Descubrimiento demuestra por qué la ciencia importa
El trabajo encabezado por el científico argentino Gabriel Rabinovich y su equipo de investigadores permitió descubrir una proteína fundamental para entender cómo se regula el sistema inmunológico humano. Se trata de la galectina 1, una molécula capaz de influir tanto en la defensa frente a enfermedades como en procesos patológicos complejos como el cáncer y las enfermedades autoinmunes. Este hallazgo, reconocido a nivel internacional, nació en laboratorios argentinos y es presentado por su propio protagonista como el resultado de la suma de esfuerzos ligados a la ciencia pública del país.
El descubrimiento ocurrió cuando Rabinovich tenía poco más de veinte años y se encontraba investigando uno de los grandes enigmas de la inmunología. El sistema inmunológico cuenta con células especializadas, los linfocitos, que se activan cuando aparece una amenaza como un virus o una bacteria. Sin embargo, una vez que esa amenaza es controlada, el organismo necesita que esas defensas se apaguen y vuelvan a un estado de calma. De lo contrario, podrían seguir actuando sin control y dañar tejidos propios. En eso estaba trabajando Rabinovich cuando, casi de manera inesperada, apareció una proteína que parecía cumplir un rol clave en ese proceso de regreso a la normalidad. Años más tarde, esa proteína sería identificada como galectina 1.
La investigación comenzó con modestia en la Universidad Nacional de Córdoba, continuó en el Hospital de Clínicas de la ciudad de Buenos Aires y se consolidó en el Instituto de Biología y Medicina Experimental, una institución emblemática de la ciencia argentina fundada por Bernardo Houssay. A lo largo de ese recorrido participaron estudiantes, becarios, técnicos e investigadores que apostaron a una idea que, en sus inicios, fue recibida con escepticismo por parte de la comunidad científica internacional. Plantear desde Argentina que los tumores podían utilizar una proteína para neutralizar a las defensas del cuerpo parecía, para muchos, una hipótesis improbable. Pero la perseverancia del equipo argentino permitió demostrar que era posible y que ese mecanismo explicaba aspectos centrales de la progresión del cáncer.
Para entender cómo funciona la galectina 1 puede pensarse en el sistema inmunológico como un ejército que se moviliza cuando hay una amenaza. Los linfocitos son los soldados que atacan y eliminan el peligro. La galectina 1 cumple el rol de dar una señal de retirada. Cuando la batalla termina, esta proteína indica a los linfocitos que es momento de volver al cuartel y dejar de atacar. Gracias a este mecanismo, el cuerpo evita que sus propias defensas se vuelvan contra él. Si la galectina 1 no actuara correctamente, los linfocitos podrían seguir activos y provocar enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoidea, la esclerosis múltiple o la diabetes, en las que el sistema inmune daña articulaciones, cerebro o páncreas.
El problema aparece cuando ese mismo mecanismo regulador es aprovechado por los tumores. Las células cancerosas aprenden a producir grandes cantidades de galectina 1. De ese modo, cuando los linfocitos se acercan para intentar destruir el tumor, este libera la proteína y logra desactivarlos antes de que puedan cumplir su función. Además, la galectina 1 favorece la formación de nuevos vasos sanguíneos alrededor del tumor, lo que le proporciona oxígeno y nutrientes y facilita su crecimiento y su capacidad de generar metástasis. Así, una proteína pensada para proteger al organismo termina siendo utilizada como una herramienta de evasión por la enfermedad.
A partir de este conocimiento, el equipo de Rabinovich desarrolló estrategias terapéuticas opuestas según la patología. En el caso del cáncer, diseñaron anticuerpos monoclonales capaces de bloquear la galectina 1. Al neutralizarla, se elimina el escudo del tumor, los linfocitos recuperan su capacidad de ataque y, al mismo tiempo, se reduce la formación de vasos sanguíneos que alimentan a la masa tumoral. En las enfermedades autoinmunes, en cambio, se busca aprovechar la función reguladora de la proteína, utilizando versiones más estables para eliminar los linfocitos que están dañando al propio organismo. Estos desarrollos dieron lugar a la creación de la empresa de base tecnológica Galtec, orientada a transformar años de investigación básica en tratamientos concretos para pacientes que ya no cuentan con otras opciones.
Rabinovich insiste en que nada de esto hubiera sido posible sin el sostén de la ciencia pública argentina.
Temas en esta nota

La misteriosa especie que descubrieron en la Antártida: "Totalmente inesperado"

Abre la convocatoria de becarios para un programa federal de formación en arte, ciencia y tecnología
Cuarta edición

Un nuevo mapa muestra cómo es la Antártida bajo los 2000 metros de hielo que la cubren
¿Colinas y valles ocultos?

La historia de 17.000 años que nos une a nuestros perros
Más que una mascota

Se vienen dos superlunas seguidas en la última parte de 2025
Cuándo y cómo verlas

Un experimento que revierte el Alzheimer en ratones
NanopartÍculas al rescate











