Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

Mora, la acróbata chaqueña que llegó a la élite nacional y sueña en el aire

Tiene apenas 11 años, pero ya sabe lo que significa competir, viajar, entrenar y subirse sola a una lira para contar una historia con el cuerpo. Mora, acróbata aérea de Sáenz Peña, fue elegida como campeona sudamerica de acrobacia en una competencian impulsada por Flavio Mendoza. Llegó a la final en Buenos Aires tras superar instancias que reunieron a cientos de participantes de todo el país y de países vecinos.

La selectiva regional del NEA se realizó en Resistencia y reunió a competidores de distintas provincias y de Paraguay. De ese universo —más de un centenar de acróbatas— Mora avanzó hasta la final nacional, disputada en noviembre en Buenos Aires, donde se midieron alrededor de 500 participantes clasificados de todo el país.

acrobacia.jpg

El camino hacia la élite

Mora comenzó a practicar acrobacias aéreas en 2023, a los 9 años, luego de haber pasado por la gimnasia artística, una base que le permitió desarrollar fuerza, flexibilidad y conciencia corporal. Su disciplina favorita es la lira, el aro aéreo, aunque también entrena con tela y trapecio.

acrobacia3.jpg

Cada año, el desafío se renueva: nueva música, nueva coreografía, mayor dificultad técnica. En 2023 eligió Flashdance, en 2024 Macarena y este año se animó a Michael Jackson, una apuesta exigente tanto desde lo físico como desde lo interpretativo.

"La lira es lo que más me gusta, todo el día estoy ahí", cuenta Mora, que ya piensa en su próximo desafío: una coreografía con música de Queen, fiel a su estilo dinámico y explosivo.

Las acrobacias aéreas son una disciplina exigente y costosa. Viajes, inscripciones, vestuario, maquillaje, escenografía y horas interminables de espera forman parte del recorrido. En Sáenz Peña hay apenas dos academias, y cada competencia implica organización familiar y sacrificio.

"Te levantás a las siete de la mañana y volvés a la noche para ver a tu hija tres minutos arriba del escenario", resume su mamá, Ana Romero. "Hasta que no baja y sé que está bien, no como, no respiro".

En algunas competencias, Mora tuvo que viajar con escenografía incluida. Para su coreografía de Thriller, el elemento central era una lápida de cartón tamaño real, que recorrió provincias, autos ajenos y aeropuertos gracias a la solidaridad de otras familias del ambiente.

Un deporte competitivo… y solidario

Aunque la competencia es intensa, Mora destaca el espíritu colectivo que se vive entre las acróbatas del Chaco. "Nos ayudamos mucho. Si alguien está sola, la adoptamos. Nos alentamos entre todas", dice.

acrobacia2.jpg

La comunidad chaqueña de acrobacias aéreas —con academias de Resistencia, Sáenz Peña, Tacopozo y otras localidades— suele viajar junta, compartir experiencias y apoyarse, incluso cuando compiten entre sí.

"Si una compañera me gana, yo me pongo feliz", afirma Mora con naturalidad.

Actuar en el aire

Además de la técnica, las competencias evalúan interpretación, vestuario, maquillaje y expresión escénica. Mora se destaca especialmente en ese aspecto: los jurados suelen resaltar su fuerza actoral y su musicalidad.

No es casual. Nació un 27 de marzo, Día Internacional del Teatro, y creció rodeada de arte. Su abuela, Mamacha Massin, una reconocida artista, es una referencia constante. "Siempre decimos que eso lo heredó de la abuela", dicen en su familia.

Antes de competir, Mora ensaya no solo los trucos, sino también la actuación: gestos, miradas, intención. "Me encanta actuar", confiesa. Y se nota.

acrobacia4.jpg

Soñar sin soltar el piso

Cuando habla de su futuro, Mora no duda: quiere llegar "al nivel más alto que pueda dar". Sueña con ejecutar esos trucos impresionantes que hoy observa desde la platea. Pero también piensa en estudiar: la biología marina aparece como una posibilidad, aunque implique irse lejos.

Por ahora, el presente está claro: entrenar, crecer, disfrutar y seguir colgándose del aire para contar historias.

Con el acompañamiento incondicional de su familia y una pasión que se sostiene con trabajo, Mora ya demostró que, incluso desde una ciudad pequeña, se puede llegar lejos.

Y volar alto.

Te puede interesar