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El dilema Resistencia

Resistencia es, por la obviedad de su dimensión demográfica, un distrito clave para cualquier elección que se realice en el Chaco. No hay una relación directa entre lo que dicen las urnas en la capital y lo que dicen en el total provincial, pero sí una conexión intensa. Para un candidato o una fuerza partidaria, vencer en la ciudad es ponerse 1 a 0 en el partido por la provincia. Que eso alcance o no para ganarlo es otra historia. 

Por eso, la elección de un nuevo intendente volverá a ser, el año que viene, un aspecto crucial de la lid política. 

La historia

El peronismo considera a la capital un espacio claramente adverso, aunque el PJ no puede decir que le haya ido tan mal. Hubo desde la recuperación democrática de 1983 hasta hoy trece elecciones de intendente, de las cuales seis fueron ganadas por el radicalismo, cuatro fueron para el justicialismo y tres para Acción Chaqueña. A la vez, de esos trece jefes comunales elegidos, seis, casi la mitad, tuvieron que administrar al municipio con gobiernos provinciales de signos políticos diferentes a los suyos. Y un dato que rompe la idea de que Resistencia define todo: en siete elecciones ganaron el Municipio partidos que perdieron los comicios provinciales de esos años. Es decir, solamente en seis ocasiones funcionó la ecuación "ganar Resistencia es ganar toda la provincia".

De hecho, en 1983 el justicialismo logró convertir a Florencio Tenev en gobernador, mientras que en Resistencia el ganador de la intendencia fue el radical Livio Lataza. La UCR volvió a ganar en el 85 (hasta la reforma constitucional de 1994 los mandatos comunales duraban dos años) con Hernán Piccili, y en 1987 un Deolindo Bittel todavía políticamente potente se bajó del Senado para nominarse e instalar la primera gestión peronista en el Municipio, además de contribuir a la victoria de su compañero Danilo Baroni en una puja por la gobernación que venía complicada.

Disrupción

En 1989, a pesar de la ola triunfalista del menemismo recién instalado en la Casa Rosada, Resistencia fue el escenario de una sorpresa política mayúscula. El exgobernador militar José David Alberto Ruiz Palacios ganó la intendencia al frente de la boleta de Acción Chaqueña, un partido que había fundado apenas un año antes. Resistencia fue, así, la sala de partos de un fenómeno político impactante (también fugaz), que acabaría capitalizando el cansancio del electorado independiente para con la dirigencia tradicional 

En 1991, a pesar de que la Justicia provincial, con un Superior Tribunal de mayoría peronista, le impidió a Ruiz Palacios ser candidato a gobernador, Acción Chaqueña le quitó el invicto electoral al peronismo en la provincia y Rolando Tauguinas, el candidato alternativo, pasó a ser el nuevo gobernador del Chaco. En Resistencia, una joven contadora, Elda Pértile, también de Acción Chaqueña sucedía Ruiz Palacios en la intendencia. 

Para cuando llegó 1995 muchas cosas habían cambiado. El internismo y la falta de astucia política hicieron implosionar a Acción Chaqueña, y el radicalismo logró ganar la provincia por primera vez en elecciones libres, y así consagrar gobernador a Ángel Rozas. En Resistencia el PJ lograba un consuelo: volvía a comandar la intendencia gracias a la victoria de Rafael González. 

Ola radical

En 1999 la fortísima ola radical construida por Rozas logró para él la reelección e instaló en la ciudad al primer intendente de la UCR en doce años: Benicio Szymula.

Aída Ayala, funcionaria en las intendencias de Ruiz Palacios y de Pértile, fue tentada por el rozismo y saltó la valla para ser candidata del radicalismo en 2003, a la par que otro radical, Roy Nikisch, retenía la gobernación para la UCR. Aída iba a iniciar una hegemonía récord en la capital, con tres intendencias al hilo, alcanzadas incluso a pesar de la llegada de Jorge Capitanich a la gobernación en 2007 y su reelección de 2011.

