Barrio San Carlos, entre el esfuerzo cotidiano y el anhelo por servicios básicos
Nacido a fines de 2019, a 4 kilómetros del casco urbano, creció "a pulmón". Más de mil vecinos construyen su día a día entre avances en infraestructura y reclamos históricos.
PAMPA DEL INFIERNO (Agencia). A cuatro kilómetros del centro de la localidad, el barrio San Carlos se levanta como un ejemplo claro de urbanización forjada desde el esfuerzo vecinal. El asentamiento comenzó a tomar forma a fines de 2019, cuando —según recuerdan los propios vecinos— el entonces intendente Carlos Andión tomó la decisión de destinar un predio ante la creciente demanda habitacional. "Eran muchos vecinos y había poco lugar; así que se consiguió el terreno y de a poco se fue armando el barrio", solía explicar.

El nombre no fue casual: los propios habitantes lo bautizaron barrio San Carlos. En sus primeros tiempos, el paisaje era monte bajo. "Cortamos ramas, abrimos calles como pudimos y después la maquinaria del Municipio delineó todo", relató Rosales, uno de los vecinos pioneros.
Hoy, el barrio muestra signos claros de crecimiento. Kioscos, librerías, fotocopiadoras, iglesias evangélicas y hasta un supermercado bien provisto forman parte de la vida cotidiana. También se observan viviendas sociales del programa Ñachec, con al menos diez casas ya construidas.
Las calles son mayoritariamente de tierra, algunas con ripio. La iluminación es considerada aceptable, aunque los días de lluvia complican seriamente la salida hacia el pueblo. "Cuando llueve se hace muy difícil por el barro y el agua", contó otro vecino. Al menos, la calle principal de acceso al ejido urbano ya cuenta con enripiado, lo que alivió parcialmente la situación.
Durante la gestión de la intendenta Glenda Seifert se avanzó con un importante trazado de calles y mejoras en el ingreso al barrio. Además, se ejecutó una obra clave: el tendido de la red de energía eléctrica desde la calle Castelli, a lo largo de 1600 metros, con la instalación de dos transformadores de media tensión de 400 KVA, para garantizar mayor seguridad energética. Aun así, persisten sectores sin conexión eléctrica.
LO QUE FALTA
Pese al crecimiento, San Carlos enfrenta carencias estructurales. En el barrio viven actualmente más de mil personas, pero no hay escuela, destacamento policial ni sala de primeros auxilios. La escuela más cercana, la EEP 1029, se encuentra a unos tres kilómetros, distancia que muchos niños recorren caminando o en bicicleta.
El agua potable sigue siendo algo pendiente. Toda la comunidad se abastece mediante aljibes, y la recolección de residuos se realiza solo una vez por semana, los días miércoles. "Le ponemos el pecho y nos vamos organizando", es una frase que se repite entre los vecinos.

Victoria, otra residente, resumió el sentir general: "No tenemos escuela y a veces falta el agua, pero la policía patrulla bastante, no podemos quejarnos de eso". Algunos vecinos ya piensan en una organización formal para canalizar los reclamos. "Sería bueno armar una agrupación para pedir por el agua, el arreglo de las calles y, por qué no, algunas cuadras de pavimento. Hoy solo tenemos agua de aljibes; un pozo o perforaciones ayudarían mucho", plantearon.
Mientras tanto, el proceso de urbanización continúa. Desde el Municipio se entregaron primero 120 parcelas y, más recientemente, otras 90. La actividad es constante: viviendas grandes y humildes se levantan día tras día, marcando el crecimiento sostenido del barrio.
La concejala Marcela Thoma, del Frente Chaqueño, señaló a NORTE que "es un barrio muy extenso y sería muy bueno crear un espacio recreativo para los niños; hacen falta espacios verdes y alguna cancha de fútbol para fomentar el deporte". Así transcurre la vida en el barrio San Carlos: entre avances, organización comunitaria y la esperanza de que los servicios básicos acompañen el crecimiento de una comunidad que no se detiene.
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