Llueve y se juega en el barro
El escenario de la política cambió. El partido por el poder se juega ahora en el barro, porque llovió y el estado de la cancha es diferente al de meses atrás. Ocurre tanto a nivel nacional como aquí, en el Chaco. Ni el oficialismo mileísta ni el provincial dominan el marcador. Por el contrario, es un choque áspero en el que la necesidad de ganar hace que abunde la pierna fuerte y que se incrementen los derrapes en el lodo.
Por estos lados
En Resistencia, Leandro Zdero metió mano en el gabinete, como venía anticipando NORTE. Los cambios introducidos no son quizás tan amplios como esperaban algunos radicales, pero tampoco se pueden considerar irrelevantes. La novedad fuerte allí es la llegada de Carim Peche al equipo para ocuparse del Ministerio de Gobierno, desde donde Julio Ferro fue trasladado hacia la secretaría general de la Gobernación. La movida se completó con la salida de Livio Gutiérrez como coordinador del staff, para instalarse en la presidencia del Banco del Chaco. Carolina Meiriño lo reemplazará en el Ejecutivo.

A la hora de los discursos y las declaraciones, como era de esperar, el más elocuente fue Peche. "Se terminó la etapa del orden; ahora lo que viene es transformar ese orden en resultados positivos", resumió en una entrevista con NORTE que se reproduce hoy en nuestras páginas.
La de Peche es una síntesis muy gráfica, que se puede leer, como mínimo, de dos maneras. Una de ellas, que se cumplió satisfactoriamente una fase y ahora hay que activar otra. La restante, con más suspicacia por parte de quien lo procese, que lo que el nuevo ministro interpreta es que se agotó el recurso de comparar algunos aspectos de la gestión actual con otros de los años del peronismo en el poder. Por ejemplo, la decidida acción oficial contra los cortes de rutas y calles por parte de los movimientos sociales y la estrategia de quitarles apoyatura dineraria para ponerlos en estado de hibernación, a la par que la justicia procesaba y encarcelaba a los dirigentes más prominentes del sector por crímenes, lavado de activos, enriquecimientos personales ilícitos y otras maravillas del amor por el pueblo.
En eso que quedó etiquetado como "el fin de los piquetes", el gobierno de Zdero pudo mostrar un éxito valorado por el ciudadano común (e incluso por Jorge Capitanich, que llegó a felicitar a la gestión radical por concretar lo que él no pudo o no quiso llevar a cabo), aunque lo hizo con tal intensidad que a esta altura mencionarlo es extemporáneo. Es una vaca de la que ya no se puede sacar más leche. La gente aprobó lo actuado, lo considera una mejora real y seguramente reaccionará oponiéndose si en el futuro algún gobierno pretende volver a alimentar a los mismos monstruos, pero ya no lo contabiliza en el balance del presente. Lo que espera hoy son otras cosas: los resultados concretos, palpables, de los que habla Peche.
Sentir
¿Qué son hoy esos resultados? La necesidad de sentir que la decisión de 2023 de cambiar de rumbo, tanto en la provincia como en el país, permitirá realmente estar mejor. El voto nacional a Milei fue un acto de fuga. En el balotaje de dos años y medio atrás los argentinos prefirieron viajar hacia lo desconocido que mantener la fórmula desastrosa del kirchnerismo.
Estaba claro que recomponer la nación iba a ser una misión dolorosa, y es probable que la mayoría del electorado que apoyó a Milei haya sido plenamente consciente de eso. Pero cuando uno imagina algo a futuro, lo que dibuja en su mente es un boceto de trazo grueso. Luego, vivirlo es otra cosa. Es lo que hace que el noviazgo no sea lo mismo que el matrimonio. Y, además, aunque el propio Milei hizo una campaña inédita, sincerándose permanentemente acerca de que llegaba con un ajuste bajo el brazo, él vendió la ilusión de que no iba a afectar a "los argentinos de bien" y que la mejora social general no tardaría en notarse. Ninguna de las dos cosas fue así.
