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Opinión

¿Adónde vamos, sin plata ni trabajo?

Quien gobierna debe intervenir activamente en la economía mediante obra pública y fomento industrial para evitar el desempleo y garantizar la justicia social.

Decía el general Perón: "Gobernar es crear trabajo". La doctrina justicialista sostiene que el Estado tiene la obligación de garantizar el derecho a trabajar, promover la producción nacional y asegurar la movilidad social. La visión justicialista contempla el trabajo como motor de dignidad y sostiene que el empleo no es solo una variable económica, sino la base material que permite a las personas satisfacer sus necesidades y realizarse espiritualmente.

Quien gobierna debe intervenir activamente en la economía mediante obra pública y fomento industrial para evitar el desempleo y garantizar la justicia social. Se debe alejar la gestión política de las meras regulaciones financieras o especulativas y enfocarla en la economía real para en proteger a la clase trabajadora frente al capital.

Hoy se hace todo lo contrario, sumiendo en la pobreza a los mismos que eligieron el camino. Socialmente raro ¿No?

Razonemos. Fuera del sector público abarrotado de empleados. ¿Quién da trabajo? Las empresas. Sean estas personas físicas o jurídicas. ¿Qué es una empresa? No es un concepto jurídico, sino económico, es la convergencia de tres factores: capital, trabajo y organización.

El capital es el factor de riesgo que se aporta persiguiendo rentabilidad. Sin riesgo no hay lucro. El trabajo es indispensable y el proyecto empresario debe prever su adecuada remuneración y estar indemne al riesgo. La organización es la responsabilidad del empresario para hacer exitoso el proyecto.

Las empresas son las células de la economía que crean bienes y prestan servicios. La economía es la que aporta recursos al estado. Resumiendo, sin empresas no hay estado sustentable.

Demos vuelta la página. La producción solo se sustenta si se puede colocar el producto en el mercado, en condiciones de rentabilidad. Si bien diseñar proyectos rentables es responsabilidad del empresariado, el estado debe intervenir para adecuar el escenario y no complicarlo con sus acciones.

Tenemos una economía donde hemos achicado la demanda y le abrimos las puertas a la oferta desde escenarios con costos menores por economías de escala distintas, con ello condenamos a la ausencia de rentabilidad local que se traduce en la baja de los emprendimientos y la disminución del empleo.

Un equilibrio fiscal mal conseguido y en alguna medida ficticio, nos arrastra a una pobreza generalizada y aumenta la tensión social. Curiosamente, los más afectados por el modelo son los que lo eligieron masivamente, pero como la política se ha convertido en mala palabra, nadie analiza el fondo de las cuestiones y se suman atrás de consignas que lo perjudican.

sin plata sin empleo emprendedores
Foto: fund.ar
Crédito: Fundar

Los sectores de la economía clasifican las actividades productivas de un país en Primario: Extrae recursos naturales, o sea, se encarga de la obtención y extracción de recursos directamente de la naturaleza, materias primas, sin que sufran una transformación industrial. Secundario: transforma estas materias primas en bienes, o sea, abarca las actividades como la Industria manufacturera, construcción, producción de energía y metalurgia, agregando valor a los recursos extraídos, creando bienes de consumo final como ropa o alimentos envasados o bienes de capital como maquinaria y vehículos y Terciario: brinda servicios a la población o sea, no produce bienes materiales de forma directa, sino que se encarga de satisfacer necesidades sociales como el comercio, transporte, turismo, educación, salud, finanzas y administración pública facilitando el funcionamiento de los otros dos sectores y mejora la calidad de vida de la sociedad.

Considero que hay que poner al país en "modo producción y trabajo", pero la verdad, no veo que las políticas públicas estén orientadas en esa dirección. Se está encandilado con que "todo se soluciona si conseguimos equilibrar las cuentas y no tener déficit", pero el avance en ese sentido trajo un importante retroceso en materia de consumo, trabajo y bienestar de la población.

Desde el odio, no se construye. Solo se construye desde el afecto y la solidaridad. La instalación del odio como premisa generó una grieta que parece insalvable. La lucha contra la casta terminó simplemente en el cambio de nombre de los titulares de la casta. El combate contra la corrupción presentó a la sociedad nuevos corruptos. El juzgamiento inmediato por parte del poder mediático les pagó a los nuevos líderes con la misma moneda depreciándolos socialmente.

Será que en algún momento se reflexionará acerca de que los que conducen la sociedad salen de nuestras propias decisiones. Será posible que la sociedad interpele a la política desde la racionalidad y los que pretendan gobernarla transmitan con honestidad que piensan hacer si se les delega el mando. Este país grande y generoso, no aguanta más carecer de ciudadanos responsables y comprometidos, tanto para ser elegidos, como para elegir.

Se me ocurre pensar, si somos los campeones de los blanqueos y las moratorias, no será posible hacer un blanqueo político, dejando atrás en conjunto errores cometidos y diseñando una moratoria para pagar la deuda económica y social, poniendo todo como una política de estado que supere la ocasional conducción elegida. Utópico, ¿no? De cualquier forma, no veo otro camino.

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