Libros de papel para mejorar el aprendizaje
El país más tecnológico de Europa ratificó una decisión que sorprendió al mundo educativo. Suecia, símbolo de innovación y conectividad, decidió invertir cerca de cien millones de dólares en la compra de libros de papel para sus escuelas. La medida, según explicaron las autoridades educativas del país nórdico, es una respuesta directa a datos preocupantes sobre el aprendizaje de sus estudiantes.
Durante años, Suecia fue considerada un laboratorio ideal para la digitalización escolar. Su perfil de país rico, hiperconectado y con una fuerte tradición de políticas públicas progresistas, el país apostó por incorporar tecnología desde el jardín de infantes. Cada alumno con su tablet, cada aula equipada con conexión permanente y cada libro tradicional reemplazado por una pantalla. La premisa parecía indiscutible. Si algún sistema educativo podía demostrar que más tecnología equivalía a mejores resultados, era este.
Sin embargo, con el paso del tiempo las evaluaciones de los alumnos comenzaron a mostrar una realidad distinta. En las pruebas internacionales de comprensión lectora, los puntajes descendieron. En el estudio Programme for International Student Assessment, conocido como PISA, los resultados indicaron que el incremento del tiempo frente a pantallas no estaba mejorando el rendimiento académico. Por el contrario, los estudiantes con mayor exposición digital obtenían desempeños inferiores. Los que utilizaban menos pantallas rendían más comparados con quienes pasaban más horas estudiando exclusivamente con dispositivos electrónicos.
Las evaluaciones mostraron además que, en el aula, dos de cada tres estudiantes con computadora portátil dedicaban buena parte de la clase a actividades ajenas al contenido escolar. Lo que pasó fue que la distracción, facilitada por la propia naturaleza de los dispositivos conectados, se convirtió en un obstáculo cotidiano. A ello se sumaron problemas como el ciberacoso y la dificultad de los docentes para mantener la atención en entornos saturados de estímulos digitales.
Pero eso no fue todo. Distintas investigaciones que analizaron la actividad cerebral mediante cientos de sensores mostraron diferencias significativas entre escribir a mano y tipear en un teclado. Se comprobó que la escritura manual activa de manera simultánea redes de memoria, visión y procesamiento motor y que esa coordinación fortalece la consolidación de lo aprendido. El acto físico de trazar cada letra obliga al cerebro a procesar con mayor profundidad la información. El tipeo, en cambio, simplifica el movimiento y reduce esa activación integrada.
El prestigioso Instituto Karolinska, responsable de otorgar el Premio Nobel de Medicina, respaldó estas conclusiones y advirtió sobre los efectos negativos del uso excesivo de pantallas en edades tempranas. Con ese respaldo, el gobierno sueco decidió revisar su estrategia. Eliminó dispositivos digitales para menores de seis años, prohibió los teléfonos móviles durante toda la jornada escolar y canceló el plan nacional de educación digital. Los fondos destinados a ampliar la infraestructura tecnológica fueron redirigidos a la compra y distribución de libros físicos.
En 2024 se asignaron unos 60 millones de euros para garantizar un libro por alumno y por asignatura. Además, se otorgaron recursos adicionales a la Biblioteca Nacional para monitorear el acceso a los materiales. El objetivo fue que cada estudiante tenga acceso a un texto propio en todas las materias, sin depender exclusivamente de recursos digitales.
En 2021, Suecia cayó once puntos en comprensión lectora, lo que encendió el debate sobre una posible crisis de lectura y el riesgo de analfabetismo funcional. Las autoridades vincularon parte del retroceso al exceso de pantallas y a la sustitución prematura de libros impresos por formatos digitales.
La ministra de Escuelas, Lotta Edholm, dijo que ninguna tablet sustituye un libro y explicó que su planteo no implica rechazar la tecnología, sino reordenar prioridades.
La decisión sueca contrasta con la tendencia de otros países que continúan expandiendo la compra de dispositivos. Mientras tanto, la experiencia nórdica sugiere que más tecnología no garantiza mejores aprendizajes y que, en ciertos contextos, puede incluso dificultarlos.
El caso de Suecia no es un rechazo al mundo digital, en todo caso es un llamado a utilizarlo con más criterio. La tecnología, advierten los especialistas, puede ser una herramienta poderosa cuando se integra de manera equilibrada y con objetivos pedagógicos claros; pero convertirla en sustituto automático de métodos tradicionales, sin evaluar sus efectos reales, puede tener consecuencias no deseadas.










