El Chaco, entre las provincias con más motos
El año pasado se vendieron en Argentina 650.325 motos 0 kilómetro, un 34% más que en 2024, según datos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara) y la Cámara de Fabricantes de Motovehículos (Cafam). En paralelo, solo en el mercado de usadas, en el primer semestre de 2025 se registraron 248.482 transferencias, un 14% interanual más. El parque total pasó de menos de un millón de motos en 2000 a más de ocho millones en la actualidad, con fuerte concentración de ventas en provincias como Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y el Chaco, y predominio de modelos de baja cilindrada para uso urbano.
El auge de este tipo de movilidad, impulsado tanto por su bajo costo (modelos desde 1,8 millones de pesos, financiables hasta en 48 cuotas) como por su utilización en aplicaciones de reparto y transporte, tiene un fuerte impacto social y sanitario. Según el informe preliminar de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), cada día mueren cuatro personas en siniestros con motos y los motociclistas representan 46% de las víctimas fatales en el país. En el NEA y NOA, esa proporción asciende a 61%. El perfil más frecuente de víctima es el de varones jóvenes de entre 15 y 34 años.
Especialistas advierten que el crecimiento acelerado del parque motociclista genera altos costos en salud pública -lesiones graves, cirugías complejas y ocupación hospitalaria- y profundiza situaciones de vulnerabilidad económica, especialmente entre trabajadores informales o repartidores.
En los últimos años, el crecimiento del parque motociclista transformó la dinámica del tránsito urbano, con consecuencias visibles tanto en la movilidad cotidiana como en las estadísticas de siniestralidad. En rigor, las motos se consolidaron como una alternativa accesible frente al encarecimiento del automóvil y las deficiencias del transporte público, pero ese avance vino acompañado por un aumento del riesgo en las calles.
El crecimiento del uso de la moto responde, por un lado, a que su costo inicial es considerablemente menor que el de un automóvil y, además, existen amplias opciones de financiación. Por otra parte, su bajo consumo de combustible y facilidad para desplazarse en entornos congestionados la vuelven atractiva en ciudades cada vez más saturadas. Además, como se dijo, el auge de las plataformas de reparto y transporte multiplicó la cantidad de trabajadores que utilizan la moto como herramienta central de ingresos. Pero a diferencia de quienes viajan en automóviles, las motos no cuentan con una carrocería que absorba impactos ni con sistemas de protección pasiva como airbags o cinturones. En una colisión, el cuerpo es el principal punto de absorción de la energía. Incluso a velocidades moderadas, las consecuencias pueden ser graves: traumatismos craneoencefálicos, fracturas múltiples y lesiones medulares son frecuentes en los servicios de emergencia.
El uso del casco es, sin dudas, la medida de protección más eficaz. Diversos estudios internacionales señalan que reduce significativamente el riesgo de muerte y lesiones severas en la cabeza. En Argentina, su uso es obligatorio, pero el nivel de cumplimiento varía según la región y la intensidad de los controles. A ello se suma un problema adicional, y es que no todos los cascos comercializados cumplen estándares de calidad adecuados ni están correctamente abrochados al momento del impacto.
En muchos municipios, el proceso de obtención de la licencia resulta insuficiente para garantizar que el conductor cuente con habilidades técnicas y criterios de conducción defensiva. La convivencia con automóviles, colectivos y camiones en entornos de alta densidad exige una capacitación específica que contemple riesgos como puntos ciegos, maniobras imprevistas y frenadas bruscas.
Hay un dato a tener en cuenta. Repartidores y trabajadores de aplicaciones digitales pasan más horas en la vía pública y, en ocasiones, bajo presión por cumplir tiempos de entrega. Esa combinación incrementa la exposición al riesgo. Políticas que promuevan estándares mínimos de seguridad laboral, pausas obligatorias y capacitación en conducción segura podrían contribuir a disminuir la siniestralidad en este grupo de usuarios de la vía pública.
Las motos seguirán siendo parte central de la movilidad en muchas ciudades. Su eficiencia y bajo costo las convierten en una opción difícil de reemplazar. El desafío consiste en reducir el costo humano asociado a su uso. Lograrlo depende de una estrategia que combine prevención, control e infraestructura. Solo así será posible que el crecimiento del parque motociclista no se traduzca en más víctimas, sino en una movilidad más segura para todos.










