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Carta de lectores

¿Dónde está el sacerdote católico en el santo sacrificio de la misa?

Señor director de NORTE:
Todo cristiano ha de ser perfecto y santo, porque todo cristiano hace profesión de servir a un Dios santo. Según San León, cristiano es el que se despoja del hombre terreno y se reviste del hombre celestial. Por eso dijo Jesucristo: "Seréis, pues, vosotros, perfectos, como vuestro Padre Celestial es perfecto" [Mt 5, 48]. 

Pero la santidad del sacerdote ha de ser distinta de la del resto de los seglares, observa San Ambrosio, y añade que así como la gracia otorgada a los sacerdotes es superior, así la vida del sacerdote tiene que sobrepujar en santidad a los seglares y San Pedro Pelusio afirma que entre la santidad del sacerdote y la del seglar ha de haber tanta distancia como del cielo a la tierra.

Por tanto, es grande la dignidad de los sacerdotes, pero no menor la obligación que sobre ellos pesa. Los sacerdotes suben a gran altura, pero se impone que a ella vayan y estén sostenidos por extraordinaria virtud; de otro modo, en lugar de recompensa se les reservará gran castigo (San Lorenzo Justiniano). 

En el contexto de la santidad que ha de tener el sacerdote, comparto meditación del Reverendo Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa: 

"Queridos hermanos: la Sagrada Hostia está atravesada por el clavo, cada vez que las manos del sacerdote la elevan estando en pecado. Pecados de la carne, pecados de falta de fe en la presencia real del cuerpo de Cristo. Algunos no creerían aun cuando vieran la sangre fluir. Tal es su increencia. Ya ni se confiesan. Tal es el dolor inimaginable que el Señor siente y padece.

El Señor sufre enormemente por sus sacerdotes y muy pocos le consuelan. 

Muchos están absorbidos por el mundo, cómo lo miran y desean, dominados por la carne, fríos en la fe, olvidaron las motivaciones que les llevaron al seminario, y otros tratan de olvidarlas.

Más otros sufren por lo que ven en sus hermanos en el sacerdocio y en sus pastores. Otros sufren muchísimo al darse cuenta de su error, de que fueron engañados por las mentiras y falsedades del postconcilio, pero ya no pueden cambiar. Han seguido la tendencia del clero y obispos mundanizados y ahora no pueden dar marcha atrás, están solos, incomprendidos y arrinconados. ¿Quién les ayudará?

La Sagrada Hostia está atravesada por el clavo, porque muchos sacerdotes ya no le ven en ella. No creen. Solamente creen en ellos mismos. De noche piensan en lo que harán al día siguiente, pero no para dar gloria a Dios arreglando el altar, o preparando la homilía, o adquiriendo una nueva hermosa imagen para su iglesia; piensan en cómo destacar, sobresalir, en no crear ningún contratiempo, en quedar bien con quien fuere menester.

 Piensan en ellos mismos, en su propio bienestar por encima de todo, en congraciarse con el mundo a cualquier precio.

Muchos deberían hacer verdadera penitencia corporal hasta sangrar. Muchos no saben hacia dónde mirar y deberían saberlo, pero no lo saben. Sus obispos no les muestran el verdadero camino del sacerdocio de Jesucristo, no les llevan a Dios. Da la impresión de que los obispos adoctrinan más que guiar santamente y ejemplarmente. 

Cuántos sacerdotes en peregrinaciones con otros sacerdotes y obispos se preguntan dónde está la fe católica cuando ven el ridículo comportamiento de los demás sacerdotes y obispos.

La sagrada hostia está atravesada por el clavo, porque vivimos una verdadera tragedia en el sacerdocio católico, la tragedia de verdadera identidad. 

¿Dónde está el sacerdote católico? Su identidad en la forma de vestir, de hablar, en su vida de oración, de penitencia, de renuncia al mundo, que busca la compañía del Señor y a ella arrastra a las almas. 

Y por encima de todo, ¿dónde está el sacerdote católico en el santo sacrificio de la misa? La perversión y profanación del santo sacrificio ha llevado a la desfiguración total del sacerdocio.

Cuántos sacerdotes disfrutan con cualquier cosa mundana, otros viven aburridos y tediosos, y el Señor solo en el Sagrario. Buscan divertir a sus feligreses con diversiones del mundo, distraerle con cosas mundanas. 

Hasta en los momentos de adoración eucarística hay que distraer a los fieles para que no se aburran haciendo esto o aquello, en lugar de estar en profundo silencio adorando y hablando con el Señor. Deberían pensar sólo en él y hacer todo por él, vivir su vida sacerdotal orientada toda a Dios.

Respecto a los seminaristas, ellos no son los responsables últimos, son más del mundo que de Dios. Quizá lo más cerca que están de Dios es cuando el día de la ordenación se tumban en el suelo. Allí humillados ante Dios es cuando más cerca estarán de Dios, pues luego se levantarán y nunca más se volverán a postrar ante Dios. Ya no se inclina el cuerpo al yo pecador al inicio de la misa, y muchos ya lo han omitido.

La sagrada hostia está atravesada por el clavo, y los sacerdotes han de aprender a oficiar la santa misa tradicional para dar el culto debido a la Santísima Trinidad, para santificar sus vidas sacerdotales, para reparar las ofensas, injurias, profanaciones, que se cometen en la actualidad al sacratísimo cuerpo de nuestro señor Jesucristo. 

Para dignificar el sacerdocio católico, para que retorne lo que nunca debió desaparecer en la formación de los futuros sacerdotes, la formación tradicional, el sacerdote tradicional católico. Ave María purísima".

CLARA MARÍA GONZÁLEZ

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