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Castigar al que hace lo malo

Se debate en el país acerca de la necesidad de encontrar una ley que le ponga límites a la violencia juvenil, y una de las medidas en busca de consensos es la baja de la edad de imputabilidad.

Recordemos que imputabilidad es la capacidad del ser humano para entender hasta dónde su conducta puede afectar o lesionar los intereses del resto de la sociedad, y actuar en consecuencia. Dicho de otro modo, es la capacidad de saber distinguir entre lo bueno y lo malo.

LO BUENO Y LO MALO 

Desde el punto de vista del cristianismo, damos por sentado que lo bueno y lo malo es una norma que, a manera de sello, quedó establecida para toda la humanidad desde el principio. Pero también junto a dicha norma nació la posibilidad individual de transgredirla.

Ese es el rol de la justicia, hacer respetar los límites y dar a cada transgresor el castigo que corresponda por su mala conducta.

Siempre de acuerdo a las Sagradas Escrituras –nuestra fuente de información continua- el delito no tiene edades, sino procesos que se van cumpliendo en el hombre desde temprana edad. El consejo bíblico es que se instruya al niño sobre las bases del bien, para que, cuando fuere mayor, no se aparte del camino trazado.

La instrucción incluye premios y castigos. La palabra premio le gusta a todo el mundo, pero la palabra castigo es aborrecida por la naturaleza transgresora del ser humano. Nadie desea ser castigado y como consecuencia de ello la maldad aumente progresivamente en el mundo.

PREMIOS Y CASTIGOS 

En relación a ello, el texto bíblico asocia la palabra castigo con disciplina; es decir, la necesidad de corregir conductas que se comienzan a torcer, perdiendo el rumbo del bien. Eso incluye la utilización de la vara, también conocida como bastón de castigo, lo que sería un símbolo de autoridad y poder.

Siglos después, los romanos comenzaron a utilizarla como método de tormento contra los delincuentes, incluso fue utilizada injustamente contra Jesús, camino a su crucifixión. Pero el texto bíblico no auspicia excesos sobre el cuerpo del ser humano, pero si su aplicación para corregir conductas en los jóvenes.

Para los que pasamos ya las siete décadas, el mejor psicólogo que empleaban nuestros padres para corregirnos eran las "chancletas", que incluso tenían el poder de volar.

En el marco de la instrucción bíblica, aparece un espacio al que se lo identifica como el libro de Proverbios; una colección de sabias enseñanzas centradas en lo que la Biblia define como "el temor de Dios" como principio de la sabiduría humana. Este espacio desarrolla temas relacionados con la justicia, la rectitud, la pereza, la familia y cómo actuar frente a los necios.

CONSEJOS PRÁCTICOS 

Destaca de manera especial consejos prácticos que advierten contra la codicia, el abuso del vino -que muerde como serpiente- y la necesidad de escuchar y obedecer a los padres para adquirir sabiduría.

Al respecto, señala a los padres: "No rehúses de corregir al muchacho; porque si lo castigas con vara, no morirá. Por ese motivo, lo castigaras con vara y libraras su alma de la muerte" y enséñale que no tenga envidia de los transgresores, que no se junte con los borrachos y con los glotones y tampoco con los perezosos, porque el borracho y el comilón empobrecerán y los perezosos vestirán ropas rotas (ahora es una moda); en este caso lo asocia con la pobreza material.

En conclusión, desde la óptica divina, la responsabilidad de los padres es absoluta en el desvío de sus hijos. Salvo excepciones, si el hijo sale torcido es porque le falto corrección y castigo de sus padres cuando fue necesario hacerlo.

Los educadores, en la edad escolar, ya poco y nada pueden hacer, con más razón en la edad de la escuela secundaria, donde aprenden de su propia junta, todo lo malo que todavía no conocían.

CUÁL ES LA EDAD 

Le queda entonces a la Justicia poner las cosas en su lugar, y también allí se hace presente el texto bíblico cuando dice: "Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir el temor al que hace el bien, sino al malo. Si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva el arma, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo".

Como vemos, Dios dice que hay que castigar al que hace lo malo, pero no especifica la edad del trasgresor, dando a entender que no importa la edad, sino más bien el mal que hace. Algunos países ubican esa edad en los 12 años, otros en 13 o 14.

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