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Sobrevivir en la jungla de sobreinformación

El vertiginoso crecimiento de Internet y de las redes sociales generó cambios significativos en la forma en que las personas se comunican, trabajan, aprenden y participan en la vida social y política. La sobreabundancia de datos que ofrece la era digital hace que el ciudadano necesite cada vez más tiempo para separar lo superfluo de lo importante. Y es en ese escenario donde el contexto que rodea a un hecho político, económico, histórico, cultural o de cualquier otra índole, así como el punto de vista desde el cual se analiza el asunto, se conviertan en dos herramientas valiosas a la hora de sobrevivir en la jungla de sobreinformación.

Para colmo, en los últimos años las campañas políticas y la comunicación de los principales partidos parecen verse cada vez más condicionadas por la brevedad y la concisión. Este fenómeno, por cierto, no es propio ni único de la actividad política argentina. En 2022, el sociólogo francés Jean Louis Missika y su compatriota profesor de Semiótica y Literatura Francesa en la Universidad París VIII, Denis Bertrand, escribieron un artículo titulado "Palabras clave en campaña: el nuevo escenario de lo breve" para analizar la realidad política francesa. Allí observan que las palabras clave y los mensajes cortos, que son fundamentales para captar la atención del público en un entorno saturado de información, son las estrategias elegidas por la mayoría de las figuras políticas para comunicarse con sus electores. Este cambio, plantean, ha influido en cómo se diseñan las estrategias de campaña y cómo se construyen las narrativas políticas en la actualidad.

Según Missika y Bertrand, el discurso político "lleva mucho tiempo haciendo uso de frases cortas y afiladas, palabrotas y expresiones chocantes". Es muy probable que, por estas latitudes, los asesores del entonces candidato, Javier Milei, hayan dado en la tecla en la campaña presidencial de 2023. Conceptos como "argentinos de bien" o "el Estado es una organización criminal" actuaron como palabras clave entre sus seguidores. Lo importante es generar revuelo –sostienen los autores franceses citados– y a esa definición se puede agregar que estas estrategias de comunicación política no tienen entre sus objetivos hacer que la ciudadanía pueda comprender mejor los problemas para luego tomar decisiones informadas.

En un mundo donde la lucha por captar la atención se ha intensificado, los algoritmos determinan qué contenidos pueden atraer y fomentan la polarización. Es por eso que algunos prefieren escribir algo en la red X (antes Twitter) que dar explicaciones bien fundamentadas en una conferencia de prensa. Saben que, en las plataformas digitales, la velocidad y el alcance de la circulación del mensaje en las horas inmediatas tras su publicación se vuelven más cruciales que su calidad o relevancia intrínseca. Missika observa que el uso de la concisión, donde el tuit es el modelo y el "like" el símbolo, convierte la explosión del lenguaje, la información y el humor en el fundamento destacado del discurso político durante la campaña, condensando principios, propuestas y confrontaciones en una sola palabra, y movilizando a la sociedad al margen de todo razonamiento.

"Satisface (solo en apariencia) la atención de un ciudadano que se considera incapaz de centrarse más allá de una palabra, debido a un dispositivo impulsado por las plataformas digitales. Este nuevo uso de la expresión es el síntoma de un espacio público fragmentado, de una campaña incapaz de construir una agenda coherente, de un debate público caótico. Por supuesto, es divertido que uno de estos mensajes pueda transformarse en un programa, pero también es alarmante que el programa de una campaña presidencial se construya de esta forma", plantea el artículo de Missika y Bertrand que, vale recordar, fue escrito para describir la realidad política francesa en 2022.

La ciudadanía siempre necesitó información para poder lograr una mejor comprensión sobre un determinado tema. Pero en las sociedades actuales, caracterizada por la sobreabundancia de mensajes, se necesita algo más. La información contextualizada agrega valor al conocimiento existente, porque permite profundizar y proporciona miradas que pueden no ser obvias a primera vista. Dicho de otro modo, el contexto ayuda a aclarar el significado de la información. Sin él, la información puede ser confusa o malinterpretada. Al comprender mejor los detalles y las implicaciones de una situación, el ciudadano podrá evitar conclusiones erróneas y simplistas.

En estos tiempos difíciles se necesita que el discurso político no se quede en la superficie, sino que ayude a comprender los problemas y facilite las cosas para construir nuevos espacios de cooperación.

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