Los mayores de 65 años aumentan su presencia en el mercado laboral, con empleos precarizados
En el Gran Resistencia, la cantidad de personas de este rango etario que tiene empleo creció un 200% en la última década. En el país, fue el grupo de mayor suba relativa en ese período, dejando en segundo lugar a la franja de trabajadores entre 45 a 54 años (+29,8%).
En 2016, el Gran Resistencia registraba 1.814 personas de 65 años y más ocupadas en el mercado laboral. Casi una década después, en 2025, la cantidad creció hasta 5.433, lo que representa un avance de casi el 200%. En términos relativos, este grupo etario pasó de representar el 1,3% sobre el total del empleo en este aglomerado al 3,0%, punta a punta en el período analizado.

Aunque en la mayor parte de los aglomerados del país el cuentapropismo es la forma predominante de empleo del grupo etario analizado, en el caso chaqueño la realidad es diferente, ya que las personas de 65 años y más están empleadas en su mayoría en trabajos asalariados (56,0% de participación), versus un 30,9% que los ocupados de este grupo representan en la categoría de cuentapropistas.
"La dinámica sugiere una creciente necesidad de generar ingresos por fuera de esquemas laborales más estables, en un contexto donde las jubilaciones pierden capacidad de compra y muchas personas mayores deben continuar trabajando para sostener sus gastos cotidianos", es una de las conclusiones del informe de la Consultora Politikon Chaco sobre la predominancia del cuentapropismo.
El reporte que analiza este grupo etario +65 da cuenta de que, desde el 2023 se viene incrementando su nivel de participación. Tanto que el dato de 2025 de todos los aglomerados del país se ubica como el segundo más alto desde 2016, superado únicamente por el registro de 2019 (5,2%). Es decir, en los últimos tres años se viene dando un crecimiento de los mayores de 65 que se incorporan al mercado de trabajo mientras que, en paralelo, en ese mismo período viene decreciendo la participación de las personas de hasta 24 años.
El reporte puntualiza que, al cuarto trimestre del 2025, sobre un total de 13,5 millones de trabajadores (en todas sus categorías ocupacionales) que se contabilizaron en los aglomerados urbanos del país, según la EPH-INDEC, el grueso de los mismos se concentró en el rango etario de 35 a 44 años (26,3% del total), seguido por los de 25 a 34 años (22,7%), de 45 a 54 años (22,3%), de 55 a 64 años (13,2%), de hasta 24 años (10,4%) y cierran las personas de 65 años y más (5,1%).
Observando en particular la dinámica de evolución de los +65 años en los últimos años, para 2016 se contabilizaban unos 517.441 trabajadores en ese rango etario, pasando a unos 686.160 para 2025, creciendo 32,6%. Así, se convierte en el rango etario de mayor crecimiento relativo, superando con creces al total general (+17,8%) y dejando en segundo lugar a la franja de entre 45 a 54 años (+29,8%). Las personas de hasta 24 años, por su parte, muestran la menor variación relativa del período (4,9%).

Aglomerados
Los aglomerados urbanos relevados por EPH-INDEC que exhiben los mayores niveles de participación de personas de 65 años y más dentro del segmento de los ocupados, en 2025, son CABA (7,6% del total), Gran Tucumán (6,5%) y Posadas (6,1%). Además, se posicionan por encima del nivel general nacional los partidos del GBA (5,4%), Gran Rosario (5,2%) y San Nicolás-Villa Constitución (5,2%), al tiempo que Mar del Plata (5,1%) se ubica en igual nivel que el total país.
El Gran Resistencia se ubica por debajo del promedio nacional, con un 3,0% de participación de personas de 65 años y más dentro del segmento de los ocupados, en 2025.
En el extremo opuesto, Viedma-Carmen de Patagones, Neuquén-Plottier y Comodoro Rivadavia-Rada Tilly presentan los menores niveles de participación de los ocupados +65 (1,4%, 1,2% y 1,0%, respectivamente).
