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Opinión

La confianza

La política rompió la cadena de confianza y no se recompondrá con discursos y promesas, sino con gestos, acciones y conductas.

Considero que en este último año hemos llegado al límite aceptable en pérdida de confianza social. No es un fenómeno de este año. Es una caída gradual. Es un deslizamiento lento en pendiente. En el período democrático iniciado en 1983, partimos de la euforia: con la democracia se come, se cura y se educa, recitado por Raúl Ricardo Alfonsín, primer presidente de este período, para terminar en el descrédito de la clase política, al asociar la representación popular con la ineficiencia, la falta de capacidad para solucionar los problemas cotidianos y el enriquecimiento sin causa.

Cuarenta y tres años bastaron para que, desde la política, dilapidemos la confianza popular. La confianza es un activo indispensable para el desarrollo de cualquier actividad. El niño confía en su madre y por eso aprende de ella. El comerciante confía en su cliente y por eso le fía. El alumno confía en la sabiduría del profesor y por eso le cree y aprende de él y, así las cosas, la confianza es la plataforma de interrelación humana que permite crecer y vivir en paz.

La política rompió la cadena de confianza y no se recompondrá con discursos y promesas, sino con gestos, acciones y conductas. Se atribuye a San Francisco de Asís la frase: "Predica el Evangelio en todo momento, usa palabras si es necesario" ella nos enseña que el mejor sermón es una vida ejemplar. Hoy todo puede ponerse en duda. La honestidad, las intenciones, la verdad del discurso, los antecedentes personales, en fin, todo. Vivimos en modo duda, en modo desconfianza.

interna politica
Dibujo: VIOR.

La política ha hecho lo suyo para dinamitar la confianza, pero también lo han hecho los comunicadores, los medios de comunicación, la tecnología incorporada a la existencia de las redes, que permite navegar sin límites ni responsabilidad a la generación de dudas, que matan las certezas. ¿Será posible ponerle freno a la irresponsable actitud ciudadana de creer que algo es cierto, sin base de apoyo real y otorgar por lo menos el beneficio de la duda, antes de condenar y difundir un juicio absoluto sin base?

Ya no sirve sugerir que lo resuelva la justicia porque está afectada por la pérdida de confianza y sus procedimientos se quedaron en el tiempo. Los periodistas investigan más rápido que los fiscales y los tiempos procesales corresponden a épocas cuando los expedientes se ataban con hilos de algodón. Si el café viene instantáneo y el mate cocido en saquitos, porque nadie espera una ceremonia para gozar de una infusión, aunque se abogue que el resultado es mejor, nos muestra que las personas buscan inmediatez aún a costa de calidad. "Si es chorro tiene que ir hoy en cana", mientras que la respuesta de la justicia viene con la lentitud de una babosa embarazada, según la descripción de una querida amiga mía que adopto para este caso.

Si esto es así, los que creemos que la única verdad es la realidad tenemos que ser los abanderados de generar nuevos mecanismos, nuevas pautas de conducta social y nuevos procedimientos en el estado. El camino es más que difícil, porque hay bibliotecas enteras que se derramaran sobre la imposibilidad de hacerlo y la necesaria protección de derechos y solo un cajoncito de hojas justificando la necesidad de tener deberes éticos y legales para convivir en sociedad. Producir cambios no es para tibios. No se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos y esto es una realidad. No veo hoy actitudes en el sentido de romper huevos, veo condescendencia, necesidad de quedar bien con todos, cuando la consigna será quedar mal con todos, porque todos serán afectados por los cambios de pautas y consignas.

Ahora bien, si no cambiamos el sentido de la pendiente del plano inclinado por el cual nos deslizamos, no hay ninguna duda, nos irá cada vez peor y tendremos que remontar desde más abajo y con más dolor para recrear confianza.

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Estoy convencido de la necesidad del cambio y que debe hacerse en democracia, pero además veo que el camino es largo por esta ruta, porque hay que hacer docencia para ello; militar la necesidad del cambio y esa tarea no traerá adherentes de inmediato y no conseguirlo aleja del poder, que es lo que se busca afanosamente desde el proselitismo electoral.

Ya se convocó a la sociedad para producir un cambio y termina en fracaso. Lo dije en una nota anterior: "La lucha contra la casta terminó simplemente en el cambio de nombre de los titulares de la casta. El combate contra la corrupción presentó a la sociedad nuevos corruptos. El juzgamiento inmediato por parte del poder mediático les pagó a los nuevos líderes con la misma moneda depreciándolos socialmente". ¿Por qué termina mal? Porque la voluntad del cambio no fue genuina, fue el biombo para esconder otras políticas no plebiscitadas.

A los viejos de la política, por ahí nos cuadra la letra de la canción: "Tantas veces me he jugado el corazón que lo he perdido". Pero el mensaje para los nuevos es "juéguense un poquito". Lo necesitamos.

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