"Estamos dejando la mesa de la democracia a máquinas controladas por ejecutivos"
La filósofa hispanomexicana advierte que la IA es una máquina de predicción que, bajo falsa neutralidad, erosiona la rendición de cuentas y la democracia.

Véliz irrumpió en 2020 en el debate público con su libro "Privacidad es poder", donde denunció cómo gobiernos y empresas nos extraen datos de forma continua en una sociedad de la vigilancia. En junio próximo publicará "Profecía", que ella misma define como "una reflexión sobre los usos y abusos de la predicción, desde el Oráculo de Delfos hasta la inteligencia artificial, porque aunque la tecnología sea muy diferente, en realidad el rol político que está jugando es muy parecido".
Para Véliz, la historia muestra un patrón recurrente: junto a los líderes políticos siempre han existido profetas. "Al principio eran oráculos o magos, luego eran astrólogos, luego se convirtieron en científicos sociales, luego en economistas. Ahora estamos viendo a los ejecutivos de las tecnológicas o a los científicos de computación o a los analíticos de datos", explica.
Y subraya: "Uno de los patrones de la historia es que las predicciones se usan como herramientas de poder y es una herramienta de poder muy poderosa". ¿Por qué? Porque "suenan como hechos, se visten de ciencia, se visten de tecnología, se visten de neutralidad, cuando en realidad están infundidas con ideología y crean barreras a la rendición de cuentas y la responsabilidad".

Si una decisión se basa en hechos, es posible desafiarla; pero si se basa en una predicción, "como no es falsificable porque no es un hecho, es mucho más difícil desafiarla". Las predicciones, añade, nacen "en estas burocracias oscuras que son muy difíciles de navegar porque no hay reglas ni criterios, porque no son transparentes. Y eso es muy tóxico para la democracia".
En este panorama, la inteligencia artificial juega un papel central. "La inteligencia artificial no es nada más que una máquina de predicción. El motor con el que funciona es un motor de predicción. Lo que hace es tomar datos históricos y proyectarlos hacia el futuro", sostiene Véliz. Y lanza una "Nos estamos levantando de la mesa de la democracia y dejándola a estas máquinas que en realidad están controladas por ejecutivos con intereses financieros".
Pese a la gravedad del diagnóstico, la filósofa se muestra optimista. Recuerda que "en la historia, por ejemplo, el movimiento en contra de la esclavitud, solamente lo apoyaba entre el 5% y el 10% de la población, pero luego cambió el mundo. No hace falta ser perfectos ni que toda la población esté en el movimiento para hacer un cambio importante". La resistencia es posible porque "todas estas tecnológicas dependen de nosotros. Somos la materia prima. Si dejamos de colaborar o colaboramos menos o escogemos otro tipo de producto, eso tiene un gran efecto".
Al dejar de usar ciertas apps y servicios, advierte, no solo se recupera poder sobre la propia vida —"mientras más limites ese poder que tienen sobre ti, más autónomo eres"—, sino que también se ayuda a construir democracia. "Hay mucha satisfacción en saber que tienes más poder del que esas grandes tecnológicas quieren que pienses que tienes", afirma.
Justo en el momento de mayor asedio a la privacidad, Véliz transmite un mensaje de "Es cuando se echa la oscuridad cuando hay que resistir, plantarle cara y construir". Y recuerda un hecho "somos seres analógicos". Por más que la tecnología digital haya conquistado gran parte de la vida, "al final somos seres que necesitamos agua, comida, un abrazo, ver un atardecer o caminar en la naturaleza". Por eso recomienda construir "espacios libres de tecnología", como conversaciones íntimas sin teléfonos ni micrófonos, donde la comunicación sea efímera. Además, defiende el aprendizaje en papel y de la mano de personas "La manera más efectiva de aprender es, por una parte, en papel y, por otra, de la mano de una persona a la que le apasione el tema".
Entre los hábitos digitales más tóxicos, señala el doomscrolling, esos desplazamientos infinitos por redes sociales cargados de negatividad. Frente a ello, propone protegerse con la lectura en "Cuando estás leyendo un libro de papel no hay notificaciones, no te están vigilando, no hay distracciones. Te estás puliendo y ejercitando ese músculo de la atención que necesitas para cualquier cosa, no solamente para concentrarte y para pensar y seguir un argumento complejo, sino también para disfrutar". Y "Estar distraído todo el tiempo es una receta para la ansiedad y la pérdida del presente". El libro, afirma, "sigue siendo la tecnología más sofisticada para aprender del mundo, del pasado, de otros con diferentes experiencias".
Véliz critica además lo que llama una "renuncia cognitiva": "Leer un libro es inconveniente, escribirlo es muy inconveniente, tener una familia es inconveniente, tener amigos es inconveniente. Te generan tensión, pero subir una montaña es inconveniente, andar en bici, hacer ejercicio… todo lo importante en la vida es inconveniente". Su conclusión es "No hay que poner la conveniencia como el valor más importante en la vida porque es una receta a mucha infelicidad".














