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Seguridad vial desde la responsabilidad individual

El tránsito es un sistema en el que interactúan peatones, ciclistas, motociclistas y conductores de todo tipo de vehículo. Todos dependen de todos. Aunque existen múltiples factores que influyen, como el estado de los caminos o las condiciones climáticas, las estadísticas indican que cerca de 90 por ciento de los siniestros viales se originan por errores humanos. Entre ellos, la distracción ocupa un lugar central. Por eso, la prevención debe ser una práctica que comienza con la conducta individual.

Ser un conductor seguro no significa únicamente saber maniobrar un vehículo o estacionar correctamente. Es algo más que eso, porque se debe conducir de modo tal que no se sufra ni se causen daños a otros. Un conductor responsable cuida su estado psicofísico antes de ponerse al volante, mantiene el vehículo en buenas condiciones y permanece atento a lo que sucede a su alrededor. Además, respeta las normas, actúa con prudencia y demuestra consideración hacia los demás. Estas actitudes reducen riesgos y también favorecen una convivencia vial basada en el respeto.

La asociación civil Luchemos por la Vida propone un conjunto de pautas conocidas como las 5 A de la conducción segura, que sintetizan las conductas necesarias para prevenir siniestros. La primera es acatar la ley, es decir, conocer y respetar las normas y señales de tránsito que ordena el sistema y permite que los distintos actores se entiendan entre sí. Así como en un juego las reglas garantizan que todos participen en igualdad de condiciones, en la vía pública las normas hacen posible circular sin conflictos ni situaciones imprevistas.

La segunda recomendación es mantenerse alerta y atento. Por lo cual es importante tener presente que conducir exige concentración permanente. Esto quiere decir que se deben evitar distracciones y abstenerse de consumir alcohol u otras sustancias que alteren las capacidades. Distintas investigaciones demostraron que el uso del teléfono móvil al volante incrementa el riesgo de protagonizar un siniestro. Atender una llamada, leer un mensaje o revisar redes sociales desvía la atención de la tarea principal. Aunque la distracción dure pocos segundos, puede bastar para no advertir una señal o la presencia de un peatón. Incluso los dispositivos de manos libres no eliminan el peligro, ya que la distracción es cognitiva. El cerebro no puede procesar con eficacia dos tareas complejas al mismo tiempo, por lo que la atención se reduce y la capacidad de reacción disminuye.

La tercera consiste en avisar las maniobras. Señalizar correctamente con luces de giro, utilizar balizas cuando sea necesario y realizar las señales manuales correspondientes permite anticipar las acciones propias a los demás. Entonces cuando los conductores comunican sus intenciones con claridad, el resto puede adaptarse y actuar en consecuencia. Esta práctica sencilla disminuye la incertidumbre y previene choques por cambios bruscos o inesperados.

La cuarta pauta es adecuarse a las circunstancias. No todas las situaciones de tránsito son iguales. La hora del día, la densidad vehicular, el estado del camino y las condiciones climáticas influyen de manera directa en la conducción. Ajustar la velocidad, mantener una distancia prudente entre vehículos y evitar sobrepasos peligrosos son decisiones que reducen la probabilidad de un siniestro. La velocidad excesiva, en particular, limita el tiempo de reacción y agrava las consecuencias de cualquier impacto.
La quinta A es anticipar lo que pueda suceder. La conducción defensiva se basa en prever posibles riesgos antes de que se conviertan en hechos consumados. Observar el comportamiento de otros conductores, ciclistas o peatones, identificar situaciones potencialmente conflictivas y planificar una respuesta adecuada permite actuar a tiempo. Esta actitud preventiva transforma al conductor en un agente activo de la seguridad vial y no en un mero espectador de lo que ocurre.

Si bien la mayoría de los hechos se originan por errores humanos, también es cierto que esos errores pueden corregirse mediante educación, compromiso y responsabilidad. La aplicación de las 5 A propuestas por Luchemos por la Vida es una guía práctica para reducir riesgos y salvar vidas.
Cada decisión al volante tiene consecuencias. Respetar las normas, evitar distracciones, señalizar correctamente, adaptarse a las condiciones y anticipar riesgos son acciones concretas que marcan la diferencia entre un traslado seguro y una tragedia. La única forma de disminuir los siniestros viales es comprender que no son inevitables y actuar en consecuencia. Cuidar la propia vida y la de los demás es una responsabilidad compartida que comienza en cada conductor y se proyecta en toda la comunidad.

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