Arte y cultura en Resistencia durante la última dictadura militar
La institucionalización de la gestión cultural estatal en el Chaco tuvo un origen paradójico. Si bien la primera Dirección de Cultura de la provincia se creó a mediados de la década de 1950, su verdadera organización comenzó recién en 1967, cuando Yolanda Pereno de Elizondo asumió la conducción del área. Conocida en el ambiente cultural como "Doña Yola", su figura sería central en la vida cultural chaqueña durante décadas. Elizondo inició entonces una extensa gestión que se prolongó durante catorce años y atravesó tres gobiernos provinciales distintos.

Durante la última dictadura militar argentina (1976-1983), las políticas culturales provinciales mostraron, por la permanencia de Elizondo al frente del organismo, una línea de gestión sostenida. Por otro, el área adquirió una jerarquía institucional: en 1976 la Dirección de Cultura fue elevada al rango de Subsecretaría. En ese período, y en aparente contraste con el clima represivo que caracterizó al régimen militar, el ámbito cultural desarrolló una intensa actividad. Se impulsaron programas de estímulo a las artes, se organizaron exposiciones y se promovieron conmemoraciones cívicas que buscaban consolidar una identidad cultural provincial.
Estas políticas tenían un doble objetivo. Por un lado, sostener y legitimar a artistas ya reconocidos, quienes continuaron produciendo con apoyo institucional. Por otro, estimular a nuevas generaciones mediante premios, concursos y espacios de exhibición. De esta manera, se fue configurando por primera vez en la provincia una red relativamente organizada de formación, exhibición y reconocimiento artístico.
En el plano discursivo, el gobierno provincial intentó instalar una determinada imagen del Chaco. Se trataba de una identidad asociada al progreso impulsado por el colono inmigrante y por el esfuerzo de quienes habían llegado al territorio a fines del siglo XIX.
Se construyó el slogan "Chaco puede" para toda la gestión estatal. La consigna se repitió en discursos oficiales, publicaciones y actos públicos entre 1976 y 1983. Su eficacia comunicativa residía en varios aspectos. Por un lado, en su brevedad y sencillez. Por otro, en la idea de esperanza que transmitía: el verbo "puede" sugería la posibilidad de un futuro mejor. Además, el sujeto de la frase no era un gobierno ni un dirigente, sino la provincia misma, lo que generaba una sensación de pertenencia colectiva.
Esta visión también se expresó en una serie de iniciativas culturales vinculadas al Centenario de la fundación de Resistencia, celebrado en 1978. La conmemoración se convirtió en una oportunidad para reforzar el relato histórico que el gobierno buscaba promover. Junto con obras de infraestructura urbana, se impulsaron producciones artísticas de carácter monumental y conmemorativo.
La pintura y el relato fundacional
El Centenario de Resistencia tuvo un fuerte impacto en la producción artística. La fecha elegida como hito fundacional fue el 2 de febrero de 1878, día en que llegó al territorio el primer contingente de inmigrantes italianos. El gobierno provincial tomó este episodio como símbolo de origen y lo incorporó al relato histórico oficial. Desde esa perspectiva, la inmigración europea aparecía como el punto de partida de la historia chaqueña.
Uno de los artistas convocados para representar ese momento fue el pintor Alfredo Pértile. El artista ya había abordado el tema en 1954, en una obra titulada 2 de febrero. Más de dos décadas después, en 1977, realizó una nueva versión de mayor tamaño. La pintura fue instalada en el hall principal de la Casa de Gobierno del Chaco. De este modo, quienes ingresaban al edificio se encontraban inmediatamente con una escena que representaba el desembarco de los inmigrantes en el río Negro. La obra funcionaba, así como una suerte de introducción visual a la historia provincial.
Este tipo de representaciones no era habitual en el arte chaqueño. El género de la pintura histórica había sido poco explorado por los artistas locales. Sin embargo, en este caso adquiría una función clara: construir una imagen heroica del origen de la sociedad chaqueña. A través de recursos simbólicos y narrativos, la obra presentaba a los inmigrantes como protagonistas de una gesta fundadora.
Al mismo tiempo, esta lectura de la historia abre interrogantes. Si la llegada de los inmigrantes marca el comienzo del relato, ¿qué lugar ocupan los pueblos indígenas que habitaban el territorio mucho antes? Su presencia queda prácticamente ausente en estas representaciones, a pesar de que algunos artistas —incluido el propio Pértile— los abordaron en otras obras.
Escultura y espacio público
La escultura también tuvo un papel destacado en estas conmemoraciones. En parte, porque varios escultores chaqueños habían alcanzado reconocimiento regional y nacional. Pero también porque las obras monumentales, emplazadas en el espacio público, permitían llegar de manera directa a la ciudadanía.
Uno de los casos más conocidos es el del escultor Eddie Torre, convocado para realizar el monumento central del Centenario de Resistencia. La obra, titulada Chaco naciente –también conocida como Monumento a los inmigrantes-, es un conjunto escultórico de chapa batida que se instaló en la intersección de las avenidas Ávalos y Lavalle, cerca del Parque 2 de Febrero. La obra vuelve a poner en escena el tema de la inmigración como origen de la sociedad chaqueña. La representación de la familia inmigrante refuerza además una idea de continuidad y futuro.
En la misma línea temática se inscribe el mural escultórico realizado por Domingo "Tano" Arena en 1978. Titulado Homenaje a la primera colonización del Chaco, fue encargado por el Ministerio de Gobierno, Justicia y Educación y se instaló en la Escuela Lino Torres. El mural está compuesto por tres paneles que narran distintas etapas del proceso inmigratorio: "Desembarco", "Labranza" y "Construcción". La secuencia propone una historia de progreso que va desde la llegada de los colonos hasta la transformación del territorio mediante el trabajo.
Este tipo de representaciones coincidía con el discurso estatal de la época, que enfatizaba valores asociados a la "civilización occidental y cristiana". Esa dimensión también aparece en dos esculturas realizadas por Fabriciano Gómez para la Catedral de Resistencia: San Fernando Rey e Inmaculada Concepción. Ambas obras, incorporadas en la fachada reforzada de la catedral, reforzaban la dimensión religiosa de esa identidad cultural.
Con el paso del tiempo, estas imágenes trascendieron su contexto original. De hecho, las dos últimas se convirtieron en símbolos visuales de la ciudad y fueron utilizadas como logotipos institucionales por la Municipalidad de Resistencia.
Estas y otras obras que circularon y se promovieron durante el período 1976-1983 desde la iniciativa oficial, respondieron a una política cultural de legitimación del Estado provincial que fueron constituyendo un imaginario visual chaqueño compacto y estable, de "progreso y civilización".










