El eterno regreso del escultor Luis Bernardi
Desde su participación en la Bienal del Chaco 2024, el escultor Luis Bernardi vuelve cada año a Resistencia. Esta vez para presentar una exposición en el CCN. Aquí repasa sus años entre Arquitectura y Bellas Artes, su obra actual y el eco de haber sido representante argentino en el máximo concurso de escultura. Un artista con una propuesta que equilibra la sensibilidad artística con la solidez de su trayectoria. Hoy, es habitante de la Ciudad de las Esculturas.
Hay pocos escultores que vuelven a Resistencia después de su paso por la Bienal del Chaco. Pocos, muy pocos que tienen esa posibilidad y el argentino Luis Bernardi convirtió la oportunidad en un privilegio que celebra con evidente emoción.

El jueves 5 de marzo, en vísperas del Día Internacional del Escultor, quedó inaugurada la muestra denominada La sombra del vacío donde reúne su reciente y prolífica producción con casi cien piezas en pequeño formato y una colorida paleta que ilumina la sala junto a dos piezas grandes que equilibran el espacio y todas dando cuenta de la síntesis gestual del artista.
Luis Bernardi nació en Monte Caseros (Corrientes) en un hogar con padre carpintero y madre modista donde vivió hasta los 17 años, pero siempre vuelve -dos o tres veces al año- a visitar su familia y que define como "un lugar mágico". Después del secundario vino a Resistencia para estudiar arquitectura e iniciar su formación porqué según sus propias palabras "hay un aprendizaje que no se si termina nunca" …y pasa que desde hace unos años también siempre vuelve. Actualmente vive y trabaja en Unquillo (Córdoba) donde tiene su casa y taller enclavado en una barranca de la sierra. Luis Bernardi es uno de los escultores contemporáneos argentinos más potente, con una sólida trayectoria artística y en plena madurez creativa que puede verse por estos días en su exposición individual.
LA POTENCIA DE LO MINIMO
Con la timidez propia de quien confiesa que le gusta más hacer que hablar… el escultor cuenta que su obra despojada "surge de una investigación profunda de la figura humana y la naturaleza con la idea de llegar a una cosa mínima. Ahora se centra en la línea, en realidad en el garabato como gesto impensado, una línea que va recorriendo puntos que territorializan, que a veces aparecen y otras desaparecen". Y mientras explica, mientras pronuncia cada palabra, parece que se escucha a sí mismo.
Luis Bernardi, desde una perspectiva técnica, traslada la libertad del dibujo gestual a la rigidez del metal. Su proceso creativo está centrado en la construcción por secciones, soldadas con la experticia propia del oficio, permitiendo que la morfología de la línea de acero mantenga una tensión orgánica. Trabaja desde el vacío, usa varillas y perfiles industriales para generar una estructura que no encierra el espacio, sino que lo atraviesa como quien escribe en el aire o quien revela un secreto en balbuceos que apenas se escuchan.

Un aspecto técnico distintivo del artista es el acabado de sus piezas. Recurre a una singular policromía industrial aplicando esmaltes sintéticos de alta resistencia. Utiliza colores intensos (rojos, negros, amarillos, verdes, violetas) para marcar el recorrido de la mirada entonces el color funciona como un código visual que unifica la pieza y se convierte en dirección. En ciertas series, elige una oxidación controlada que permite al material interactuar con el entorno y aplicando pátinas que detienen la corrosión en un punto cromático específico (tonos rojizos).
El metal -en manos de Luis Bernardi- pierde su herencia industrial para conquistar una cualidad caligráfica; no busca la masa sólida, sino una linealidad que abandona su propio peso para convertirse en grafismo tridimensional. De esa manera, el escultor demuestra el dominio del material y las herramientas al servicio del gesto mínimo.
Experiencia Bienal
Luis Bernardi conocía la Bienal del Chaco como un lugar de referencia de la escultura argentina. Se fue de esta provincia al tiempo que apenas habían pasado los primeros concursos de la plaza. Se inscribió en 2024 por primera vez y quedó seleccionado entre los diez proyectos en competencia sobre 157 postulaciones del mundo entero.
