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Vacunas y geopolítica

La pandemia de Covid-19 y, ligado con ella, las posibilidades de acceso a la vacuna contra el virus, dejó en evidencia el escaso interés de las naciones más poderosas en promover la cooperación internacional para luchar contra la emergencia sanitaria. Aunque se sabe que la mejor manera de terminar con la amenaza es el reparto equitativo de las dosis a escala global, la realidad es otra: los países con más recursos acaparan más de un 99 por ciento de las dosis de la vacuna.

Según un informe de la organización Médicos Sin Fronteras, de un total de más de 27,2
millones de dosis de vacunas contra el Covid-19 entregadas hasta ahora, los países con
más recursos acumulan casi 27 millones (un 99,3 por ciento), mientras que los estados de
ingresos medios solo han recibido unas 250.000 dosis (un 0,0009 por ciento) y los países
en vías de desarrollo, ninguna.

De esta manera, algunos expertos advierten que si esa brecha se mantiene, lamentablemente,
la derrota del virus demandará más meses y la recuperación de las economías también.
Si bien debe reconocerse que la producción y distribución de vacunas lleva su tiempo
debido fundamentalmente a un sinnúmero de dificultades operativas, en particular las
logísticas, sería ingenuo desconocer la fuerte puja geopolítica que tiene lugar tras bambalinas.

“Estamos en una lógica de economía de guerra, para la que pocos países estaban
preparados. Y si bien es cierto que la vacunación es un bien público en la medida en que
cada vacunado protege también a los demás, la traducción operativa de esta observación,
en particular en los países en desarrollo, añade dificultades a las dificultades”, observó
Thierry de Montbrial, presidente del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, el
centro de investigación y debate dedicado al análisis de temas globales que es considerado
uno de los más influyentes en Europa.

La perspectiva de Montbrial, por cierto, es una perspectiva europea. Y es lógico que así sea.
La puja de los países (que pueden) acceder a dosis de la vacuna contra el Covid-19 se
enmarca así en la primera gran batalla geopolítica de este siglo. Con ese escenario internacional de fondo, a la Argentina y los demás países de la región no les queda mucho margen para escapar de las reglas de juego que imponen quienes mandan en el sistema internacional.

El realismo periférico se volvió a imponer sobre América Latina y las demás regiones
postergadas del mundo mostrando una vez más que la rígida estructura jerárquica del
orden internacional no existe sólo en los artículos académicos. No es para nada casual,
entonces, que -como advirtió Médicos Sin Fronteras- los países con más recursos se hayan
quedado con más de un 99 por ciento de las dosis de la vacuna contra el Covid-19.

Hay quienes, en nuestro país, aseguran que cualquier análisis que se haga de la opción
de Argentina por la vacuna Sputnik V debe leerse en el marco de esa batalla geopolítica
global. Y el fracaso de las negociaciones con la farmacéutica estadounidense Pfizer también,
aunque se dijo que el país no quiso aceptar las exigencias contractuales relativas a la
exención de responsabilidades que planteaba el laboratorio.

“La pandemia es una prueba clara de cooperación internacional, una prueba en la que
esencialmente hemos fracasado”, reconoció el secretario general de las Naciones Unidas,
el portugués Antonio Guterres, en septiembre del año pasado en un un debate del Consejo
de Seguridad de la ONU sobre la crisis global que desató la irrupción del coronavirus. En
esa oportunidad también advirtió que la magnitud y gravedad alcanzada por la crisis del
Covid-19 es el resultado de “una falta de preparación, cooperación, unidad y solidaridad
global”, para concluir luego que “la pandemia es una crisis en sí misma que tiene lugar en
un contexto de altas tensiones geopolíticas”.

Si, como aseguran distintos científicos, ésta no será la última pandemia que pondrá en
jaque a los sistemas de salud y a las economías, habrá que estar preparados para hacer
frente a los desafíos que impondrá el futuro. Será necesario pensar soluciones desde ese
escaso margen que dejan los países más poderosos. Y habrá que hacerlo con iniciativas y
propuestas innovadoras para la prevención de enfermedades, incluso en provincias como
la nuestra que, en muchos aspectos, forma parte de una periferia alejada de los intereses
vitales de las potencias centrales.

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