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Opinión

Sobre la nueva ley en favor de iglesias evangélicas

Finalmente, el martes 2 de diciembre se aprobó la Ley 4203-C; norma que crea un registro provincial y reconoce como personas jurídicas privadas a las entidades religiosas no católicas del Chaco. Es una noticia muy esperada por las iglesias evangélicas del país en general, y de manera particular, por las entidades chaqueñas, que solo podían funcionar como asociaciones civiles o fundaciones. Y como suele ocurrir en otras ocasiones, en el marco de este reconocimiento, se levantaron voces a favor y en contra de la medida.

Claridad para quienes desconocen

Creemos que es necesario llevar claridad a quienes se manifestaron en contra, porque la mayoría lo asocia con una especie de blanqueo al nunca bien ponderado "diezmo", con el que los miembros contribuyen a la iglesia. 

La claridad no proviene de nosotros, sino de las Sagradas Escrituras, cuyo texto incluye las instrucciones acerca del sostenimiento de las congregaciones. Trataremos de exponerlo en el idioma de la calle para que su interpretación sea más fácil.

El diezmo fue creado por Dios, no por los pastores. En un principio –antes del cristianismo– existía un solo pueblo gobernado por el Creador y se llamó Israel. Estaba formado o integrado por doce tribus y solo una de ellas, la de los Levitas, fue designada para que por medio de personal capacitado, se haga cargo de todas las actividades sagradas del pueblo, y que el resto de las tribus desarrollara sus actividades de manera normal.

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Actividades sagradas

Para cubrir las necesidades que demandaba el desarrollo de las actividades sagradas, Dios dispuso que de las 12 tribus, 11 de ellas sostengan a la tribu de los Levitas con el 10% de sus ingresos; y determinó que estos sirvieran a lo sagrado y, en lugar de recibir una herencia de tierra como las otras tribus, fueran sostenidos por los diezmos y ofrendas del resto. Y así funcionó hasta la llegada de Jesús con la iglesia.

 Al respecto de esta instrumentación divina sin términos existen por lo menos dos pensamientos dentro de la iglesia, y un tercero fuera de ella. El primero indica que el diezmo fue solo para los Levitas y se terminó con ellos; el segundo afirma que se extiende también para que lo reciban los que se ocupan de las tareas sagradas en la iglesia. Y el tercero –fuera de la iglesia– afirma que es un robo a los feligreses.

Ahora bien, antes o después, los que se encargan de predicar el evangelio de Cristo también necesitan dinero para sobrevivir como cualquier otra persona, entonces ¿De dónde saldrá el dinero para ellos? Al respecto, y a manera de metáfora, el texto bíblico sella un mandato con la frase: "No pondrás bozal al buey que trilla"; lo que significa que los trabajadores merecen su salario y sustento por su labor. Este principio sin término se encuentra en la Biblia, para aplicarlo a los líderes y ministros espirituales que se ocupan de lo sagrado. 

No es un invento de los hombres

El diezmo y las ofrendas no son un invento de los hombres, sino de Dios mismo. Por eso es muy importante, antes de opinar, conocer el principio de las cosas. También es cierto que existen aquellos que, aprovechándose de la ignorancia de la gente, utilizan esos ingresos para enriquecerse personalmente como vulgares delincuentes, como ocurre en cualquier otra actividad del mundo; pero eso no debería tapar su correcto uso en la iglesia. 

En una iglesia bien gestionada no es el pastor quien maneja los recursos, sino un grupo de miembros elegidos por la congregación para administrarlos y con ellos solventar los gastos que se originan, como por ejemplo designar una ayuda para el pastor, sostener económicamente a los misioneros que predican en el extranjero, y a nivel local, pagar servicios, equipamientos varios, movilidad y combustibles, mantenimiento del edificio; ya que, como corresponde, no se percibe ninguna ayuda del Estado. Porque cuando la iglesia se acerca al Estado, la que pierde es la fe.

Como conclusión, esta nueva ley no se involucra en términos económicos, sino que facilita la transparencia de la gestión. Por otro lado, en cuanto a la otra cuestión, no podemos dejar de recordar que Dios ama al dador alegre, ya que está escrito que mejor es dar, que recibir.

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