En cuanto al nivel de participación de los +65 en el empleo, entre puntas (2025 vs 2016), el escenario en el país aparece dividido: en 16 aglomerados se amplió y en otros 16 se redujo. Entre los que mostraron mayores expansiones, se encuentran Río Gallegos (+2,9 puntos porcentuales), Gran San Juan (+2,6 p.p.), Gran Tucumán (+2,5 p.p.), Santiago del Estero-La Banda (+2,2 p.p.) y Posadas (+2,1 p.p.). Aquí, el Gran Resistencia aparece en el séptimo lugar, con un avance de 1,7 p.p.
En el extremo opuesto, los aglomerados con mayor reducción en la participación relativa de los +65 fueron Gran Mendoza (-1,1 p.p.), Rawson-Trelew (-1,3 p.p.) y Comodoro Rivadavia - Rada Tilly (-1,3 p.p.).
Observando la variación en la cantidad de trabajadores +65 ocupados por aglomerado, surge que entre 2016 y 2025, en Santiago del Estero-La Banda la cantidad creció en 430,8%, seguida por Río Gallegos con +352,4% y Gran San Juan con +234,0%, al tiempo que otros tres aglomerados también presentaron alzas mayores al 100%, como Gran Resistencia (+199,5%), Santa Rosa-Toay (+117,5%) y Concordia (+115,6%).
Por el contrario, en solo siete aglomerados la cantidad absoluta de ocupados +65 disminuyó entre 2016 y 2025; de esos, los descensos más fuertes se vieron en NeuquénPlottier (-19,0%), Rawson-Trelew (-34,1%) y Comodoro Rivadavia-Rada Tilly (-50,2%).

A qué se dedican
El reporte revela que, en 21 aglomerados, el cuentapropismo es la forma predominante de empleo del grupo etario analizado, con picos que llegan hasta el 70,6% del total en Rawson-Trelew, seguida por el 68,5% en Salta y 62,9% en Gran Rosario. Pero hay otros 12 donde el cuentapropismo representa más del 50% del empleo +65 total. En cuanto al aglomerado chaqueño, las personas +65 representan en esta categoría el 30,9% de los ocupados.
Por su parte, el empleo asalariado es mayoría en los once aglomerados restantes, con picos en Ushuaia-Río Grande (74,5%), La Rioja (67,5%) y Gran Resistencia (56,0%), superando el 50% en otros cuatro aglomerados más.
Los patrones, por su lado, exhiben niveles de participación muy dispares: por un lado, los mayores se ven en Santa Rosa-Toay (34,6%), Formosa (29,0%) y Río Gallegos (22,3%) pero en el otro extremo, no llegan al 3% en Gran Rosario, Gran San Juan y Gran Córdoba, al tiempo que en el Gran San Luis y Comodoro Rivadavia-Rada Tilly no se registraron ocupados+65 en esta categoría.
Finalmente, los trabajadores familiares sin remuneración son minoría en todos los aglomerados, pero también con brechas entre sí: superan el 5% del total en La Rioja (5,8%), Santa Rosa-Toay (5,5%) y Mar de Plata (5,1%), pero en veinticinco aglomerados urbanos no se registraron ocupados +65 en esta categoría.

Tasa de actividad: subas desde 2021 y un máximo en 2025
Haciendo foco en la situación laboral de las personas de 65 años y más, se observa que en 2025 alcanzaron un máximo en la tasa de actividad: fue del 18,9%, incrementándose 3,4 puntos porcentuales respecto al inicio de la serie (2016) y con subas sostenidas desde el año 2021.
A su vez, la tasa de empleo de este rango etario también alcanzó un pico en 2025: marcó 18,1%, incrementándose desde 2023 y ubicándose también +3,4 p.p. respecto al inicio de la serie. Por su lado, la tasa de desocupación fue del 3,9%, disminuyendo respecto a 2023 y 2024 (4,0% y 4,6% respectivamente).
En términos absolutos, entre 2016 y 2025, la población de 65 años y más creció en 7,5% entre puntas; pero en igual período, la población activa creció en 31,4% y la ocupada en +32,6%.