Las encuestas vienen coincidiendo, por eso, en que el nivel de aprobación de la gestión presidencial está sufriendo una caída progresiva que en las últimas semanas se volvió, también, constante. Hoy, dependiendo de qué consultora lo mida, la imagen positiva de Milei está entre el 35 y el 45 por ciento. Aproximadamente dos de cada tres argentinos considera que, en lo personal, está peor que un año atrás.
Raúl Kollmann, en Página 12, recorrió las opiniones de varias agencias y registró un breve análisis de sus principales directivos. Es particularmente interesante lo que dijo Raúl Timerman, de Grupo de Opinión. "Por primera vez (el presidente) está por debajo de los 40 puntos de aprobación. Ahora está en 37 por ciento y 60 por ciento de desaprobación. Lo que impacta es que en este 60 por ciento hay 20 puntos de los que votaron a Milei y 40 de los que votaron a Patricia Bullrich. Está perdiendo en su base".
En los flejes
Otro punto en común de los relevamientos es que a la cabeza de las preocupaciones están hoy el miedo a perder el empleo y la insuficiencia de los ingresos propios para sostener el gasto familiar. El poder siempre aísla, pero pareciera que Milei comenzó a tomar conciencia de que su política económica está, en términos tenísticos, jugando sobre los flejes. Hay un margen de tolerancia a la frustración y al dolor que, claramente, el proyecto libertario ya está pisando. A raíz de eso, seguramente, Milei posteó un par de días atrás un reconocimiento a la "paciencia" social frente a la crudeza del ajuste. "Sabemos que estos últimos meses fueron duros, pero el rumbo es el correcto. Cambiarlo sería dinamitar lo logrado", escribió.
Mientras, el escándalo por las operaciones inmobiliarias y viajes de Manuel Adorni suma otro factor de reprobación. Sobre todo porque contribuye a hacer desaparecer una de las capas protectoras que tenía la imagen del gobierno, que en su relato se presentaba como una administración ajustadora por las necesidades del momento pero solidaria con la austeridad general. "Se ajusta pero no se roba ni se repiten los vicios de la casta", fue siempre, palabras más o palabras menos, el contenido del contrato virtual con su base electoral. Pero pasaron cosas, y además de la incesante aparición de detalles inconsistentes sobre los manejos financieros de Adorni van surgiendo, cada tanto, ejemplos de que las diferencias éticas entre los de ahora y los de antes no son significativas. "No es delito", fue toda la explicación que dio la diputada nacional libertaria Gabriela Flores para responder a la revelación de que usaba pasajes aéreos oficiales para que su hijo pudiera viajar.
La pelota
El desgaste de Milei es también, en alguna proporción difícil de medir, un factor de erosión para Zdero, al fin de cuentas aliado pleno del presidente. Una sociedad que en el radicalismo local se ve como deficitaria, porque aunque el gobierno central auxilia mes a mes a la provincia para cumplir con sus pagos más acuciantes (como los salariales), hasta ahora la asistencia no se ha caracterizado por su generosidad. Entonces, el gobernador del Chaco afronta un panorama muy complejo con una billetera famélica y una sociedad a la que las comparaciones con el pasado ya no le alivian las urgencias cotidianas. Es, en definitiva, la encrucijada de la que habla Peche, un viejo lobo que sabe olfatear el terreno.
¿Habrá más cambios en el gabinete? ¿Se piensa en un relanzamiento amplio de la gestión? Las apuestas están repartidas. Lo que está claro es que Zdero reacciona a una realidad que está llena de ruidos y frente a un peronismo que percibe vulnerabilidad por primera vez luego de la debacle de 2023. Lo que todavía ayuda a Milei y al gobernador es que el PJ no da atisbos de una renovación real y profunda, ni siquiera de una autocrítica.
Llueve, llueve bastante, y la cancha ya no es lo que era. En el barro no hay juego exquisito. Las fintas quedan para otro momento. Lo que vale es apretar los dientes y quemar los pulmones en que la pelota, endiablada como nunca, esté lo más lejos posible del arco propio.










