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Resistencia, 90 años atrás: la ciudad que fuimos

A comienzos de la década del 30, la capital del Territorio Nacional del Chaco era una ciudad en plena transformación. El entramado de rutas ya permitía la comunicación con los pueblos del interior y con las provincias vecinas, y el camino hacia el puerto de Barranqueras —unos ocho kilómetros— estaba pavimentado. Por él se accedía sin dificultades a los servicios de balsa y vapores que cruzaban el Paraná rumbo a Corrientes. Las calles céntricas de Resistencia también comenzaban a cubrirse de pavimento, gracias a la tarea de la firma Moretti, Tomatis y Cía., responsable de las primeras obras en la urbe.

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La vida educativa crecía en instituciones que marcaron época: la Escuela Normal Mixta "Sarmiento", el Colegio Nacional "José M. Paz", la Universidad Popular, la Escuela Nacional de Artes y Oficios —más tarde convertida en la Escuela Industrial "General Manuel Belgrano"— y el colegio religioso "Nuestra Señora de Itatí". A ello se sumaban quince escuelas primarias que atendían a una juventud que expandía la demanda de formación en una ciudad en ascenso.

Los servicios públicos acompañaban ese crecimiento con adelantos modernos para la época: alumbrado eléctrico, agua corriente, telefonía que enlazaba a Resistencia con la Capital Federal, las provincias y también con Paraguay y Uruguay. Por entonces, la ciudad tenía alrededor de 800 negocios patentados en rubros diversos, que prosperaban gracias al intenso movimiento comercial y a precios accesibles para un público numeroso.

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La década fue pródiga en actividad industrial: fábricas de aceites, desmotadoras de algodón, molinos yerbateros, plantas de tanino, fábricas de pastas, mosaicos y calzado conformaban un tejido productivo robusto. La prensa acompañaba este dinamismo con tres diarios —La Voz del Chaco, El Territorio y El Día—, varios semanarios y cuatro revistas culturales. La presencia de LT5 Radio Chaco, que se promocionaba como "una avanzada de progreso en el Norte argentino", completaba el paisaje informativo.

El crecimiento poblacional era vertiginoso. En 1934, el Territorio Nacional del Chaco alcanzaba los 214.160 habitantes, cifra que trepó a 312.874 apenas dos años después, y que llegó a los 360.000 en 1940. Resistencia acompañaba ese salto: de 14.000 habitantes en 1914 pasó a 31.775 en 1934 y a 70.000 en 1940.

La vida cotidiana se movía al ritmo de una ciudad que demandaba más y se daba el gusto de ofrecer opciones culturales y recreativas. Contaba con dos teatros —el SEP y el Argentino—, un cine cerrado, el "Ideal", y un cine al aire libre, el "Plaza". En verano, la concurrencia se trasladaba al balneario municipal del Río Negro y al Club de Regatas Resistencia. También existía el Aero Club Chaco, signo de una época que miraba al cielo como símbolo de progreso.

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La vida social se organizaba en numerosas asociaciones: Alianza Francesa, Asociación del Magisterio, Centro Patria y Cultura, Centro Paraguayo, Club del Progreso, Club Social, Peña Ibérica, Rotary Club, así como las sociedades Israelita, Libanesa, Italiana y Alemana. La escena deportiva era igual de intensa, con instituciones emblemáticas como Hindú Club y Villa San Martín en básquet, el Chaco Tenis Club, Tiro Federal, la Federación Chaqueña de Fútbol, la Federación Atlética, los clubes Regatas, Náutico Barranqueras, Sarmiento, Regional, Chaco For Ever, Central Norte y el histórico Club Pedestre "A. Barucco".

Los bares eran mucho más que un punto de encuentro: eran mesas de planificación, negocios conversados, amistades tejidas y decisiones importantes. Entre los más recordados se encontraban el Argentino, Colón, Continental, Del Correo, De los Bancos, Derby, Internacional, Japonés, Múnich, 9 de Julio, Plaza, Savoy, SEP, Olimpo y tantos otros que animaban la vida urbana.

El corazón de la ciudad era —y sigue siendo— la gran plaza central de cuatro manzanas, orgullo de los resistencianos. Sus jardines floridos, las canteras cuidadas y los árboles nativos conformaban un paisaje singular, coronado por una fuente con peces y tortugas. Allí funcionaba la glorieta donde la Banda Municipal ofrecía música clásica y popular en tardes de paseo. A pocos metros, la estatua del gobernador Antonio Donovan y, sobre calle Güemes, la emblemática Loba Romana completaban el circuito simbólico. Tres plazas menores se distribuían en la trama urbana, a las que luego se sumaría la Plaza España, instalada en terrenos que pertenecieron al Club Chaco For Ever.

Desde la cultura, la ciudad encontraba voces propias. Nombres como José Mayor, Juan de Dios Mena, Crisanto Domínguez, Gaspar L. Benevento, Rafael Galíndez, Alfredo Pértile o Juan R. Lestani daban forma a un movimiento intelectual que empezaba a tomar cuerpo. En 1937, en el restaurante "Chanta Cuatro", surgió la legendaria "Peña de los Bagres", y el 30 de agosto de 1938, en el Hotel Savoy, quedó formalmente instituido el "Ateneo del Chaco". Aquella fecha sería recordada como el Día de la Cultura del Chaco, el inicio de un imaginario que aún sostiene a la identidad cultural de la provincia.

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