Julio Zalazar: el arte de la amistad
Y un día de finales de febrero, nos quedamos huérfanos. Huérfanos de su arte, de su sonrisa, de su generosa amistad, de sus ganas de vivir y crear, siempre.

Así nos sentimos todos los que compartimos, te apreciamos, quisimos, respetamos.
Fuiste de todo lo que cualquier persona de bien anhela: esposo, gran padre de familia, enorme artista, gran fotógrafo, creador, docente eterno, publicista, talentoso, experto cocinero, amigo de sus amigos a rabiar.
En 30 años me abriste la puerta de tu casa, El Taller Sol (frente a Radio Libertad, por Arbo y Blanco), donde compartí con tus amigos momentos inolvidables, con tu hermosa familia (Felipe Zalazar, quien le puso música a los 70 años de mi madre en el viejo y querido Hotel Lemirson). Con Sol Zalazar, tu hija que heredó tu sangre de buena gente y belleza como persona, y tu empecinamiento por el arte y la cultura, a cargo del Museo Casa Geraldi donde pasamos momentos inolvidables.
Fuiste un gran compañero. Nos acompañamos. En las buenas y en las otras. En la distinción que te dio la Cámara de Diputados junto a otros artistas como Titina Díaz Setuvi. Y También cuando tuvimos que dejar con enorme tristeza la elegante casona de la Arbo y Blanco por problemas económicos, en plena pandemia.
Nuestras charlas en las mañanas o las tardes a solas -yo con mi mate, vos con tu té infaltable- hablábamos de mil cosas, de nuestras vidas, y del arte, obvio. Tu pintor favorito era Picasso. Ni hablar de las pintadas callejeras, los viajes que hicimos, como ir a pintar en Paso de la Patria, al encuentro de arte en Berazategui, a lo del amigo Milo Lockett, quien visitó varias veces el taller.
Las despedidas de año, inolvidables: te salía "el actor que eras" y sacabas tus "disfraces", máscaras, títeres, atuendos, que compartíamos junto a todos. Y la música siempre presente. Te gustaba mucho tanto Edith Piaff como el brasilero chamamecero Renato Borghetti, el buen rock, y los boleros. Tu cumpleaños en pleno verano de alto calor. El mío en frío invierno de julio, al igual que tu nombre.
Y siempre música en vivo, junto al querido y recordado Víctor Reyna, Valeria Palacios, el doctor Chuffy Sosa y Adrián Medina, entre otros.
Siempre te recordaré con tu eterna sonrisa, con tu humor particular, con tus consejos de amigo. Sin vueltas. Con tu humildad de siempre. Te costaba "hacer prensa", orgullosa labor que tuve el honor de hacerlo desde el 2005 en adelante del Taller Sol.
Te fuiste justo en un lugar de sol, que tantas veces te conté. Viví allí durante tres años, la playa de Los Ingleses, Florianópolis. El sol, al que tantas veces pintaste, y tu taller llamado Sol, tu hija tan encantadora como vos llamada Sol, te eligió, como "embajador eterno de luz". Así fue, es y será.
Se fue un maestro, un gran docente. Y cuando se va un artista duele más. Es más, agrande la ausencia. Y más aún cuando ese artista fue una buena persona, un amigo de esos que no sobran, más aun, en estos tiempos "tan amarretes de afectos y llenos de individualismos vacíos".
Me tomo el atrevimiento de acompañar, desde NORTE, a toda tu familia en este momento de dolor que las palabras no pueden explicar ni expresar.
Su presencia en tantas Bienales, tus pintadas en la peatonal, en la calle Güemes, en la vereda del Taller Sol. Tus exposiciones en la Alianza Francesa, en el Centro Cultural Nordeste UNNE. El amor que tenías con tus alumnos, grandes y pequeños.
Decirte "hasta siempre" es poco. "Hasta pronto", suena mejor, pues como esta vida nos unió, seguramente (si las hay) en la otra nos volveremos a encontrar. Humildemente, yo también hice méritos para que suceda. Volver a encontrarnos juntos, con el querido Pitty Lopez, con el profe Mario Vanegas, con el músico Víctor Reyna, el periodista Javier Jenefes (todos junto a vos ahora en "la Tierra sin Mal") y el arquitecto Ricardo Nill., Elsa Villamil, Erasmo Monzón, Rocío Caro Gómez, Salvador Mizdrahi, Remo Chiapello, Sandra Palarich, Roly Perez Beveraggi, las amigas y amigos de la Alianza Francesa y muchos más, todos parte de una u otra manera del Taller Sol que hoy sienten y lloran su partida como quien suscribe.
Personas de "distintos palos" como Erasmo Monzón, Carmen Tenerani, Marilyn Cristófani, Julio Repetto, Dufa Nielsen, María Angelica Kees, Mabel Canto, Sergtio Falcón, entre otros, acompañan y dan fe de estas sinceras palabras.
Me considero un ser afortunado por haberlo conocido y tratado. Un enorme regalo que esta vida me dio.
Julio Zalazar ya es parte de la historia de la cultura y el arte del Chaco. De mi generación (y objetivamente como periodista), está a la altura de los Fabriciano, de los Hugo Blotta, como hacedor cultural. Ya habrá quienes hablen de su trayectoria como artista. En mi caso, mi amistad con el soslaya su lado creativo. A mí me queda por contar que conocí y fui amigo de un gran artista y mejor persona.
Aún tenemos cosas por hacer, querido Julio. Y el cielo siempre puede esperar.










