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La geopolítica impulsa el gasto militar mundial

El gasto militar global alcanzó un nivel sin precedentes, según los datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI). Con un desembolso total de US$ 2.718 billones, equivalente al 2,5 % del PBI mundial, el mundo registró en 2024 un incremento interanual del 9,4 %, el incremento más pronunciado desde el final de la Guerra Fría. Este aumento representa el décimo año consecutivo de crecimiento y confirma una tendencia desde 2015, en la que los gobiernos de muchos países están priorizando la inversión en defensa frente a un entorno geopolítico cada vez más inestable.

Aunque el aumento del gasto se dio en todas las regiones, SIPRI destaca que Europa y Oriente Medio concentraron los incrementos más importantes. Esta distribución geográfica revela la influencia decisiva de conflictos activos, tensiones regionales y nuevas dinámicas de competencia entre grandes potencias.

En Europa, por ejemplo, el gasto militar alcanzó 693 mil millones de dólares, un salto del 17 % respecto al año anterior, superando incluso el nivel registrado al terminar la Guerra Fría. Un factor determinante fue la guerra en Ucrania, que llevó a Rusia a elevar su presupuesto militar un 38 %, hasta los 149 mil millones de dólares. Países europeos miembros de la OTAN también registraron aumentos históricos. Alemania incrementó su gasto en un 28 %, mientras que Polonia lo hizo en un 31 %, lo que muestra la preocupación por la seguridad regional.

En Oriente Medio, el gasto militar alcanzó los 243 mil millones de dólares, creciendo un 15 % interanual. Dentro de esta cifra resalta un aumento excepcional, en el caso de Israel, que incrementó su gasto en un 65 %, el mayor incremento anual desde 1967. Este salto está estrechamente relacionado con el deterioro de la seguridad regional y con los conflictos que siguen intensificando la inestabilidad en el área.

China, el segundo país con mayor gasto militar, aumentó su presupuesto un 7 %, alcanzando los 314 mil millones de dólares y sumando tres décadas consecutivas de crecimiento. Japón, por su parte, registró un aumento del 21 %, el mayor en más de siete décadas, en respuesta a la creciente tensión en el Indo-Pacífico y a las disputas territoriales en el Mar Meridional de China. Estos incrementos se reflejan en la concentración del gasto, es decir, los cinco países con los presupuestos más altos —Estados Unidos, China, Rusia, Alemania e India— representan juntos cerca del 60 % del total mundial. Esta fuerte concentración demuestra que las principales potencias están liderando la escalada, impulsando una dinámica que podría acercar al sistema internacional a una nueva carrera armamentista global.

En paralelo al aumento del gasto convencional, SIPRI advierte sobre un retroceso preocupante en la reducción de arsenales nucleares. Para enero de 2025, el inventario global se estimó en 12.241 ojivas, y prácticamente todos los estados con armas nucleares están inmersos en programas intensivos de modernización, introduciendo nuevas capacidades y tecnologías avanzadas. El ritmo de desmantelamiento, tradicionalmente impulsado por Rusia y Estados Unidos, se está desacelerando, al tiempo que aumenta el despliegue efectivo de nuevas armas.

En el caso de China, desde 2023 añade unas 100 ojivas por año, y podría alcanzar hacia el final de la década un número de misiles balísticos intercontinentales comparable al de Estados Unidos o Rusia. Este crecimiento redefine el equilibrio estratégico global y eleva los riesgos de una competencia nuclear más intensa.

A este panorama se suman las carreras tecnológicas armamentistas, que añaden nuevas capas de complejidad y riesgo. El desarrollo de armas hipersónicas, liderado por Rusia y China, está transformando las capacidades militares contemporáneas. Estos misiles, extremadamente veloces y maniobrables, pueden superar sistemas de defensa convencionales y portar ojivas nucleares, reduciendo drásticamente el tiempo de reacción y aumentando el potencial de errores de cálculo.

La inteligencia artificial (IA) es otro eje crítico. Tanto Estados Unidos como China compiten por integrar IA en sus estructuras militares, desde la toma de decisiones hasta la operación de sistemas autónomos. Esta aceleración tecnológica genera nuevos riesgos: automatización de procesos sensibles, mayor velocidad de escalada en situaciones de crisis y posibilidad de fallos técnicos que deriven en conflictos no intencionados.

Lo que se observa a nivel global es la configuración de una arquitectura de seguridad más volátil, en la que confluyen conflictos, modernización nuclear acelerada y carreras tecnológicas de consecuencias imprevisibles. El desafío para los gobiernos y organismos internacionales será revertir esta tendencia antes de que desemboque en una espiral de inseguridad con costos económicos, sociales y humanitarios aún mayores.

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