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Junta de Estudios Históricos del Chaco

Fundación de San Buenaventura del Monte Alto

Hacia 1864 la Orden Franciscana inició un plan de evangelización en la región chaqueña que consistía en la fundación de varias reducciones e, donde aún existían numerosos pueblos aborígenes.

Los curas franciscanos del Convento de La Merced de Corrientes, con el auspicio del Gobierno de esa Provincia, resolvieron fundar una reducción sobre la margen derecha del Paraná a fin de iniciar la evangelización de los aborígenes del Chaco. A fines de 1864 o a principios del año siguiente, Fray Antonio Rossi, secundado por varios misioneros y guiados por algunos aborígenes, reconocieron la costa chaqueña, tomaron contacto con las tribus Tobas y Vilelas que se mantenían en paz con las autoridades y eligieron un paraje elevado -a cubierto de las inundaciones-.  Llamado "Monte Alto" al Norte de la actual ciudad de Resistencia y cerca de la desembocadura del Río Negro en el Paraná.

Surge "San Buenaventura del Monte Alto"

   Decidieron fundar una reducción en ese lugar, la pusieron bajo la advocación de San Buenaventura y el 3 de Febrero de 1865 iniciaron los trabajos de la capilla, la que fue concluida y bendecida el 12 de Marzo, en una lúcida ceremonia que contó con la presencia del Gobernador correntino Ignacio Lagraña, otros funcionarios y numerosos vecinos de la ciudad de Corrientes. El Padre Antonio Rossi contó con la valiosa colaboración de los frailes Agustín Bertacca y Francisco Ristorto, y de este modo logró reunir a 180 aborígenes de las etnias Tobas y Vilelas, éstos últimos comandados por el Cacique Leoncito, principal respaldo de la obra misional franciscana entre sus hermanos de raza.

La Guerra de la Triple Alianza

El estallido de la Guerra de la Triple Alianza y la ocupación paraguaya a Corrientes el 13 de abril de 1865, interrumpió la labor de los misioneros, por cuanto las autoridades de ocupación les ordenaron a los misioneros no concurrir más a la Reducción. Esto provocó el desbande parcial de los aborígenes reducidos, y sólo se mantuvo el Cacique Leoncito con su familia resguardando el lugar. A fines de 1865 y pasado el trance de la ocupación paraguaya, los padres volvieron y con la ayuda de Leoncito reiniciaron los trabajos de la Reducción.

Los progresos de la Reducción

    Los frailes Bertacca y Ristorto consiguieron ayuda financiera del Gobierno de Corrientes y del Gobierno Nacional, consistente en una subvención mensual y entrega de ganado vacuno. Con la ayuda de los propios aborígenes construyeron tres habitaciones para los padres, depósito y un cerco de palo a pique como defensa contra los ataques de otras tribus de la región. Además, lograron iniciar a los aborígenes en los cultivos agrícolas, de hortalizas y árboles frutales. También consiguieron que éstos se adaptaran lentamente a habitar en chozas individuales, en lugar de las chozas comunitarias como era su costumbre ancestral. Hacia 1869 ya habían levantado diez casas con pared de estanteo y techo de paja en torno a la capilla. 

    En medio de grandes dificultades por la falta de recursos los padres continuaron abnegadamente su labor misional. Los sacerdotes celebraban misa por la mañana, impartían la doctrina y bautizaban. Por la tarde se instruían a los varones en el idioma castellano, tarea en la que obtuvieron sensibles progresos. Los misioneros tuvieron mucho trabajo en conservar el orden interno entre los miembros de la tribu, pues el cacicazgo de Leoncito sólo era efectivo en caso de guerra, como era la costumbre entre los aborígenes del Chaco.

Decadencia de la Reducción 

   En marzo de 1869 el Gobierno de Corrientes suspendió toda ayuda financiera a la Reducción y los padres quedaron librados a su suerte cuando la ayuda que enviaba el Gobierno Nacional también cesó. El interés inicial por la obra misional de los franciscanos se había esfumado, pese a que las autoridades no podían ignorar los conflictos por la posesión del Chaco que surgirían ni bien se terminara la Guerra con el Paraguay. Los padres Bertacca y Ristorto permanecieron en San Buenaventura hasta 1875, año en que retornaron a Corrientes imposibilitados de continuar sus labores en la Reducción. Confiaron el cuidado de ésta al Cacique Leoncito con la promesa de retornar al Chaco cuando les fuera posible. Nunca pudieron hacerlo, pese al insistente pedido de los aborígenes. El propio Cacique Leoncito se trasladaba a Corrientes con frecuencia a fin de rogarles por su regreso. Así concluyó uno de los intentos misionales más importantes que la Orden Franciscana realizó en el Chaco durante el Siglo XIX. Hoy se mantiene la Capilla, en las afueras de Resistencia, reconstruida sobre los cimientos y materiales de la obra original.

 (El autor es Miembro de Número de la Junta de Estudios Históricos  del Chaco)

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