Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°
Revisión científica advierte

La resistencia a antibióticos comienza en las primeras horas de vida

Los antibióticos fueron considerados por décadas de los mayores logros de la medicina moderna, capaces de convertir infecciones mortales en dolencias curables.

recien-nacido2.jpg

   Sin embargo, su eficacia se desmorona silenciosamente. Y lo más alarmante es que la batalla contra estos microorganismos invencibles ya no comienza en la edad adulta o en la infancia, sino en las primeras horas de existencia.

   Una revisión científica reciente, que sintetiza estudios publicados entre 2020 y 2025 en revistas de alto impacto como Nature Microbiology y Frontiers in Cellular and Infection Microbiology, confirma lo que muchos especialistas temían: los recién nacidos pueden adquirir bacterias resistentes a los antibióticos prácticamente desde el momento en que llegan al mundo.

   El dato más impactante proviene de un estudio coordinado por el Instituto Ineos Oxford, que halló que aproximadamente uno de cada cinco neonatos, el 18,5%, ya porta el gen blaNDM, una pieza de material genético que confiere resistencia a los carbapenémicos, grupo de antibióticos considerados de último recurso. Este gen se detectó en muestras de meconio, las primeras heces del bebé, y en hisopados rectales tomados dentro de las 72 horas posteriores al parto. Es decir, antes de que el sistema inmunitario del recién nacido haya tenido tiempo siquiera de reconocer el mundo exterior, ya hay en su organismo bacterias capaces de defenderse de los fármacos más potentes.

   ¿Cómo es posible semejante colonización temprana? Los científicos identificaron tres vías principales de transmisión. La primera es la vertical, de madre a hijo. Durante el parto, el bebé entra en contacto con la microbiota del canal del parto materno, y si la madre porta genes de resistencia, estos pueden transferirse al neonato. Así lo demostró un estudio publicado en Frontiers en 2020, donde genes como ermB y mefA se detectaron compartidos entre madres y sus hijos en la mayoría de los pares analizados.

   La segunda vía es el entorno hospitalario. Las unidades de cuidados intensivos neonatales, a pesar de su vocación curativa, pueden convertirse en focos de diseminación. Se han encontrado aislados bacterianos idénticos en diferentes neonatos internados en la misma UCI, lo que indica una transmisión nosocomial temprana, facilitada por dispositivos médicos invasivos, el contacto entre el personal sanitario y, en ocasiones, deficiencias en las medidas de higiene. La tercera vía, quizás la más inquietante, es la exposición intrauterina. Algunos estudios sugieren que la resistencia puede transferirse incluso antes del nacimiento, a través del útero y del calostro, lo que significa que la vulnerabilidad comienza en la gestación.

recien-nacido.jpg.jpg

   Pero no solo la llegada de bacterias resistentes marca las primeras horas de vida. También la propia dinámica del microbioma neonatal, el ecosistema de microorganismos que habita en el cuerpo del bebé, sufre cambios profundos y veloces. A las 72 horas de nacer, la microbiota ya se organiza de forma diferente según el sitio corporal: no es la misma en la axila, la faringe o el recto. Y durante esa adaptación inicial se produce una reducción significativa en la diversidad microbiana, un fenómeno que los científicos denominan disminución de la diversidad alfa. El tipo de parto influye decisivamente en esta configuración. En los partos vaginales predominan Bacteroides y Escherichia en la microbiota intestinal, bacterias que en condiciones normales son beneficiosas. En cambio, en los nacidos por cesárea, hay una mayor presencia de Streptococcus y Staphylococcus, posiblemente debido a la exposición a los antibióticos profilácticos que reciben las madres antes de la intervención.

   La administración de antibióticos al recién nacido durante las primeras semanas de vida, una práctica habitual ante la sospecha de sepsis neonatal, tiene consecuencias que se prolongan en el tiempo. Los niños que reciben estos fármacos de forma temprana presentan una alteración duradera de la composición de su microbiota intestinal, con una reducción significativa de Bifidobacterium, un género de bacterias esenciales para la salud digestiva e inmunitaria, que persiste hasta los 24 meses de edad. Además, un estudio citado en la revisión encontró que, en varones, la exposición temprana a antibióticos se asocia con un peso, una estatura y un índice de masa corporal significativamente más bajos entre los dos y los seis años. Como señala el informe del Instituto Biocodex, la exposición a antibióticos en el periodo neonatal puede ejercer un efecto duradero sobre el crecimiento del niño al perturbar el proceso natural de colonización de la microbiota intestinal.

   Los factores de riesgo para esta adquisición temprana de resistencia son múltiples. Entre los maternos destacan haber sufrido una infección o haber usado antibióticos en los tres meses previos al parto, así como la propia portación de genes de resistencia, que se asocia a un mayor riesgo de sepsis neonatal. Entre los ambientales y hospitalarios, la estancia prolongada en la UCI neonatal, el uso de dispositivos médicos invasivos y las deficiencias en agua, saneamiento e higiene. Entre los propios del neonato, el bajo peso al nacer y la prematuridad, que a menudo conllevan una exposición empírica a antibióticos de amplio espectro.

   El impacto global de este fenómeno es devastador. Más de 200.000 recién nacidos mueren cada año en el mundo por infecciones que no responden a los antibióticos disponibles. En los hospitales de países de ingresos bajos y medios, hasta el 40 por ciento de las infecciones neonatales son resistentes a los tratamientos convencionales. La resistencia a carbapenémicos en neonatos es particularmente preocupante, con una alta incidencia reportada en África y el sur de Asia, precisamente las regiones con menos recursos para enfrentarla.

   Frente a esta realidad, la revisión científica propone estrategias de prevención basadas en la evidencia. La primera es optimizar el uso de antibióticos, confirmando la necesidad real antes de prescribirlos empíricamente para la sepsis neonatal temprana, e implementando programas de administración antimicrobiano en las unidades neonatales. La segunda es fortalecer las medidas de higiene: el lavado de manos frecuente por parte de las madres reduce significativamente el riesgo de portación de genes de resistencia, y es imprescindible garantizar el acceso a agua potable y saneamiento en los centros de atención perinatal.

   La tercera es promover la lactancia materna, que protege frente a la resistencia al favorecer la colonización por bacterias beneficiosas como Bifidobacterium y reducir la presencia de microorganismos resistentes en el primer mes de vida. La cuarta es minimizar las intervenciones innecesarias, evitando las cesáreas electivas sin indicación médica, ya que alteran la transmisión vertical de la microbiota materna beneficiosa.

  La conclusión de los autores es clara y rotunda: la resistencia a antibióticos no es un problema que se desarrolla con el tiempo, sino que puede estar presente desde las primeras horas de vida. Prevenirla requiere un enfoque integral que aborde la transmisión vertical, las prácticas hospitalarias, el uso racional de antibióticos y el fortalecimiento de los sistemas de salud, especialmente en los países de ingresos bajos y medios, donde la carga de mortalidad neonatal por infecciones resistentes es más alta.

   En tanto, la comunidad científica trabaja en nuevas líneas de investigación: el mapeo completo del resistoma neonatal, el estudio de los mecanismos de transferencia horizontal de genes de resistencia en el intestino del bebé, la evaluación de probióticos específicos para restaurar la microbiota tras la exposición antibiótica y el desarrollo de diagnósticos rápidos que permitan diferenciar una infección bacteriana real de una mera colonización. Porque, como advierte la Organización Mundial de la Salud, la era de los antibióticos universales está llegando a su fin, y los más pequeños son, paradójicamente, los primeros en sufrir las consecuencias.

Te puede interesar