Respecto a esa experiencia, oportunamente, el artista decía a la prensa: "Me parece que estos encuentros son la mejor manera de sacar el arte a la calle y que la gente comience a entender que no es algo que pertenece a las élites. Cualquiera que desee puede ver arte. Uno no tiene que ir a un lugar determinado, está en todos lados y eso es lo mejor que tiene la Bienal del Chaco y Resistencia". Además, detalla: "Esculpir frente a todos, al lado de otros artistas y estar en contacto con la gente me parece algo extremadamente rico. La Bienal del Chaco te cambia en todos los planos… Te cambia la mirada, la posición de la obra y como profesional, por eso también es bueno que otros escultores puedan vivir eso", sintetiza sobre la experiencia chaqueña el artista que participó en otros lugares del país y del mundo.

Además de la muestra individual que dejó inaugurada pudo asistir a la presentación oficial de la Bienal del Chaco 2026, sin dudas otro acontecimiento inusual para un escultor argentino y valora el hecho con un significado personal. "Es un orgullo que Fundación Urunday me invite a participar del lanzamiento" resume con singular tonada cordobesa. Y aquí podemos agregar lo que decía en una reciente entrevista radial: "Valoro la humanidad de quienes organizan este concurso porque detrás de la idea hay personas".
VOLVER, SIEMPRE VOLVER
Digo "El eterno regreso de Luis Bernardi" con una resonancia poética y circular que encaja perfectamente con su obra actual. Sugiere no sólo su vuelta física al Chaco, sino también ese retorno conceptual a las formas esenciales: el nudo, la línea y el vacío que vino a presentar y captura cierta mística del reencuentro.
Hay artistas cuya obra no avanza en línea recta, sino en espiral, volviendo siempre al centro para entenderlo de nuevo. El regreso de Luis Bernardi para la exposición no es sólo una muestra de madurez técnica; es el cierre de un círculo vital que une su formación, su paso consagratorio por la Bienal del Chaco y su presente como uno de los máximos referentes de la escultura contemporánea argentina.
El artista revela que mantiene un vínculo con la capital chaqueña, donde estudió durante su juventud y donde regresa después de muchos años. "Resistencia es donde yo me formé y donde me dieron el abc del dibujo y la escultura. Es muy significativa en mi obra, porque es donde yo obtuve mis primeras herramientas", dice en alusión a su paso por la Facultad de Arquitectura primero y más tarde por la Escuela de Bellas Artes donde finalmente se quedó atrapado por las clases y docentes. "Fue revelador… y en eso me fui encontrando también. Durante un tiempo quise seguir con arquitectura, pero me terminé jugando por Bellas Artes que es donde estaba todo", afirma.
También recuerda al maestro Iván Sagarduy que fue su profesor en Bellas Artes y dice: "Compartía su saber con los alumnos". Hoy su muestra está alojada en la sala que lleva el nombre del entrañable artista chaqueño y señala "es una gran emoción", como quien se reencuentra con un pasado reconfortante. "Es un honor… es mi manera de devolver todo lo que recibí".

Además, como escultor tiene sus obras favoritas en el Museo a Cielo Abierto de Resistencia. Ante la consulta menciona Maternidad del cordobés Mario Rosso y con quien trabajó como ayudante cuando fue a Córdoba tras los pasos del maestro que admira. También elige Remordimiento, ese bronce colosal de Hernán Cullén Ayerza que se impone en la esquina de Frondizi y Juan B. Justo. "Recorrer Resistencia es repasar parte de mi historia y reconocer mi identidad", sintetiza el artista que siempre se permite un nuevo asombro.
A propósito de la poética del retorno, con las actuales piezas de metal Luis Bernardi propone una geometría del gesto, donde cada curva de acero parece buscar el origen de un trazo previo en la simplicidad que sólo se alcanza tras años de complejidad. Volver a Resistencia para exponer es un acto de gratitud. Sus obras dialogan con la memoria de sus maestros, pero con una voz que ha encontrado su propia autonomía. Luis Bernardi vuelve para demostrarnos que el vacío, como el tiempo, siempre tiene nuevas formas de ser nombrado.
La sombra del vacío (*)
Hay una forma de dibujar que no requiere papel, sino espacio. El trabajo del escultor argentino Luis Bernardi (nacido en Corrientes, formado en el Chaco y radicado en Unquillo, Córdoba) se caracteriza por una búsqueda de la esencialidad, donde la línea no es sólo un trazo, sino un cuerpo con volumen y recorrido. En sus manos, el hierro y la madera dejan de ser materia inerte para convertirse en pliegues que interpelan al silencio.
