Parque Caraguatá: el valor de la institucionalidad frente al mito del abandono
Señor director de NORTE:
A veces, en política, discutimos mucho sobre los problemas del presente, pero poco sobre cómo queremos que sea la ciudad dentro de diez, veinte o treinta años. La Reserva Ambiental Caraguatá nos plantea justamente ese desafío.
El Caraguatá no es un terreno más dentro de la ciudad ni es víctima de abandono. Es un espacio natural de alto valor ambiental, por su diversidad biológica con connotación cultural para los pueblos originarios.
Es un área importante de bosques y humedales que absorben el agua de lluvia y reducen inundaciones; sus árboles bajan la temperatura mitigando el calor. Debemos protegerla y conservarla para hacer la ciudad más habitable.

Es una superficie preservada desde que se la incorporó al Sistema Municipal de Aéreas Protegidas (SIMAP). Esta decisión fue el resultado de años de trabajo técnico, planificación urbana, normas ambientales y participación de profesionales que pensaron cómo cuidar ese ecosistema sin impedir que la comunidad lo disfrute.
El punto de partida fue el Código Ambiental con la ordenanza N°12608/2018 y la ordenanza N°13756/2021 de Distritos y Usos del Suelo que crea el SIMAP e incorpora al parque en esa categoría.
Esto permitió empezar a pensar en una reserva natural con criterios claros de preservación, y transformar definitivamente un lugar, que hace años tiene ocupaciones precarias e incluso usos inadecuados —como depósito de chatarra—.
En esa misma línea, en 2022 se impulsó un concurso público de anteproyectos, con participación de instituciones como la UNNE y el Conicet.
Ese trabajo permitió definir una hoja de ruta técnica para el futuro del parque: desde cómo ordenar sus usos hasta cómo garantizar que su preservación sea sostenible en el tiempo.
De allí surgieron lineamientos claros, como la necesidad de un plan de manejo, la definición de senderos no invasivos, la limitación del ingreso de vehículos y animales que puedan afectar el ecosistema, y la puesta en valor del vínculo del lugar con las comunidades originarias.
Otro paso importante fue el traspaso del dominio del predio de la provincia a la municipalidad mediante la Ley 3434-R/2021, lo que dio mayor seguridad jurídica y permitió consolidar su destino como área protegida.
Más recientemente, en diciembre de 2025, el concejo aprobó por unanimidad la Resolución N°489 que solicita retirar del parque elementos impropios, como vehículos abandonados, en sintonía con el objetivo de preservarlo.
Sin embargo, en las últimas semanas, el Ejecutivo Municipal realizó tareas que van en sentido contrario a lo expuesto, afectando sectores de gran valor ambiental.
Mantener un área protegida no siempre es intervenir con maquinaria pesada o realizar obras visibles sin medir su impacto ambiental. Muchas veces, la conservación es justamente evitar ese tipo de acciones.
Las ciudades que progresan son las que sostienen sus políticas públicas más allá de las gestiones.
La ciudad ya había tomado una decisión. Por eso, cuando hoy volvemos a debatir el futuro del Caraguatá, creo que lo primero que debemos hacer es algo simple pero muy importante: respetar la planificación concebida por la sociedad.
Desde 2018 se viene construyendo un camino con respaldo técnico, institucional y legislativo.
Que el intendente Roy Nikisch y sus funcionarios desconozcan todo este proceso y vuelvan a abrir discusiones ya saldadas no solo invisibiliza el trabajo colectivo de instituciones académicas, científicos, organizaciones, profesionales, especialistas, distintas gestiones y vecinos, sino que además representa un retroceso frente a lo que el pueblo de Resistencia ya había resuelto.
Por eso, el Ejecutivo municipal no debe improvisar sobre el destino del parque, sino continuar con los lineamientos ya definidos surgidos del mencionado concurso público.
El Caraguatá no es un conflicto. Es una oportunidad para demostrar que en Resistencia podemos cuidar nuestro patrimonio natural, sostener decisiones institucionales y pensar la ciudad con responsabilidad hacia las generaciones que vienen.
Porque, en definitiva, proteger nuestros espacios naturales también es una forma de cuidar el futuro de nuestra ciudad.
GUILLERMO MONZÓN
ARQUITECTO
CONCEJAL DE RESISTENCIA
EXSECRETARIO PLANIFICACIÓN, INFRAESTRUCTURA Y AMBIENTE – MUNICIPIO DE RESISTENCIA
EXMINISTRO DESARROLLO URBANO Y ORDENAMIENTO TERRITORIAL – PROVINCIA DEL CHACO
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