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El desafío de informar en América Latina

La tarea de informar a la ciudadanía se volvió, en América Latina en particular pero también en otras regiones del mundo, una actividad de alto riesgo. Así lo advierte el informe anual de la organización no gubernamental Reporteros Sin Fronteras que vuelca en datos los casos de agresiones contra periodistas a lo largo de 2025. El análisis de esos datos muestra un sistema global en el cual la labor periodística se convirtió en muchos países en una actividad de alto riesgo. Periodistas asesinados, encarcelados, secuestrados y desaparecidos forman parte de una estadística que revela la fragilidad del derecho a la información y la debilidad de los Estados para protegerlo. América Latina fue la región más peligrosa para la prensa fuera de zonas de guerra.

Reporteros Sin Fronteras documentó que, a nivel global, la mayoría de los asesinatos de periodistas estuvo vinculada a conflictos armados y al crimen organizado. Según la organización, en escenarios de guerra los trabajadores de prensa dejaron de ser observadores para convertirse en blancos deliberados o víctimas toleradas. Ejércitos y fuerzas armadas recurrieron a campañas de desprestigio que equiparan al periodista con el enemigo, una narrativa que habilita la agresión y reduce los costos políticos del crimen. Al mismo tiempo, fuera de las zonas de guerra, las redes criminales utilizaron el asesinato como herramienta de control territorial e informativo, reforzando leyes de silencio que vacían de contenido a la vida democrática.

En ese panorama global, América Latina volvió a ser en 2025 la región más peligrosa para ejercer el periodismo fuera de los escenarios bélicos. Al menos 17 periodistas fueron asesinados en la región, una cifra que representa más de una cuarta parte de los crímenes registrados en el mundo. Según el informe, el dato confirma la existencia de estructuras en las que el crimen organizado, la corrupción política y la debilidad judicial operan de manera conjunta.

México, con nueve periodistas asesinados en 2025, es el país más letal de la región y uno de los más peligrosos del planeta para la prensa. Reporteros Sin Fronteras ubica a México en el segundo puesto mundial, apenas detrás de Gaza. Los expertos coinciden en que el patrón se repite, ya que se observa que periodistas locales, muchas veces sin respaldo de grandes redacciones, investigan asuntos que afectan intereses criminales y políticos. La respuesta, según Reporteros Sin Fronteras suele ser un ataque ejecutado por sicarios, mientras las investigaciones oficiales se estancan o se diluyen con el paso del tiempo.

El trabajo de la organización de periodistas señala, además, que cuando los asesinatos no se esclarecen ni se castigan, el mensaje para los agresores es que matar a un periodista resulta barato y eficaz. Por su parte, el Comité para la Protección de los Periodistas -una organización sin fines de lucro con sede en Nueva York, que promueve la libertad de prensa y los derechos de los periodistas a nivel mundial- advirtió que en México esta facilidad para cometer crímenes contra la prensa alimenta su repetición. Reporteros Sin Fronteras agrega que el odio y la impunidad funcionan como motores que legitiman la violencia y que en América Latina, esa legitimación se ve reforzada por discursos de autoridades que desacreditan a los medios, los señalan como enemigos o los acusan de actuar contra intereses nacionales. Lo que sucede, finalmente, es que esa retórica hostil erosiona la confianza pública y crea un ambiente propicio para el ataque.

El informe de Reporteros Sin Fronteras también revela que, en los últimos meses, más de 500 periodistas permanecían encarcelados en 47 países. China, Rusia y Birmania encabezan la lista de las mayores cárceles para la prensa. A esto se suman los secuestros y las desapariciones, con 135 periodistas cuyo paradero sigue siendo desconocido en 37 países. Siria y México figuran entre los casos más graves, lo que muestra que la desaparición es otra herramienta de silenciamiento que prolonga el miedo y la incertidumbre.

La violencia contra periodistas es el resultado de omisiones deliberadas. Cuando el poder tolera el ataque a la prensa, la democracia se vacía. Defender la labor periodística es una condición básica para que las sociedades puedan escuchar todas las voces. Cada cifra que revela el informe de Reporteros Sin Fronteras representa una voz acallada y un derecho vulnerado que ningún país debería aceptar como normal.

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