En sus piezas, el garabato tridimensional se vuelve una coreografía de tensiones, son estructuras que parecen flotar, despojadas de lo accesorio, buscando esa simpleza radical que solo se alcanza tras años de diálogo con el material. La sombra que arrojan estas obras es el eco de un dibujo original: una danza entre la presencia física y la ausencia que la sostiene.
"La sombra del vacío" no es solo el título de esta exposición; sino la clave para entender una obra que se construye desde la sustracción. Aquí, el metal es protagonista junto al espacio que queda atrapado entre sus nervaduras. Luis Bernardi, con la precisión de un arquitecto y la humildad de un obrero, dobla la rigidez del mundo para demostrarnos que el vacío también tiene cuerpo, tiene peso y, sobre todo, tiene una historia que proyectar.
Al recorrer esta producción escultórica se puede observar cómo la materia se rinde ante la oquedad porque, en definitiva, la obra del artista nos recuerda que sólo a través del límite de la línea podemos empezar a contemplar la verdadera forma del vacío. Esta muestra nos convoca para habitar un territorio donde la línea no delimita, sino que libera y en esa simpleza formal busca quitarles peso a las cosas, tanto material como simbólicamente, apostando por formas puras y elementales que a partir de la flexión y la tensión generan una estructura infinita en libertad.
(*) Texto curatorial de la exposición que puede visitarse hasta el 30 de marzo en el Centro Cultural Nordeste -Arturo Illia 355, de Resistencia-.
El artista
Luis Bernardi (1965, Monte Caseros) tiene una destacada trayectoria artística marcada por importantes premios y exposiciones. El 6 de marzo de 2025, en conmemoración del Día Internacional del Escultor, la Fundación Urunday emplazó su obra "Simpleza" en las instalaciones de la Facultad de Artes, Diseño y Ciencias de la Cultura y de esta manera se incorporó a Resistencia, la Ciudad de las Esculturas.
2025. Exposición "Líneas en el jardín" en el Museo Evita Palacio Ferreyra. Córdoba. 2024. Representante de Argentina en la Bienal del Chaco. Premio de los Niños "Reinaldo Martínez" y Premio del Público "Juan Alberto García", también la Mención Aeropuertos Argentina. 2021. Primer Premio del 65° Salón de Artes Plásticas "Manuel Belgrano". Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina). 2017. Primer Premio del Concurso Provincial de Escultura de Villa María, Córdoba. (Argentina). 2015. Mención del 104° Salón Nacional de Artes Visuales -Sección Esculturas- Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina). 2002. Mención Especial del Jurado en el XIX Salón Provincial -sección escultura- de Artistas Plásticos Asociados de Córdoba (Argentina). 2000. Mención del Jurado y Premio del Público en el 9° Encuentro Nacional de Escultura en Madera de Leandro N. Alem, Misiones (Argentina).
La obra
El escultor escribe: "Desde hace algún tiempo, parte de mi escultura se sostiene y se construye en la línea; y ésta se sustenta en un material muy noble pero frío e implacable como el metal y otras veces en uno cálido y suave como la madera. El color ocupa un lugar importante en mi trabajo porque por donde transito hay color, en la dirección que miro hay color, hay infinidades de colores. En ese transitar su dirección fue para múltiples lados, subió, bajó, se disparó en una diagonal, se arrugó, se comprimió, se dobló suave o abruptamente. También se anudó para después desatarse y poder transcurrir suavemente en otra dirección, muchas veces desapareció para luego aparecer de otro tamaño y en otro lugar. En ese ir y venir marcó territorios, sectorizó, delimitó, dividió espacios. Mi trabajo se trata pasar muchas veces por un mismo lugar y volver a pasar hasta agotar lo transitado para poder realizar pequeños cambios, mejor dicho, esa es mi intención y en eso creo. Y al estar sustentada por muchas horas de trabajo eso va fundando una obra que se va despojando, pasando a una simpleza mínima casi imperceptible. Mi obra no dice nada ni tampoco significa nada, es ni más ni menos que una línea que no tiene intencionalidad, pero si tiene recorrido y cuando uno percibe ese recorrido, el otro puede llegar a significar o mejor dicho poner en juego un significado si es necesario. Algún día quisiera llegar a la simpleza de una flecha o mejor dicho de su recorrido".