Fue el propio Capitanich quien iba a recuperar la intendencia para el peronismo, en 2015, cuando la restricción constitucional una nueva reelección provincial lo llevó a dejarle paso a Domingo Peppo. En 2019, Capitanich regresó a la gobernación y en Resistencia ganó su compañero y villano favorito, Gustavo Martínez.

No hace falta recordar demasiado lo que pasó en 2023. Capitanich sentía el cuarto mandato al alcance de la mano, pero Leandro Zdero le rompió la ilusión como quien con una tijera le pincha la pelota a un niño. En la capital, Roy Nikisch reinstaló a la UCR en el poder municipal.

Lo que viene

En la carrera de rengos que puede llegar a ser un mano a mano entre Zdero y Capitanich (u otra figura del PJ) el año que viene, la cinchada por Resistencia puede llegar a tener un valor mucho más estratégico que el habitual. Eso suponiendo que no se desdoblen los comicios locales, como sucedió en el ’23. Es improbable que eso se repita.

Un dato importante es que Nikisch ya viene avisando, hacia adentro y hacia afuera, que no va a buscar un segundo mandato ni ningún otro cargo público. Eso le genera a Zdero la necesidad de encontrar un sustituto a la altura. 

Entre paréntesis: varios dudan de que Roy desista de buscar la reelección. Recuerdan que, a fin de cuentas, decidió postularse en 2023 cuando vio que Aída Ayala lanzaba su precandidatura por el sector de Ángel Rozas y que eso reducía las chances de que Zdero ganara la interna. Si LZ le pide el auxilio de que vuelva a postularse en la ciudad, ¿Nikisch mantendrá su intención original de colgar los botines? En la respuesta a esta pregunta se definen muchas cosas.

Mientras, Zdero piensa en alternativas. Por eso vendría dándoles más visibilidad a colaboradores como su secretaria general, Carolina Meiriño, o incluso al ministro Julio Ferro. Otros arriesgan que podría haber un nominado no incluido hasta ahora en los análisis previos. Por ejemplo, Hugo Matkovich, con un alto perfil como ministro de Seguridad. No es un dato, aclara una fuente, sino una hipótesis. También está Carlos Salom, con una larga trayectoria y muy respetado por propios y extraños.

Hay otro elemento nada pequeño en escena: la salida airosa de Aída Ayala de sus bretes judiciales, que la dejan habilitada para ser candidata otra vez si lo quisiera. ¿Lo querrá? Y si decide emprender la aventura, ¿lo hará alineada con Zdero o su distanciamiento de él es irrevocable? Si no hay vuelta atrás en eso, ¿podría Aída llegar a ser candidata por afuera de la UCR, para debilitar las chances del gobernador?

El PJ

El peronismo tampoco la tiene sencilla. No se ven figuras de peso que puedan seducir al electorado de la capital, en el cual predominó, en 2023, un voto fuertemente antikirchnerista. Una opción siempre mencionada en el partido, Gustavo Martínez, parece inviable. Su gestión en la ciudad tuvo menos resultados positivos que las gestiones de paz en Medio Oriente. Quienes hablan con él dicen que es el más consciente de esa circunstancia y sus costos.

No hay un favorito, mucho menos un indiscutible. Entre los que se escuchan está, nuevamente, Diego Arévalo, el candidato de 2023, que terminó tercero, con el 17% de los votos, detrás de Nikisch (43%) y de Elida Cuesta (26%). La expresidente de la Legislatura podría intentarlo otra vez, impulsada por Martínez.

También están en la zona de posibles la exministra Pía Cavana y el diputado provincial Luciano Moser, y algunos no descartan a Guillermina Capitanich, hija del exgobernador. Tampoco se tacha de la lista de eventuales postulantes a Juan Manuel Pedrini ni a Agustín Romero, presidente del Concejo en tiempos de Gustavo.

Seguramente hay más gente expectante, tanto en el oficialismo como en la oposición, pero en política se sabe que largar tarde en una carrera es casi tan inconveniente como hacerlo temprano. Los tiempos corren, y el 2027 está mucho más cerca que lo que se puede llegar a pensar. 

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