Una maestra rural que transforma vidas
Gloria Cisneros es una docente chaqueña que se propuso convertir a la educación rural en un proyecto de vida y en una herramienta para transformar realidades. Fue seleccionada entre los 50 finalistas del Global Teacher Prize 2026 por su trabajo como docente única en el paraje La Sara, una zona rural cercana a Taco Pozo donde enseña desde 2017.
Cada semana, Cisneros recorre 90 kilómetros en motocicleta por caminos de tierra que, cada tanto, se vuelven difíciles de transitar. Sale los lunes desde Taco Pozo y regresa los viernes, permaneciendo durante esos días en la escuela junto a sus alumnos. Este esfuerzo es parte de una rutina que refleja una convicción profunda, porque la educación para ella es una tarea que debe trascender las paredes del aula con una presencia y acompañamiento a la comunidad educativa que requiere cuidado, escucha y mucho compromiso.
En la escuela del paraje La Sara asisten quince alumnos inscriptos formalmente, cuyas edades van de los 6 a los 12 años y que cursan desde primero a séptimo grado en un mismo espacio. A ellos se suman alumnos oyentes de entre 3 y 5 años, además de bebés y mujeres embarazadas a quienes la docente acompaña porque representan el futuro de la escuelita. Esta diversidad etaria obliga a pensar propuestas dinámicas, flexibles y creativas, donde cada niño pueda aprender a su ritmo sin quedar relegado.
La historia personal de Gloria explica, de alguna manera, su forma de enseñar. Hija de cosecheros, creció en una familia que se desplazaba de campo en campo durante las épocas de trabajo. Esa infancia marcada por el desarraigo y el esfuerzo la preparó para enfrentar la adversidad y le permitió desarrollar una mirada empática hacia quienes viven situaciones similares. Ella también fue alumna rural, por lo que conoce muy bien las carencias y las posibilidades de estas escuelas. Además, los valores de solidaridad y compromiso que heredó de sus padres hoy se reflejan en cada decisión pedagógica que toma.
Gloria no se resigna a las limitaciones materiales y por eso no se cansa de impulsar proyectos que buscan ampliar los horizontes de sus alumnos. Uno de los más reconocidos es La biblioteca en mi casa, una iniciativa mediante la cual construyó junto a las familias una biblioteca en cada hogar. De este modo, los libros dejaron de ser un objeto extraño y pasaron a formar parte de la vida cotidiana de los estudiantes. El proyecto fue distinguido a nivel nacional como una buena práctica docente y se convirtió en un ejemplo de cómo fomentar la lectura y el pensamiento crítico desde edades tempranas.
La tecnología también ocupa un lugar importante en su propuesta educativa. Gracias al acceso a internet satelital, los alumnos utilizan plataformas virtuales y dispositivos como computadoras, tablets y celulares. Esta integración permite reducir el aislamiento y acercar a los niños a herramientas que, casi siempre, están reservadas para zonas urbanas. Pero el uso de tecnología convive con el cuidado por la lectura, la escritura y el trabajo entre todos, en un equilibrio que busca fortalecer aprendizajes duraderos.
La docente recorrió los parajes uno por uno para escolarizar a todos los niños y logró que ninguno quedara fuera del sistema educativo. Además, gestionó acuerdos con organizaciones y donantes para conseguir becas destinadas a sus quince alumnos actuales y a otros 35 estudiantes que viven en Taco Pozo. También organizó viajes educativos, como una visita a la ciudad de Resistencia, que fue la primera salida de muchos niños fuera del paraje y una experiencia que amplió su mirada sobre el mundo.
La nominación al Global Teacher Prize 2026 fue recibida con orgullo por la docente, sus alumnos y toda la comunidad. El premio, impulsado por la Fundación Varkey junto a la Unesco y dotado con un millón de dólares, reconoce a educadores que realizan aportes destacados y visibiliza el rol fundamental de la docencia. Para Cisneros, este reconocimiento pone en valor el trabajo de los maestros rurales y demuestra que desde lugares pequeños también se construyen proyectos capaces de cambiar vidas.
Mientras espera la decisión final de la Academia del Global Teacher Prize, que se anunciará en Dubái en febrero de 2026, Gloria Cisneros continúa con su labor diaria. Aprovecha cada espacio para pedir ayuda en forma de ropa, calzado y alimentos, especialmente frutas, para sus estudiantes. Su historia muestra que la educación rural, cuando se sostiene con compromiso y creatividad, puede abrir caminos y transformar vidas.
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