"Los psicópatas comprenden el daño que causan, pero no sienten culpa"
El psicólogo David Martínez (MP 567) explicó en NORTE TV las características de la psicopatía, por qué la falta de empatía, el desprecio por la ley y la manipulación emocional.
El término psicópata vuelve a ocupar un lugar central en el debate público cada vez que salen a la luz crímenes aberrantes. Sin embargo, más allá del uso coloquial, la psicopatía tiene una definición precisa dentro del campo de la salud mental. Así lo explica el psicólogo David Martínez (MP 567), quien señala que se trata de una configuración de personalidad con rasgos específicos y bien estudiados.

Rasgos centrales de la personalidad
"Básicamente el psicópata es una persona que tiene falta de empatía, desprecio o desapego por la ley y una fuerte tendencia a la manipulación emocional. Es capaz de cometer actos aberrantes sin sentir remordimiento ni culpa", afirma Martínez. Desde el punto de vista clínico, aclara, la psicopatía se inscribe dentro de los trastornos de la personalidad, más específicamente en el trastorno de personalidad antisocial.
Uno de los puntos claves es que el psicópata no actúa por ignorancia. "No es que no comprenda que lo que hace está mal. Tiene una comprensión cabal de que su conducta es delictiva, que produce daño y sufrimiento. La diferencia es que no le importa", subraya el especialista. Esa conciencia del daño explica, en parte, su capacidad para mentir y manipular: "Lo toma como un dato para eludir a la justicia o no ser descubierto".
Manipulación y mentira como herramientas
Martínez remarca que esta característica los vuelve particularmente convincentes. "Tienen un poder sofisticado de manipulación y utilizan la mentira como herramienta para lograr sus objetivos", dice, y marca una diferencia con otros trastornos mentales donde no existe ese registro de la realidad.
La ausencia de empatía no es selectiva. Según el psicólogo, el psicópata concibe al otro como un objeto: "Tiene una visión instrumental de las relaciones interpersonales. Si me sirve para mis propósitos, lo quiero; si no, lo descarto". Esa cosificación puede alcanzar extremos impensados: "La persona queda reducida a la condición de cosa, sin importar el vínculo. La criminología demuestra que estos hechos pueden cometerse incluso contra un hijo o un padre".
En cuanto al tratamiento, Martínez es contundente: "Los trastornos de personalidad tienen un curso crónico, son irreversibles y muy refractarios al tratamiento". A esto se suma un rasgo central: el complejo de superioridad. "No hay cuestionamiento del propio accionar, por lo tanto nunca van a consultar genuinamente para tratarse. Si lo hacen, suele ser para aparentar normalidad".
Esa apariencia incluye la simulación emocional. "Pueden llorar, emocionarse o mostrarse tristes, pero es un fingimiento para producir un efecto en el otro. No comprenden las emociones, las saben imitar y usar", explica.
Similitudes y diferencias con el sociópata
El especialista también diferencia al psicópata del sociópata. "En la psicopatía hay un componente hereditario, biológico y temperamental más fuerte. En la sociopatía pesan más los factores contextuales, los entornos criminógenos", detalla. En muchos casos, ambos factores se combinan y potencian.
Los psicópatas integrados en la vida cotidiana
Más allá de los casos judiciales resonantes, Martínez advierte sobre los llamados "psicópatas integrados". "No están solo en la cárcel o en los juicios. Funcionan en distintos ámbitos donde su falta de empatía y su capacidad de manipulación pueden ser incluso funcionales a un sistema", señala. Pueden aparecer en relaciones laborales, comerciales o de pareja, muchas veces con una personalidad "superficialmente encantadora".
Para Martínez, comprender estas dinámicas no solo ayuda a interpretar los grandes casos criminales, sino también a prevenir y reconocer vínculos cotidianos profundamente dañinos. "Están entre nosotros —concluye— y muchas veces el mayor peligro es que no se los identifica a tiempo".











