Las canalladas del diablo
Comparto Acta del 10 de febrero de 2026, o pueden buscarla en la web del Consejo de la Magistratura y Jurado de Enjuiciamiento. En ella se deja constancia de declarar desierto el concurso para cargos fiscales para Presidencia Roque Sáenz Peña.
Invito a leerla para entenderse el porqué del título de mi presentación.
Resulta que de niña escuchaba en casa un adagio: "Donde el diablo perdió el poncho". Me explicaron su significado además de que perteneciente a familia lectora, el gran escritor peruano Ricardo Palma, curioso y estudioso, me regaló desde el kiosco Chipako, con cuenta familiar, sus maravillosas Tradiciones. Entre ellas se encontraba la explicación de porqué se dice realmente "donde el diablo perdió el poncho"
Él cuenta que el diablo, caído en desgracia del Cielo, andaba con compinches errando por los caminos buscando arrime porque estaban más pobres que empleado público a mitad de mes. Peor para él y sus secuaces, que tenían una humanidad llena de prontuario en sus contras.
La cosa es que fue a caer a la ciudad de Ica en Perú, pero juro que el 10 de febrero 2026, lo adelanto, visitó con su runfla el Consejo de la Magistratura. En Ica había una gran boda. Se casaba una hermosa joven con otro hermoso joven, hijos de familias, ambas, buenas, sanas y hacedoras de la ciudad. Toda la comunidad fue invitada al convite. Todos llevaron lo que podían para contribuir a que nadie se quedara sin participar.
Ahí llegó el diablo, como último recurso. Sabiendo que sería reconocido con sus acólitos, decidió presentarse como Cristo con sus apóstoles y se pusieron ponchos del uso del lugar. Se mezclaron en el convite. Cuando llegó el momento del brindis y baile se pusieron en movimiento como para enloquecer un avispero: lograr una fiesta disipada y desenfrenada para que nadie supiera quién era quién y así robar todo lo que pudieran divirtiéndose cuando cometían despojos de cuanto de valor encontraran.
La novia se percató del desastre. No era ésa su boda, no era ése el significado de la celebración que con tanto respeto y cuidado habían organizado. Desde la cabecera del festín ubicó al caudillo de los ponchudos, de un salto se levantó, corrió, lo alcanzó y con sus delicados zapatos, calculó cuando, en el reboleo de su poncho este arrastrara la punta. Ahí nomás le dio tal pisotón furioso que se lo arrancó poniendo al intruso y oportunista diablo al descubierto.
Hasta ahí la tradición. Ahora: leyendo el Acta de dictamen, no puedo sino entristecerme. Mil motivos tendría. Pero como ciudadana abogada me siento afectada y afrentada. Cómo tolerar que, en nombre de un Poder o gremio representantes del mismo dictaminen con un mazazo que una persona es una indeseable social sin explicar y dar base a sus opiniones descalificadoras? No dijeron que son gordas, chuecas o solteronas, ¡atacaron a sus valores morales y éticos gratuita y arteramente invocando la decisión de los colectivos importantísimos a los que pertenecen! Instituciones en que creemos, a las que nos sometemos y de las que esperamos para el mejor vivir y la Paz Social.
¿Cómo aceptar que expresen quienes así lo hicieron semejantes acusaciones en nombre de un mandato? ¿No saben que quien injuria y calumnia es responsable de ello aunque se lo manden? ¿No saben que ser político es buscar el bien común y que no es obediencia debida?
¿Quién quisiera someterse a un concurso sabiendo que mete la cabeza en la guillotina porque alguien que, dizque, tiene un mandato, ordena "¡matadle!" sin saber por qué? ¡Ay! Los validos mandaderos del rey siguen existiendo aunque Colón murió hace rato. La pobreza estructural, madre de la pereza y la necesidad, logran estas canalladas.
Me pongo a disposición de las funcionarias ofendidas y de toda otra persona que sea víctima de este vejamen. Yo no acepto decir como Cristo, "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
No deseo que, habiendo razón, justicia y democracia republicana esto quede así en el Chaco. Para eso está el pueblo bien nacido que no puede tolerar el atropello a las leyes. No deseo canallas en las corporaciones, la política, el sexismo ni en los abogados o abogadas que se cobijan en ellas para salirse con sus intereses mezquinos. ¡Ya! exijo que quienes incurrieron en expresiones deshonrosas para descalificar a las dos señoras postulantes y declarar desierto el concurso al que se presentaron con buena fe, den razón y cuenta de sus dichos!
Ana María Fernández Troxler
DNI 1343285 - Matrícula STJ 1549










