El motor productivo está marcha, no lo paremos
La provincia del Chaco, cada vez más agobiada por la escasez de recursos económicos y financieros, no puede depender de manera exclusiva de la coparticipación ni de "favores" ocasionales como los ANR. Entonces, el agro y la foresto-industria, ¿por qué tienen tantas trabas para desarrollarse?
Son las 3 de la tarde del sábado 16 de mayo. La Ruta 16 entre Los Frentones y Pampa del Infierno, atestada de tractores y de maquinarias agrícolas junto a casillas rodantes. Nadie se enoja, es más, los automovilistas saludan a los maquinistas. Es que saben que está en marcha el aparato productivo en el departamento Almirante Brown.

Están en plena cosecha de soja. En una estación de servicios, proveedor de gas oil, el paisaje se repite hora tras horas: largas filas de camionetas con cisternas esperando para cargar combustibles.
El paisaje es imponente cuando el campo se pone en marcha. El campo está en marcha. Mientras cosechan la soja, por detrás, en algunos lotes, viene la siembra de trigo.
A COSECHAR 200 MIL HECTAREAS DE SOJA
Este año se implantaron en el departamento Almirante Brown, unas 200.000 hectáreas de la oleaginosa, y también por estos días se está cosechando el sorgo, que tuvo un área de siembra superior a las 80.000 hectáreas.
"Y ahora, se espera una siembra masiva de trigo y de girasol", le dijo a este periodista un productor de la zona que lo encontramos en una parrilla de la zona.
Según las estimaciones, 80.000 hectáreas se ocuparán para sembrar trigo, y unas 120.000 para girasol.
LA OTRA CARA
Pero en el agro no todo es color de rosas: En algodón, disminuyó la superficie de siembra por cuestiones climáticas y con ella calidad de fibra, mientras Santiago del Estero avanza a pasos firmes consolidando el cultivo.
El resto de los cultivos en una gran franja del Chaco, sojas y maíces, hoy está muy complicado, rindes de soja de 800 kilos a 3.500 kilos por hectárea según los lotes. Y Chaco tiene el 90% de los productores endeudados, y para salir de esta situación de deuda, se necesitarían unas tres campañas consecutivas con buenas rindes o aceptables.
En cuanto a los permisos de desmonte van a pasar varios meses de burocracia, y esto se da en la provincia más pobre de la Argentina en determinar que hacer.
INSISTO
Insistiremos aquí con algo que lo venimos señalando desde hace varios domingos: si el Chaco sigue reaccionando con lentitud en el proceso de llamado a audiencias públicas se nos irá un año más sin otorgar los cambios de uso de suelo que ya los determinó el nuevo ordenamiento territorial.
O sea, no es válida la excusa que recién hace poco tiempo tenemos la medida. Hay que acelerar todo lo que se pueda y atreverse a consultar a los cuadros del sector.
Sin cambio de uso de suelo no hay desarrollo posible, señores. No puede ser que perdamos otro año más (tres años anteriores minados de amparos presentados por los ecologistas que prefieren ver morir de pie a un árbol que ver que ese árbol que le sirva para cinco familias pueda subsistir en una carpintería, por ejemplo).
La provincia del Chaco enfrenta una contradicción estructural que compromete su futuro. Toda la coparticipación federal se consume en sueldos, sin margen para inversión productiva. Y el único motor económico que sostiene a la provincia —el campo, incluida la foresto industria— es permanentemente objetado por sectores ambientales de Resistencia y Buenos Aires.
Evitemos, queridos amigos, seguir cayendo en esta contradicción: seguimos cuestionando la única actividad que genera producción y empleo en el territorio.
Otra de las contradicciones es que, desde la Nación, se habla del Rigi, mini Rigi, y es algo extraordinario y tan productivo para el país. Pero, habla de petróleo, de gas y de minería. ¿y nosotros en el Chaco?.
EL MODELO CENTRALISTA
En cuanto a lo que se dispone desde la orbita federal, como no existe superávit fiscal —o es mínimo y destinado a pagar deudas— el desarrollo de los sectores industriales que pueden tener financiamiento,se financian con el sacrificio del campo. Retenciones(aunque van a anunciar una rebaja), costos crecientes y un dólar no competitivo son la carga que soporta el agro, sin recibir beneficios a cambio.
En el Chaco, donde el campo es la única base productiva, la situación es aún más crítica. Si no se mejoran las condiciones para el agro y la coparticipación se destina exclusivamente a sueldos, la provincia queda sin futuro.
La pregunta que queda planteada es si la Argentina puede darse el lujo de dejar fuera del modelo a provincias como el Chaco, cuya única posibilidad de desarrollo depende de que se reconozca y fortalezca al sector agropecuario.
No le temamos más a los desafíos: utilicemos de manera racional los recursos naturales que ya están dispuestos por ley, el desarrollo es una imperiosa necesidad, no un capricho.










