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El vaciamiento del ANLIS-Malbrán 

Es el principal organismo de referencia en microbiología, vigilancia de enfermedades infecciosas y laboratorios de alta complejidad de la Argentina; su desfinanciamiento tiene impacto directo en la capacidad del país para detectar brotes, caracterizar patógenos y sostener programas de salud pública.

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   Bajo el gobierno de Javier Milei se combinan recortes de personal, caída presupuestaria y reestructuraciones que, según sus trabajadores, configuran un proceso de vaciamiento progresivo del organismo.

   La junta interna de ATE ANLIS‑Malbrán advirtió en octubre de 2025 que el organismo se encuentra en "serio riesgo" para desarrollar normalmente sus actividades científico–sanitarias debido al ajuste aplicado por el gobierno nacional. En un comunicado, los trabajadores denunciaron recortes salariales del orden del 45%, un ajuste presupuestario del 26% y una reducción del personal de aproximadamente el 15%, con pérdida de profesionales altamente calificados formados dentro de la institución.

   Estos recortes se dan en paralelo a una política más amplia de despidos y no renovación de contratos en el Ministerio de Salud: en enero de 2025 se anunció la baja de 1.400 puestos en el área, alcanzando a organismos como ANLIS‑Malbrán, el Instituto Nacional del Cáncer, hospitales nacionales y ANMAT, entre otros. Diversas notas sindicales y periodísticas subrayan que en Malbrán "cada mes queda menos personal", lo que tensiona guardias, vigilancia de laboratorio y tareas de referencia para las provincias.

Rol histórico y función estratégica 

   Aunque ANLIS como administración nacional fue creada formalmente en 1996, su núcleo histórico es el antiguo Instituto Bacteriológico, luego Instituto Malbrán, fundado en 1893 como uno de los primeros centros de bacteriología y salud pública del país. A lo largo de más de un siglo se consolidó como referente en diagnóstico de alta complejidad, vigilancia de virus respiratorios, arbovirus, enfermedades zoonóticas, resistencia antimicrobiana y producción de insumos y antígenos para programas nacionales.

   En la pandemia de COVID‑19 el Malbrán fue clave para montar la red de diagnóstico molecular, secuenciar las primeras variantes que circularon en el país y articular con laboratorios provinciales y académicos. Estudios recientes en revistas internacionales destacan a ANLIS como actor central en vigilancia "Una Salud", por ejemplo en la detección y caracterización de Streptococcus suis y otros patógenos emergentes compartidos entre humanos y animales.

Antecedentes: "5% de insumos"

  La situación de fragilidad del Malbrán no empezó con Milei: en 2018 ya se denunciaban fuertes restricciones de insumos y presupuesto. En ese contexto, la jefa del Servicio de Neurovirosis, María Cecilia Freire, hoy también referente gremial, señalaba que estaban trabajando "con lo que quedó de años anteriores" y contaban con alrededor del 5% de los insumos necesarios para cumplir adecuadamente sus funciones, lo que obligaba a priorizar muestras y retrasar estudios.

   Ese antecedente muestra que el organismo venía "corriendo al límite" desde antes, sosteniéndose en gran parte por la vocación del personal y la cooperación internacional, por lo que nuevos recortes sobre una base ya debilitada agravan de manera acumulativa el riesgo sobre sus capacidades esenciales. En informes de centros de política científica se subraya que desde diciembre de 2023 se han perdido más de 4.000 empleos en el sistema científico argentino, lo que incluye institutos de salud y agrava la fuga de recursos humanos especializados.

La "motosierra" en salud

   El ajuste sobre ANLIS‑Malbrán se inscribe en un proceso más general de cierre, fusión o "reforma" de organismos estatales: para mediados de 2025 ya se contabilizaban alrededor de 100 organismos cerrados o reorganizados por el gobierno, incluyendo la disolución del Instituto Nacional de Medicina Tropical dentro de ANLIS. En el discurso oficial, estas medidas se justifican como "reorganización para evitar duplicidades" y "optimización de recursos humanos", mientras se insiste en que no afectarían el normal funcionamiento de la cartera sanitaria.

   Sindicatos, asociaciones científicas y especialistas en salud pública sostienen lo contrario: hablan de "desmantelamiento del sistema de salud" y de un intento de convertir al Ministerio de Salud y a sus organismos técnicos en "cáscaras vacías", sin capacidad real de planificación, vigilancia ni intervención. En el caso específico del Malbrán, la combinación de pérdida de personal, salarios depreciados, menos presupuesto operativo y reestructuraciones sin planificación amenaza directamente la capacidad de respuesta ante brotes de dengue, gripe, virus respiratorios, zoonosis y futuras emergencias pandémicas.

   ANLIS‑Malbrán es el nodo argentino de múltiples redes regionales e internacionales de vigilancia epidemiológica, incluidas las coordinadas por OPS/OMS. Su debilitamiento no solo deja al país con menos margen para detectar a tiempo virus emergentes como H5N1, nuevos coronavirus o arbovirus, sino que también resta datos y capacidades a la vigilancia global en un momento en que expertos alertan sobre la fragmentación del sistema mundial de alerta temprana.

   En términos políticos y estratégicos, la situación del Malbrán condensa dos planos: por un lado, el impacto inmediato sobre diagnósticos, control de brotes y soporte técnico a las provincias; por otro, la erosión de un capital científico construido a lo largo de más de un siglo, difícil de reconstruir una vez que laboratorios se vacían y equipos de trabajo se dispersan. Para quienes trabajan en microbiología y enfermedades infecciosas, este vaciamiento es leído como una vulnerabilización deliberada de la capacidad del Estado para enfrentar las mismas amenazas infecciosas emergentes frente a las que la comunidad científica viene pidiendo "no bajar la guardia".

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