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Yacimiento petrolero en el Atlántico Sur

La decisión de dos empresas extranjeras de avanzar con fuertes inversiones para explotar un yacimiento petrolero en el Atlántico Sur volvió a poner la lupa sobre un asunto de alta sensibilidad política y económica para la Argentina. Se trata de la británica Rockhopper Exploration y la israelí Navitas Petroleum, compañías que ya fueron sancionadas por el Estado argentino por operar sin autorización en áreas consideradas parte de la plataforma continental nacional. A pesar de ese antecedente, ambas firmas anunciaron una decisión final de inversión destinada a desarrollar el yacimiento Sea Lion, ubicado a unos 220 kilómetros de las Islas Malvinas.

Descubierto en 2010, Sea Lion es uno de los reservorios de hidrocarburos más importantes del Atlántico Sur. Las estimaciones sobre su potencial varían según las fuentes, aunque algunas proyecciones mencionan la posibilidad de extraer cientos de millones de barriles de petróleo, con cifras que llegan a superar los 800 millones. Navitas comunicó a la Bolsa de Tel Aviv que planea invertir alrededor de 1.170 millones de dólares en la primera etapa del desarrollo, una suma que muestra la magnitud de la apuesta empresarial.

La plataforma se encuentra frente a las costas de la provincia de Santa Cruz, en una línea que coincide con ciudades como Puerto Deseado, Puerto San Julián y Puerto Santa Cruz. Esa área forma parte de la plataforma continental argentina y por eso cualquier actividad de exploración o explotación requiere la autorización expresa de las autoridades nacionales.
La Cancillería argentina reaccionó con un comunicado de fuerte tono político y jurídico, donde expresó su rechazo a la decisión de inversión anunciada por Rockhopper y Navitas, a las que calificó como licenciatarias ilegítimas. El Gobierno nacional sostuvo que la iniciativa carece de validez legal y recordó que las leyes 26.659 y 26.915 prohíben de manera explícita la exploración y explotación de hidrocarburos en la plataforma continental argentina sin autorización previa. Además, advirtió que todos los actos vinculados al avance del proyecto son considerados nulos.

El pronunciamiento oficial también remarcó que ambas empresas ya fueron sancionadas en años anteriores. Rockhopper Exploration fue declarada clandestina en 2012 y se le impuso una inhabilitación para operar en la Argentina por un plazo de 20 años. Navitas Petroleum recibió sanciones equivalentes en 2022 por desarrollar actividades hidrocarburíferas sin habilitación. Para el Gobierno nacional, estos antecedentes agravan la situación y refuerzan la advertencia a otras firmas que puedan participar directa o indirectamente del emprendimiento.

En el plano internacional, la Cancillería subrayó que la explotación unilateral de recursos naturales en áreas bajo disputa de soberanía contradice resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas y decisiones del Comité Especial de Descolonización. Según la posición argentina, este tipo de iniciativas altera la situación existente mientras se mantiene abierto el llamado al diálogo entre las partes. Por esa razón, se anticipó que quienes faciliten o intervengan en las actividades anunciadas podrían enfrentar medidas administrativas y judiciales tanto a nivel nacional como en otras jurisdicciones.

El proyecto Sea Lion es visto por el Reino Unido y por la administración isleña como una oportunidad para transformar la economía de las Malvinas. Estudios citados en medios británicos sostienen que el yacimiento podría aportar miles de millones de dólares al producto interno a lo largo de su vida útil y generar ingresos fiscales muy superiores a los actuales. En un territorio con una población reducida y una economía basada en la pesca, la cría de ovejas y el turismo, el impacto potencial del petróleo resulta evidente.

Desde el Gobierno nacional y desde la provincia de Tierra del Fuego se denunció que se trata de un saqueo de recursos naturales pertenecientes a todos los argentinos. Funcionarios provinciales de Tierra del Fuego reclamaron avanzar más allá de las declaraciones diplomáticas y activar sanciones penales y administrativas contra los directivos y las empresas involucradas.

La decisión ilegal de Rockhopper y Navitas profundiza un escenario de tensión que combina intereses energéticos, disputas jurídicas y el reclamo histórico de soberanía argentina. Mientras las compañías buscan capitalizar un yacimiento de enorme valor, nuestro país reafirma su postura de no reconocer jurisdicción alguna que no sea la propia en esas áreas del Atlántico Sur y anticipa que utilizará todas las herramientas del derecho internacional para defender lo que considera sus derechos soberanos, como lo establece la Constitución Nacional, que consagra el objetivo permanente e irrenunciable de recuperar el ejercicio pleno de la soberanía argentina sobre Malvinas.

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