San Fernando del río Negro: primer hito colonizador de Resistencia

El 11 de enero de 1750, el teniente gobernador de Corrientes Nicolás Patrón conviene con el Cacique Ñaré de los abipones la instalación de una reducción sobre el río Negro cerca de Corrientes. En las tratativas intervino el jefe abipón Ichoalay.
Como resultado del convenio el 20 de mayo de 1750 el teniente gobernador de Corrientes, Nicolás Patrón, acompañado de escoltas y dos misioneros jesuitas recorre el río Negro en busca de un lugar adecuado para la fundación de una ciudad Misión en el Chaco. Eligió al efecto un paraje, que era cabecera de concentración de grupos abipones de la parcialidad Yaauconiga. El lugar elegido fue donde dos meses más tarde se fundaría la Reducción de San Fernando Rey, al recordar que esta zona ya se había puesto bajo su protección. Dicha fundación se realizó en las proximidades del río Negro, sobre la actual av. 25 de Mayo, a la altura 2000, donde se encuentra el monolito recordatorio.
El día 26 de agosto de 1750 se labró el Acta de Fundación de la nueva Reducción, y el día 27, al son de repiques de campanas, ante la puerta de la Iglesia -que ya se había levantado- se congregaron personas destacadas de la ciudad de Corrientes, presididos por su gobernador, Nicolás Patrón y 42 familias abiponas, conducidas por el Cacique Ñaré. El Padre Tomás García, acompañado por el Padre José García, bendijo la Iglesia, proclamándose patrono de la misma a San Fernando, Santo Rey de España del siglo XIII.
En 1767, por decreto del Rey Carlos III, los jesuitas fueron expulsados de los dominios de España. Los padres Franciscanos trataron de continuar la obra, pero, a pesar de la atención prestada, se fue despoblando.
La expulsión de los jesuitas del Imperio español en 1767, una medida firmada por Carlos III dentro del ambiente hostil hacia esta orden religiosa en la Ilustración, sacudió profundamente la cristiandad. Estaba fundada por españoles y muy vinculada a la historia de nuestro país, desde la Contrarreforma a la evangelización de América.
Las razones oficiales para justificar la deportación achacaban a los jesuitas haberse enriquecido enormemente en las misiones, haber intervenido en política contra los intereses de la Corona y hasta perseguir el asesinato de los reyes de Portugal y de Francia. Eran mentiras o, en el mejor de los casos, exageraciones para ocultar una respuesta aún más sencilla: se habían convertido en unos intrusos de su propia casa.
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