Adiós al gigante: vecinos siguen de cerca la remoción de un centenario eucalipto
El enorme árbol se desplomó a comienzos de junio sobre la avenida Laprida. Mientras continúan las tareas de remoción, cientos de personas se detienen a observar una escena que combina sorpresa, nostalgia e historia urbana.

Desde hace varios días, una imagen inusual capta la atención de quienes transitan por la avenida Laprida al 100. Allí, en el Paseo de los Niños, operarios municipales trabajan intensamente para retirar los restos de un gigantesco eucalipto que cayó a tierra durante la tarde del pasado 2 de junio.
El coloso verde, considerado por muchos vecinos como parte del paisaje tradicional de la zona, se desplomó cerca de las 16 horas. Según testimonios recogidos en el lugar, el árbol "se vino abajo solo", sin que se registraran fuertes tormentas o vientos que explicaran su caída.
La antigüedad del ejemplar es motivo de debate entre los residentes. Algunos aseguran que tenía alrededor de 135 años, mientras que otros estiman que podría haber superado ampliamente los dos siglos de vida. Más allá de las cifras, existe consenso en que se trataba de uno de los árboles más antiguos y emblemáticos del sector.

La magnitud del tronco y de sus ramas convirtió el lugar en un punto de atracción para curiosos, vecinos y transeúntes. Muchos se detienen a contemplar la escena, tomar fotografías o registrar con sus celulares el trabajo de los operarios municipales que avanzan con el troceo y retiro de los restos.
Las tareas incluyen el corte de ramas y troncos de gran porte, el despeje del área y el traslado de los residuos vegetales para su disposición final. Se trata de un procedimiento complejo que demanda maquinaria especializada y estrictas medidas de seguridad.

Mientras las motosierras y los equipos municipales avanzan sobre lo que alguna vez fue un gigante del arbolado urbano, la caída del viejo eucalipto deja una mezcla de asombro y melancolía. Para muchos vecinos, no se trata solamente de un árbol derrumbado, sino de una parte de la memoria viva de la ciudad que desaparece lentamente entre troncos cortados y montañas de ramas.