Cuentapropistas, la categoría predominante
En 2025, la categoría predominante de empleo en las personas de 65 años y más fue el cuentapropismo, que concentró el 48,1% del total de ese rango etario, alcanzado el mayor valor de la serie iniciada en 2016. A su vez, el trabajo asalariado explicó el 43,2% del total de este grupo; los patrones concentraron el 7,2% del empleo en esa franja etaria (su nivel más bajo de la serie); y finalmente, los trabajadores familiares sin remuneración representaron el 1,5% del total.
Si se compara la situación del 2025 contra 2016, se observa que el cuentapropismo fue el claro protagonista entre las personas +65: incrementó su nivel de participación en 11,7 p.p.; mientras que los asalariados y los patrones disminuyeron (-6,6 p.p. y -5,3 p.p. respectivamente) y en los familiares sin remuneración se mantuvo casi estable (+0,2 p.p.).

No obstante, ello, el salto del cuentapropismo se dio principalmente desde 2024, mismo momento en que los asalariados perdieron una parte importante de su participación. Por ende, si bien la diferencia punta a punta (2016-2025) marca con claridad la reconfiguración del empleo, la misma se aceleró de manera muy importante en los dos últimos años, en sintonía con el fuerte incremento en la tasa de actividad del rango etario analizado.
Si se analiza la evolución de la cantidad de ocupados por categoría para este segmento etario, puede verse que los cuentapropistas +65 crecen en 2025 respecto a 2016 un 75,2%, cuando el alza del total de ocupados de esa franja fue de la mitad (32,6%). A su vez, los asalariados +65 se incrementaron solo 14,9% mientras que los patrones+65 cayeron 23,7%. Y los familiares sin remuneración lo hicieron en 62,5% aunque con volúmenes minoritarios. En este último caso, sí se destaca el salto del último año (2025 vs. 2024), donde crecieron en 230,7%.
De este modo, los datos muestran un cambio muy profundo en la forma en la que las personas mayores de 65 años participan del mercado laboral. El hecho de que casi la mitad de los ocupados de esa franja etaria sean cuentapropistas (48,1%) y que esa participación haya alcanzado el nivel más alto desde 2016 no parece responder solamente a una elección individual o a una búsqueda de independencia laboral. De hecho, la expansión del cuentapropismo entre los adultos mayores aparece más vinculada a estrategias de supervivencia económica que a una transición voluntaria hacia formas más flexibles de empleo.
En paralelo, el retroceso de los asalariados como de los patrones implica que una parte importante de los adultos mayores dejó de estar inserta en posiciones relativamente más estables o de mayor capacidad económica para pasar a desempeñarse en actividades más precarias, inestables y de baja escala.
¿En qué trabajan?
En 2025, el mapa ocupacional de los cuentapropistas de 65 años y más muestra una fuerte concentración en actividades vinculadas al autoempleo tradicional, el comercio minorista y los oficios. En ese marco, la Construcción se ubicó como la principal actividad del segmento, concentrando el 12,7% del total de trabajadores cuentapropistas +65 relevados y respecto al inicio de la serie (2016) mostró una expansión del 74,6% en las personas que allí se desempeñan.
En segundo lugar aparece la actividad de Comercio de alimentos, bebidas y tabaco con una participación del 11,3% y una expansión del 167,2% frente a 2016; el podio se completa con Actividades jurídicas y contables con el 7,8% del total y una expansión muy significativa (+280,5% respecto a 2016).
Algo más atrás quedan otras actividades vinculadas al comercio minorista: Comercio de mercaderías n.c.p. incluso mercaderías usadas con el 6,9% de participación; Tiendas no especializadas con predominancia de alimentos y bebidas con 5,5%; y Comercio de materias primas agropecuarias con el 5,2%. Luego, se ubican actividades vinculadas a servicios: Reparación de efectos de uso personal y doméstico (4,3% de participación); Actividades de atención a la salud humana (4,1%), Transporte automotor de pasajeros (3,9%) y Servicios de expendio de comidas y bebidas (3,0%). Entre estas 10 actividades detalladas concentran el 64,6% de los cuentapropistas +65 durante el año 2025.
