Zelig Riback: ocho décadas de trabajo, docencia y construcción institucional en el Chaco
Hay trayectorias que no se explican con una línea recta. Se parecen más a un camino largo, con curvas, baches, desvíos y regresos, donde cada etapa deja marcas que sólo el tiempo permite comprender.

A sus más de ochenta años, este contador chaqueño —nacido en 1938 en el interior profundo de la provincia— decidió dejar testimonio de ese recorrido. No como una autobiografía ni como una lección ejemplar, sino como una forma de ordenar la memoria y compartir una experiencia profesional atravesada por el esfuerzo, la constancia y el compromiso institucional.
Su historia personal se entrelaza con la historia del Chaco moderno: la inmigración, la consolidación de la educación pública, el crecimiento de Resistencia y el fortalecimiento de las instituciones profesionales. A lo largo de más de seis décadas de actividad, fue testigo y protagonista de esos procesos, siempre desde un lugar discreto, pero activo.
Orígenes marcados por la inmigración y el trabajo
Nació en Enrique Urien, un pequeño pueblo del sudoeste chaqueño, en el seno de una familia atravesada por la experiencia migratoria. Sus padres, hijos de inmigrantes judíos, llegaron al país huyendo del horror europeo. Parte de la familia que quedó en Polonia fue víctima del Holocausto, un hecho que aparece en su relato como un telón de fondo silencioso, pero determinante.
La crisis económica de 1930 empujó a sus padres a trasladarse al Chaco, donde comenzaron de nuevo con trabajos modestos y mucho sacrificio. "No sobraba nada, pero había dignidad", resume al evocar aquellos años. La infancia transcurrió entre la escuela primaria, los juegos barriales y la vida familiar, en una casa con huerta, animales y rutinas sencillas que dejaron una marca profunda.
"Tuve una infancia feliz", señala. No por la abundancia, sino por el entorno: vecinos solidarios, amigos, escuela y la certeza de que el trabajo era el único camino posible.
El desembarco en Resistencia y el valor de la educación

En 1946, la familia se mudó a Resistencia. Sus padres abrieron una despensa y mercería en una esquina tradicional de la ciudad, frente al Club Villa San Martín, y él inició una nueva etapa educativa. El paso por la Escuela de Comercio marcaría el comienzo de una relación sostenida con la contabilidad, la administración y el mundo económico.
Ingresó luego a la Facultad de Ciencias Económicas en una época en la que estudiar no era un destino asegurado. La universidad pública era un espacio de oportunidades, pero también de exigencias. Muchos estudiantes trabajaban, sostenían a sus familias y avanzaban en sus carreras a un ritmo irregular.
En 1956, con apenas 18 años, ingresó por concurso a la Contaduría General de la Provincia. Desde entonces, combinó trabajo por la mañana y estudios por la tarde, una dinámica que se mantendría durante muchos años. "No fue un recorrido prolijo", admite. Hubo avances lentos, materias postergadas y decisiones que retrasaron el final de la carrera.
Sin embargo, la perseverancia terminó imponiéndose. En 1967, luego de más de una década de cursado, aprobó su última materia con calificación distinguida y obtuvo finalmente el título de contador público. "Fue un alivio y una conquista", recuerda.
El ejercicio profesional y la construcción de un camino propio
Con el título en mano, comenzó una etapa de intensa actividad profesional. Trabajó en estudios contables, se desempeñó en la administración pública y, con el tiempo, abrió su propio estudio. Ese espacio no fue solo un lugar de trabajo, sino también un ámbito de formación y aprendizaje compartido.
"El estudio fue creciendo con el tiempo, como crecen las cosas hechas sin apuro", explica. Por allí pasaron jóvenes profesionales que encontraron no solo experiencia técnica, sino también una forma de ejercer la profesión basada en la responsabilidad, el respeto y la ética.
Durante varios años combinó el trabajo en la Dirección de Personas Jurídicas por la mañana y la actividad privada por la tarde, una modalidad frecuente en una época en la que el ejercicio profesional exigía multiplicar esfuerzos y sostener varios frentes abiertos.
Vida institucional: cuando todo estaba por hacerse
Uno de los capítulos centrales de su trayectoria fue la participación en la vida institucional del Consejo Profesional de Ciencias Económicas del Chaco. Ingresó en un tiempo en el que la matrícula era reducida y las estructuras estaban en pleno desarrollo.

