Felipe pelea con esperanza en el Garrahan: "Es día a día, pero está fuerte"
El niño de dos años se encuentra estable y soportó el primer ciclo de quimioterapia. Sus padres hablan del impacto emocional, la adaptación a una nueva vida y la fuerza que encuentran en el acompañamiento de la gente.
Felipe tiene dos años y una rutina que cambió de golpe. Hoy permanece internado en el Hospital de Pediatría Juan P. Garrahan de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde atraviesa la primera etapa de su tratamiento oncológico. Su estado es estable y esa palabra, en este contexto, significa alivio.

"Le sacaron la medicación fuerte, ya no recibe morfina ni corticoides. Está con protector gástrico y vacunas para que no le bajen las defensas", cuenta a NORTE su papá, Iván Adamczuk. La primera sesión de quimioterapia estándar fue bien tolerada. Ahora esperan nuevos estudios genéticos (del gen dónde se originó el tumor y con qué fármaco atacarlo, más un centellograma) que permitirán ajustar el esquema para el segundo ciclo, dentro de dos semanas. En esta etapa están previstos seis ciclos, con aplicaciones cada 21 días.
Felipe tiene días mejores y otros más difíciles. "A veces tiene dolores y por momentos está decaído, pero se está acostumbrando a esta forma de vivir", describe su papá. La falta de apetito obligó a colocarle una sonda para asegurar la alimentación diaria. Es parte de una adaptación constante, silenciosa, que se da entre cables, medicación y dibujos infantiles pegados en la habitación.

Un 15 de febrero distinto
El Día Internacional del Cáncer Infantil, el pasado 15 de febrero, los encontró puertas adentro del hospital. Para la familia, la fecha dejó de ser una efeméride lejana. "Uno siempre lo ve por otros casos, pero cuando te toca, te toca hasta las últimas fibras", expresó Ángeles, su mamá. Fue una jornada de concientización, pero también de introspección. De entender que ahora forman parte de esa estadística que antes parecía distante. No hubo actos ni grandes gestos. Hubo abrazos, silencios compartidos y la convicción de que el camino es largo pero posible.

Una familia que se reorganiza
Ángeles permanece internada junto a Felipe. Iván hace guardia por las noches. Los hermanos, Valentino (5) y Tomás (11), siguen en Resistencia y mantienen el contacto por videollamadas. La familia se divide geográficamente, pero se sostiene emocionalmente. "Estamos transitando y acostumbrándonos a esta forma de vida", resume Iván. La estadía en Buenos Aires será prolongada.
La joven mamá, con la serenidad que da la fe en el proceso, reconoce: "Ahora estamos más acomodados y ordenados. Contentos porque el Gordo recibió bien su tratamiento y esperanzados de que todo siga así". Ella renunció a sus dos trabajos para poder acompañar el tratamiento. La decisión fue inmediata, sin margen para dudar.
Entre el miedo y la esperanza
Los médicos hablaron de tiempos estimados, pero en oncología pediátrica el reloj no tiene calendario fijo. Puede ser un año de tratamiento o, si la respuesta es muy favorable, algunos meses hasta que el proceso continúe de manera ambulatoria. "Es día a día", repiten los padres, como una forma de protegerse de la ansiedad.
Felipe juega cuando puede. Se enoja cuando duele. Sonríe cuando lo visitan los médicos con buenas noticias. Es un niño atravesando una enfermedad compleja, pero también un hijo sostenido por el amor incondicional de sus padres. Desde aquella detección inicial en Florianópolis hasta su internación en Buenos Aires, el recorrido fue vertiginoso. Hoy la pelea es más íntima: atravesar cada ciclo, sostener el ánimo y confiar en que la ciencia y el tiempo hagan su parte.
Mientras tanto, en una habitación del Garrahan, Felipe sigue escribiendo su historia día a día. Y sus padres, con el corazón en la mano, aprenden a vivir entre el miedo y la esperanza.
El mensaje de Ángeles
El 15 de febrero se conmemora el Día Mundial contra el Cáncer Infantil, una jornada instaurada en 2001 por la Childhood Cancer International y que cuenta con el respaldo de la Organización Mundial de la Salud, entre otras entidades internacionales. La fecha busca concientizar sobre la importancia del diagnóstico temprano, el acceso a tratamientos adecuados y el acompañamiento integral a las familias. Este año, para Ángeles Solís, mamá de Felipe, la jornada tuvo un significado profundamente personal. El 28 de enero recibió la noticia que, según sus propias palabras, "cambió mi vida para siempre, que nos cambió la vida para siempre a todos en un segundo".
En un mensaje publicado en sus redes sociales, recordó los días previos al diagnóstico. "Antes de que partieras con papá me sonreíste en el súper. Con papá estábamos haciendo las cosas bien: fuimos al pediatra, estábamos haciendo tu tratamiento para la pequeña anemia. Y esos terribles dos años que los síntomas son iguales a los de una enfermedad que atraviesa el alma", escribió.
Felipe, al que define como "nuestro bebé soñado y buscado", había llegado a la familia con la certeza —como ella misma relata— del día y la hora en que lo trajeron al mundo. "Para que seas un niño sano, pleno y feliz. Pero la vida tiene estas cosas que a veces te llaman a hacernos más fuertes, a unirnos y a que el amor de familia sea aún más", expresó.
El mensaje fue también un testimonio de fe y resiliencia. Al cumplirse una semana de la finalización de la primera quimioterapia —que, según contó la familia, fue tolerada con entereza— Ángeles destacó: "La peleó como un campeón, mostrándonos que en nuestra vida tenemos un héroe y un ángel enviado por Dios que nos eligió solamente para enseñarnos". La publicación cerró con un pedido y una declaración de fortaleza: "Sigan orando, esta lucha recién empieza, pero acá estamos firmes para darle pelea junto a la inmensa fe y al amor que nos rodea. ¡Te amamos Felipe!".
En el marco de una fecha que busca visibilizar una problemática global, la historia de Felipe y las palabras de su madre ponen rostro y emoción a una estadística que cada año interpela a miles de familias.
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