia combina una narración clara, ilustraciones evocadoras y una mirada respetuosa sobre la identidad, el desarraigo, la diversidad cultural, el encuentro entre culturas y el significado del hogar.

Con Pequeña Fuegia, Laudonia revivió un personaje peculiar de la historia argentina: "Fuegia Basket es una de las figuras más singulares del siglo XIX en el extremo sur de América: una de las primeras mujeres de pueblos originarios del sur conocidas por haber viajado a Europa y una testigo excepcional de su tiempo, que conoció dos civilizaciones y, sin embargo, permaneció fiel a la suya", sostiene la autora.

El libro abre un eje de discusión para leer en familia, en escuelas, bibliotecas y espacios culturales. También funciona como herramienta para trabajar historia argentina, historia de la Patagonia, pueblos originarios, educación intercultural, biografías reales para niños y viajes de exploración.

"Quise contar la historia de Fuegia desde una mirada sensible, cercana a los chicos, pero sin perder el respeto por la complejidad histórica de su vida. Su viaje abre preguntas sobre identidad, pertenencia, memoria y encuentro entre mundos", concluye Laudonia.

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Mara Laudonia es periodista, escritora y licenciada en Economía por la Universidad de Buenos Aires. Trabajó en medios como Clarín, Télam y El Cronista, donde fue corresponsal en Washington DC. Es autora de La Gobernadora (Sudamericana, 2016) y Los buitres de la deuda (Biblos, 2013). En Pequeña Fuegia, combina investigación histórica, literatura infantil y su interés por las culturas del extremo sur.

Editorial Petreles es parte de Proyecto Petreles, un ecosistema editorial, digital y cultural dedicado a crear, publicar y acompañar ideas, historias y conocimientos con identidad propia. Publican libros que invitan a explorar, entender y conectar, abordando temas vinculados con la cultura, la historia, el territorio, la infancia, la educación, la economía y las distintas formas de entender el mundo.

Les compartimos algunos fragmentos del libro, que viene editado con ilustraciones imperdibles…

En el fin del mundo, donde la nieve toca el mar, hay un lugar frío y hermoso.

Allí el viento sopla fuerte y el agua es cristalina y profunda.

Ese lugar se llama Tierra del Fuego.

Ese nombre tiene una historia.

Hace muchos años, vivían allí pueblos originarios que conocían muy

bien el mar, los bosques y el frío.

Hablaban su idioma y tenían sus propias costumbres.

Sabían pescar, navegar en canoas y encender fuego para cuidarse del

clima. Por eso, cuando los viajeros europeos pasaron por allí en barco

y vieron tantas fogatas encendidas en la costa, llamaron a ese lugar Tierra del Fuego.

En esas tierras, hace casi doscientos años, vivía una niña

llamada Yokcushlu, a quien todos llamaban Yoku.

Jugaba con otros niños, pescaba con su familia y

escuchaba historias de los mayores junto al fuego.

Vivía entre el mar y las montañas, en casas

hechas de ramas y hojas, y se vestía con

pieles de animales para abrigarse del frío.

Un día, cuando Yoku tenía nueve años, apareció un barco muy

grande, distinto a todos los que había visto antes. Se movía

impulsado por la fuerza del viento, gracias a sus velas. Se llamaba

Beagle y ancló frente a las montañas nevadas donde vivía Yoku.

Del barco gigante bajaron hombres desconocidos que llegaron a la

playa en un bote pequeño. Hablaban en inglés, un idioma que Yoku

no podía comprender.

Los marineros caminaron por la playa y se alejaron del bote.

A Yoku y a sus amigos se les ocurrió esconderlo por un rato.

Pero cuando quisieron devolverlo, el bote ya no estaba.

Después se sintieron mal por esa travesura. Para ayudar a los

marineros a regresar al Beagle, entre todos armaron una

nueva canoa con ramas y cuero. Era pequeña y liviana, como

una canasta flotando sobre el agua.

El capitán del Beagle era un marino inglés llamado Robert FitzRoy.

Al enterarse de lo ocurrido con el bote, ordenó a sus marineros

traer a esos niños. Cuando vio a Yoku, no sabía cómo se llamaba

ni entendía sus palabras. Entonces decidió llamarla Fuegia, porque

la había encontrado en Tierra del Fuego.

Y le puso un apellido, Basket, en recuerdo del bote que se habían llevado.

Así fue como Yoku pasó a llamarse Fuegia Basket.

El capitán FitzRoy vio en Fuegia a una niña muy inteligente y pensó que

podía enseñarle nuevos idiomas y costumbres. Sin imaginar cuánto

cambiaría su vida, decidió llevarla con él a un lugar muy lejano: Inglaterra.

También llevó al barco a los otros tres jóvenes fueguinos, a quienes llamó

Jemmy, York y Boat. Pensó que ese viaje ayudaría a que dos mundos muy

diferentes se conocieran.

Fuegia subió al Beagle y, sin saberlo,

comenzó así un viaje largo y desconocido.

Dejó atrás su hogar, a sus seres queridos y el

mar entre islas y montañas al que ella

llamaba Onashaga.

El barco se dirigió hacia el norte y navegó en un océano inmenso

que parecía no tener fin.

Durante semanas, Fuegia solo vio agua, viento y olas.

Mientras miraba el horizonte, pensaba si alguna vez volvería a ver su

familia, a los bosques de lengas, de ñires y de notros; a los lobos marinos

y a los pingüinos, o a probar los calafates que tanto le gustaban.

Luego de casi dos meses de viaje, Fuegia y sus compañeros

llegaron a Londres.

La ciudad los sorprendió por completo.

Había casas de piedra y ladrillo, carruajes tirados por caballos y

faroles que iluminaban la noche.

También había grandes edificios con chimeneas que soltaban humo

y un ruido constante por todas partes.

Todo era muy distinto a las canoas y los fuegos de su tierra na

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