Fue secretario, tesorero y presidente en seis oportunidades. "Éramos pocos, pero eso hacía que todos participáramos", recuerda. Las decisiones se tomaban con cercanía, pero también con una enorme carga de responsabilidad.
Durante sus gestiones se concretó uno de los hitos más importantes del Consejo: la adquisición de una sede propia. El proyecto fue posible gracias a un préstamo bancario avalado solidariamente por colegas, un gesto que refleja el espíritu de época y la confianza mutua entre profesionales.
En 1980, durante su presidencia, se inauguró oficialmente la sede central del Consejo, en un acto que reunió a autoridades provinciales, representantes de consejos profesionales de todo el país y dirigentes de la Federación Argentina de Consejos Profesionales en Ciencias Económicas (FACPCE). "Fue un antes y un después", afirma. No solo por el edificio, sino por lo que simbolizaba: una institución consolidada, con identidad y proyección.
Su compromiso institucional trascendió el ámbito provincial. En 1993 fue designado vicepresidente segundo de la FACPCE en representación de los Consejos del NEA, y dos años más tarde participó en actividades de la Organización Internacional del Comercio en Ginebra, Suiza, integrando una delegación argentina.
La docencia universitaria: formar más que contadores
Paralelamente al ejercicio profesional y la actividad institucional, desarrolló una extensa carrera docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNNE. Ingresó como auxiliar docente, impulsado por referentes académicos que reconocieron su compromiso.

Las circunstancias lo llevaron, en poco tiempo, a quedar al frente de la Cátedra de Impuestos, una de las más exigentes de la carrera. "No fue algo buscado, pero sí asumido con responsabilidad", explica.
Durante más de tres décadas estuvo al frente de la cátedra, integró tribunales examinadores, coordinó equipos docentes y formó generaciones de contadores. "La docencia no es solo transmitir contenidos; es formar criterio, ética y responsabilidad profesional", sostiene.
En 1991, tras varios concursos, fue designado profesor titular por un período de ocho años, consolidando una carrera docente de 38 años. El cierre llegó en 2010, cuando un telegrama puso fin a su vínculo formal con la universidad. "Fue abrupto y dejó un sabor amargo", admite, aunque con el tiempo quedó lo esencial: el camino recorrido y los profesionales formados.
El vínculo sostenido con Diario NORTE
Desde 1993 mantiene un vínculo profesional con Editorial Chaco S.A., empresa editora del Diario NORTE, donde se desempeña como asesor impositivo-contable. Una relación que se sostuvo durante más de tres décadas y que, según destaca, se basó en la confianza, el respeto profesional y la flexibilidad.
Ese lazo representa también un cruce entre dos mundos: el de la contabilidad y el del periodismo, ambos atravesados por la responsabilidad social y la necesidad de sostener instituciones sólidas en el tiempo.
El paso del tiempo y el relevo generacional

Mientras la vida profesional avanzaba, la vida personal se fue poblando de hijos y, más tarde, de nietos. Cada nacimiento aparece como un hito, como una reafirmación de continuidad. Con el paso de los años, también llegó la conciencia de que el protagonismo se transfiere.
"Es una ley de la vida", reflexiona. Tanto en la familia como en las instituciones, las nuevas generaciones van ocupando lugares. Lejos de vivirse como una pérdida, lo define como una fuente de orgullo: ver que otros toman la posta y, en muchos casos, superan a quienes los precedieron.
Una filosofía sin épica
Al mirar hacia atrás, no construye un relato épico ni idealiza su recorrido. Su mensaje es simple y, por eso mismo, contundente: para la mayoría, lo que se obtiene en la vida es fruto del esfuerzo, la constancia y los apoyos recibidos y brindados.
"La vida es una rueda que gira", dice. Hay reveses que hay que aprender a atravesar y oportunidades que, si no se aprovechan, no suelen repetirse. Como un tren que no pasa dos veces por la misma estación.
El cierre llega con un brindis que resume su mirada sobre el tiempo y la experiencia: Lejaim. Brindemos por la vida.
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