La comparación de la situación del 2025 contra 2016 permite observar situaciones particulares. Tomando las diez actividades de mayor participación sobre el total, las Actividades Jurídicas y Contables mostraron el mayor crecimiento relativo (+280,5%), seguidas por el Comercio de materia prima agropecuaria (+218,2%) y los Servicios de Expendio de comidas y bebidas (198,1%). También tuvieron fuertes incrementos el Comercio de alimentos, bebidas y tabaco (+167,2%), las Actividades de atención de la salud humana (+126,0%) y el Comercio de mercaderías n.c.p. incluso usadas (+121,3%).
Esto evidencia que el crecimiento del cuentapropismo entre adultos mayores no se limitó a actividades profesionales, sino que se expandió fuertemente hacia rubros comerciales y de servicios de baja y mediana escala. Incluso sectores físicamente demandantes, como la Construcción (+74,6%) y el Transporte de pasajeros (+90,6%), exhibieron también incrementos muy significativos. Se puede leer, entonces, que cada vez más personas mayores permanecen activas laboralmente y lo hacen crecientemente bajo modalidades
independientes, muchas veces más inestables y precarias, reflejando las dificultades de los ingresos previsionales para cubrir el costo de vida y la necesidad de extender la vida laboral más allá de la edad jubilatoria.
¿Cómo avanzó la informalidad?
La dinámica laboral de los asalariados de 65 años y más muestra un proceso de creciente precarización a lo largo de los últimos años, con oscilaciones marcadas pero una tendencia de fondo clara: la informalidad gana terreno entre quienes continúan trabajando luego de la edad jubilatoria.
En 2016, el segmento estaba relativamente equilibrado, con un 53,0% de asalariados formales y un 47,0% de informales. Sin embargo, ya desde 2017 se observa un quiebre: los trabajadores informales pasan a ser mayoría y alcanzan el 50,6%, participación que luego se profundiza hasta tocar un pico de 59,4% en 2018. Es decir, seis de cada diez asalariados mayores trabajaban sin registración.
Desde 2023 reaparece un crecimiento sostenido de la informalidad: pasa de 42,1% en 2023 a 48,1% en 2024 y finalmente escala al 55,7% en 2025.
El año 2020 introduce una excepción parcial dentro de esa tendencia. En plena pandemia, la informalidad cae al 41,8% mientras que la formalidad sube al 58,2%, uno de los mejores registros de toda la serie. Lejos de implicar una mejora estructural del mercado laboral para los mayores, ese fenómeno estuvo asociado al fuerte impacto que tuvieron las restricciones sanitarias sobre las actividades más precarias e informales.
Muchos adultos mayores que realizaban tareas ocasionales, changas o empleos no registrados directamente dejaron de trabajar durante los meses más duros del aislamiento, ya sea por las limitaciones a la circulación o por tratarse de población de riesgo frente al COVID-19.
En cambio, quienes mantenían empleos formales tuvieron mayores posibilidades de conservar su ocupación mediante esquemas de continuidad laboral, licencias o teletrabajo. Por eso, la mejora relativa de la formalidad en 2020 parece explicarse más por la expulsión temporal de trabajadores informales que por una verdadera expansión del empleo registrado.
De hecho, tras la pandemia la tendencia vuelve a deteriorarse. Luego de una recuperación de la formalidad en 2021 (58,8%), desde 2023 reaparece un crecimiento sostenido de la informalidad: pasa de 42,1% en 2023 a 48,1% en 2024 y finalmente escala al 55,7% en 2025.
Ese dato de 2025 resulta particularmente significativo porque marca un fuerte retroceso de la formalidad laboral en personas mayores. Hoy, más de la mitad de los asalariados de 65 años y más trabajan en condiciones informales. En otras palabras, muchos adultos mayores que continúan insertos en el mercado laboral no solo deben seguir trabajando pese a estar en edad jubilatoria, sino que además lo hacen crecientemente en empleos precarios.
Visto en cantidad de asalariados, los formales cayeron en 4% en 2025 contra 2016 mientras que los informales crecieron en 36,2% en igual período. Solo en el último (es decir, 2025 vs. 2024), los asalariados formales +65 descendieron en 11% y los informales se expandieron en 21,2%.










