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Memorias de Resistencia

Mariala Palacio, una chaqueña en el Ballet de París

Así titulaba una nota del diario El Territorio el 25 de mayo de 1980. Mariala es chaqueña. "Inició sus estudios artísticos en la escuela particular que yo regentaba --comentaba María Angélica Chichita Pellegrini--.Fue mi alumna entre los años 1963 y 1965. —Así es, confirma Mariala. Aquí está la raíz de mi sangre (es hija adoptiva de la doctora Palacio Maglioli) y a ella vuelvo cada vez que mis obligaciones me lo permiten…"

La vocación la lleva posteriormente a la Capital Federal, donde busca panoramas más amplios. Pasa a ser alumna del Teatro Colón, hasta el 68 (en el Colón). Deviene entonces (1969) su primer logro artístico: es invitada a participar en el Festival Pax de Deux que se realizó en el Teatro San Martín, de Buenos Aires. Junto con Ricardo Novich sabe del elogio crítico por su interpretación del pax de deux de Cascanueces.               

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El Gran Salto

"¿Una aventura o una necesidad…? —le preguntamos y respondía Mariala: —Una necesidad irrenunciable para todo artista que desee alcanzar los más altos escaños en esta especialidad… La Argentina, lamentablemente, cierra nuestro camino en ciertos niveles. Lo pensé y me decidí… —Un trasplante bastante difícil para una chaqueña… —opinamos. —En realidad que sí… (Busca los términos correctos en castellano, hasta que haya el más apropiado). "Apechugué", ¡eso! ¡Y aquí estoy…! El argentinismo le brota, rotundo, refirmado por sus manos, que entrelaza sobre el pecho.

 Invitada por Solange Golovina, regresa a Francia en 1975. Se estaba entretejiendo la trama de su particular destino. La bailarina que ya era verdad iba a dejar paso a la profesora de danzas, distinción muy difícil de alcanzar a la edad de nuestra entrevistada. Al año siguiente forma parte de la academia de Ives Casatti que, al retirarse, la deja al frente del curso para profesionales. —Un día se hizo presente, para presenciar unas de mis clases, la secretaria del Ballet de Félix Alaska, quien, finalmente, me hizo una oferta del calibre con el cual sueñan todos los profesionales de la danza. Pasé, entonces, a ser profesora de danzas clásicas de esta agrupación, que reúne a los principales bailarines de Europa. Coroné ese tramo de mi carrera en la ópera de Lyon, en el sur de Francia, donde tuve a mi cargo a importantísimas figuras… —Entonces –le preguntamos—, ¿se siente definitivamente comprometida con el profesorado? Es curioso mi caso… Nunca había pensado seriamente en ser profesora… ¡Siempre deseé bailar, convertirme en 15 una verdadera étoile…! ¡Pero ahora creo que la mano de Dios estuvo presente para revelar mi verdadera vocación…! Actualmente, dicta clases en la academia de Raymond Franchetti, ex director de la Opera de París y se halla escribiendo la coreografía para una pieza, cuyo título prefiere no revelar, por tratarse de "una verdadera sorpresa".

¿Qué se necesita para alcanzar lo que usted ha logrado…? Finalizaba diciendo: ¡Condiciones naturales, fuego sagrado, un trabajo sin pausas y mucha, muchísima suerte…!

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